domingo, 17 de mayo de 2009
Dieciocho
martes, 24 de marzo de 2009
Plagios, mentiras y semanas sin follar
Ése iba a ser el principio del último post que me andaba por la cabeza, hasta que leí el de David y decidí que no podía empezar casi de la misma manera en la misma semana. Hoy, mientras iba acompañada de una casualidad de las mías, me lo he encontrado en la plaza de la Paja y le he contado la coincidencia. Me ha mirado divertido y ha dicho plágiame. Eso me ha dicho, que le plagiara, y eso hago: mantener la frase que tenía en la cabeza a la vez que él.
Quizás realmente haga tiempo que él no folle, puede que incluso yo también lleve semanas sin follar, pero eso de lo de menos. Lo que cuenta es que los dos teníamos la misma frase en la cabeza, que hoy me ha dado permiso con su acento gallego para contar mi historia de no-sexo y que la primavera nos hace pensar en si follamos o no follamos, o si follamos y bien, gracias, o si follamos esperando mejorar nuestra vida sentimental.
Lo que iba a contaros es que hace tres semanas que no follo -en caso de que algo de lo que cuente aquí sea verdad- y que eso me crea aprensión.
Contando que esta vida que aquí os cuento sea una vida y no un invento, hace tres semanas que no follo porque la agenda se me acabó. Repasé los años que os contaba el otro día y me tiré a gran parte de mi calendario personal; el que es como un biólogo se recluyó en esa casa que nunca conocí y el que jamás se quedaba a dormir cerró nuestra historia-segunda-parte delante de un big mac sin pepinillo, diciendo que no quería confundir los términos y que a mí empezaban a brillarme demasiado los ojos. Resulta que come basura, pero es sensible. Los demás encuentran excusas como puños cada vez que me llaman.
Hace un par de meses conocí a unos chicos encantadores con los que salgo a menudo. Realmente encantadores, tanto que me da como pena tirármelos. Sí, como pena, pena de esa que hace que no abras una caja de bombones porque queda bien en la mesa y, claro, la perfección intacta sobre el aparador siempre hace bonito.
Ahora resulta que con el beneplácito de David ya puedo contaros esa historia de que cada vez follo menos, pero ya no quiero, porque resulta que empiezo a tener sueño y ganas de contaros que hoy me dije que me aburría y que tenía que pasarme algo y no sé si pasó algo pero, desde luego, algo pasó.
Otro día, quizás, os cuente esa otra mentira.
miércoles, 25 de febrero de 2009
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jueves, 12 de febrero de 2009
Amigos y amantes
Los amantes tienen que ser livianos como la primera tarde juntos, deben pasar de puntillas por tu espalda estremecida y amortiguar cada gemido con la inicial desconfianza.
Su mirada ha de ser desconcertante, para que nunca podamos adivinarles. Los amantes viven en mundos mágicos de los que poco se sabe. Los amantes son gatos huidizos en lugar de perros fieles.
Los amantes deben tener siempre la piel tibia y cicatrices en algún lugar extraño. Tienen que tener manos rápidas y besarte a medias. Los amantes no explican, cuentan historias ligeras. Los amantes saben a té oriental de fondo amargo, como de cardamomo.
Los amantes son un baño en un mar frío en el que paralizarte y perderte. Los amantes convierten las camas en lechos de nieve donde estremecerse hasta olvidar el sentido de la realidad. Los amantes te transportan con su tibieza a un país donde siempre es invierno.
Los amantes son amantes cuando, a la mañana siguiente, los sientes enredados en tu pelo, dormidos en tu estómago, y te das cuenta de ese sabor a sal en los labios, ese regusto a hierro en el paladar.
lunes, 6 de octubre de 2008
Sosa cáustica
Me llevé aquel kilo de preparado del que sólo iba a necesitar una cucharada y pude leer con asombro que la sosa cáustica también sirve para preparar aceitunas, algo que me hizo sentir un escalofrío: lo que va a cargarse el submundo de mi plato de ducha me lo trago con las olivas que ponen cuando pido una clara en La Latina.
El caso es que esta mañana cogí un destornillador para desenroscar -con bastante dificultad- la cosa ésa metálica y vertí diligentemente y con poca fe la sosa cáustica en el sumidero. Cuando me duché no me lo podía creer: mi ducha había vuelto a ser una ducha sin características piscinales.
Quedé tan contenta del resultado que llené otro tapón con la sosa y me lo acerqué a los labios -al fin y al cabo, he comido muchas aceitunas en mi vida-, pero lo pensé mejor y añadí unos chorritos de: crema anticelulítica, crema antiestrías, crema de día, crema de noche, crema de cuerpo, colágeno para el pelo, exfoliante, contorno de ojos y enjuague bucal. Entonces sí, abrí la boca y me tragué la fórmula improvisada.
Cuando me di cuenta de que la ingesta del producto estaba contraindicada, llamé al 112. En el hospital consideraron que estoy perfectamente y que no necesito lavado de estómago. Al parecer la sosa cáustica me ha desatascado, tal y como pretendía, y ahora soy una persona nueva de aspecto radiante y sin celulitis en el culo. El único problema es que no sé que hacer con tanta claridad en la laringe y unas tetas tan turgentes y echo de menos el atasco interno de ayer y anteayer, etc. Una le coge cariño a sus fantasmas y a su piel de naranja.
En fin, da igual; ahora que ya he descubierto cómo combatirlos y que sé que me quedan 973 gramos de sosa cáustica en la cocina, pueden volver cuando quieran. Ya no les temo.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Impar
Podría intentar describir la sensación que me ha producido el que Carlos hace un rato me haya dicho que me veía de muy buen humor y que se notaba que estaba especialmente bien, pero también podría dejar esto en blanco e irme a la cama a disfrutar del otoño bajo el peso el edredón.
Me fastidia haber perdido el hábito y no escribir tanto como hace unos meses; me jode mucho saber que este post carecerá del comentario del comentarista que (casi) siempre comenta y más me jode el porqué de esa ausencia (temporal). Este post va a quedar desordenado y me da igual: una no puede seguir siempre un hilo inexistente, máxime cuando la maraña es voluntaria.
He cocinado por primera vez cebolla caramelizada. Me ha dado rabia no haber descubierto antes lo fácil que es hacer algo tan rico. Es como cuando eres feliz y te dices: "si no costaba tanto". La felicidad es un estado de ánimo, un día concreto, una hora determinada. A mí me hace feliz cocinar para mis amigos o comer queso. Ir al mercado a comprar aguacates y setas y que me regalen el perejil. Sé que eso no es la felicidad, pero se le debe de parecer bastante.
Me resulta extraño ser el número impar en todas las citas de últimamente, ese maldito 3 o 5 o 9 que sumo junto a esa pareja o esas dos parejas o esas cuatro parejas. Soy el número asonante que no rima con nada, si no de qué iba a mantenerme siempre impar. Si no de qué iba a estar yo aquí un viernes por la noche, vestida con un vestido raro de color negro lleno de pelos de amor de gata impar a su dueña impar.
Definitivamente, me voy a la cama de plazas pares a soñar sueños de rima fácil y a crear versos de estilo libre y a dejar que mi gata me clave ligeramente las uñas mientras duerme y a oír en mi cabeza Hysteria. Lo de escribir cosas decentes para que ustedes entiendan algo, puede esperar.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Un pez rojo
Supongo que lo más absurdo de todo lo que me rodea soy yo en pijama mandando currículos por internet, respondiendo a cuestionarios sobre por qué soy la candidata idónea y qué me parece cobrar 15.000 euros brutos al año: pues una puta mierda, ¿qué me va a parecer?
lunes, 18 de agosto de 2008
La vida de los otros
miércoles, 16 de julio de 2008
Un día en mi pasado
martes, 15 de julio de 2008
Señales (sin puntos)
lunes, 14 de julio de 2008
Memoria selectiva
Las arañas son mi única fobia: su visión me paraliza, hace que me entren palpitaciones, sudores y que me ponga a llorar.
La memoria es un nido blanco de arañas negras.
Sin embargo, la memoria tiene su propia mente, una mente de mujer. La memoria selectiva, escoge qué recuerdos esconder y cuáles potenciar. La memoria selectiva, en teoría, está ahí para hacernos un favor, para ocultar entre la madeja los recuerdos que nos pueden hacer sufrir. La memoria selectiva no tiene en cuenta que ciertos recuerdos son útiles y necesarios para avanzar en la vida, para no golpearte dos -y tres y siete y venticuatro- veces con la misma piedra.
domingo, 13 de julio de 2008
Rata (una de tantas)
lunes, 30 de junio de 2008
Resiliencia
Yo, que soy de fuego, llevo tres días vomitando toda la lava que tenía dentro. Tres días de furia. Ahora ya no siento el fuego en mi interior; quedan en mí restos de madera quemada y cenizas de otros tiempos. El dolor que empezó siendo agudo, hoy sabe a vino viejo y rancio, a barrica de madera humedecida, a verano pringoso, a polvo.
No paro de borrar frases. Hoy soy pequeña, mi metro setenta y pico está por debajo de los árboles, de las personas que me encuentro en la breve calle que camino, de los coches, de las ratas. Mi voluntad está lejos de mis manos que sólo sirven para taparme los ojos en puños, de rabia.
Down in a hole and I don't know if I can be saved See my heart I decorate it like a grave Down in a hole, feelin' so small Down in a hole, losin' my soul I'd like to fly, But my wings have been so denied
martes, 24 de junio de 2008
Lo tácito y lo noble
jueves, 19 de junio de 2008
Princesas o putas
Yo no nací princesa pero siempre he tenido algo de princesita de cuento; tampoco nací puta, pero tengo una dentro, como toda –no escribiré el diplomático “casi”- mujer que se precie.
He jugado a ser fuerte y a llevar pantalones, a consolar con brazos largos y a abrazar con el cuerpo entero. He jugado a hacerte la cena cada noche, a complacerte, a “lo que tú quieras, como tú quieras”. Me he dedicado a consolarte y a reconfortarte en tus penas. He estado ahí, donde quiera que ahí sea.
Hemos ido “adonde tú quieras” y las indirectas sobre los viajes que nunca he hecho y deseo hacer se han quedado siempre en el mapa y en la agencia de viajes. He jugado a entenderlo y a esperar, cuando no lo comprendía aunque aguardara a ciegas, con vaga esperanza.
Me he cansado: te he dejado y he gritado. Tú no eres uno solo, eres varios, demasiados. Hoy no escribo desde la rabia sino desde el tiempo que todo lo cura, pero escribe una princesa. No nací princesa pero desde ayer lo voy a ser. No quiero ser reina, he dicho princesa. Me cansé de jugar a superwoman, me cansé de ser puta cuando me aburro del mundo.
No quiero ser la mujer de nadie, no quiero ser únicamente el lugar al que volver para el hombre de turno. No quiero mendigarte ni permitir que rellenes conmigo los huecos de tu tiempo. No quiero el aire que te sobra. No quiero ser tu siesta ni tu descanso, si no puedo ser también tu despertar y tu mañana. Quiero en mis manos tu risa y tus penas, ambas. Quiero recogerte cuando flojees para acariciarte el alma, pero no quiero ser sólo tu consuelo. Llórame para que te beba las lágrimas pero ríeme hasta dejarme sorda. No te olvides de compartir conmigo tus alegrías.
Quiero ser ángel y princesa, porque quiero cuidarte y dejar que me cuides, pero no voy a ser tu madre. Ni puta ni madre. Princesa, he dicho princesa. Princesa y ángel. Princesa, porque me he ganado ser princesa. Ángel, porque necesito cuidarte y sostener tu caída.
Ángel y princesa, intentaré repetírmelo continuamente, hasta que me quede claro, desde esta ingravidez en la que me encuentro, en este momento de ligera lucidez y de cálida tibieza. Estoy feliz: me sientan bien mi nuevo vestido de tul rosa y mi corona de flores blancas, mis zapatitos de cristal y mi alma en calma. Voy a ser princesa porque putas ya hay muchas. Y porque me da la gana.
lunes, 16 de junio de 2008
A cualquier lugar
¿Crees en las promesas? Son sólo palabras Yo creo en los actos El acercamiento Bésame si miento Dame tu saliva Vives mi deseo Siempre de escondidas Aquí la palabra En segundo plano Sientes el aroma Vida; escucha, mira Veo la salida Siempre afirmativa Caminaré ciego, porqué sé que miras Dime con tus dedos Que no habrá más peros Que siempre seremos Mientras nos toquemos Luz entre las ramas Seis de la mañana Llegan los colores Nacen las fragancias Dime esa palabra Que tus ojos cantan Como fluye el viento Como corre el agua Entre las montañas Bésame los labios Tócame la cara Que me tiembla el alma (...) No tengo a dónde ir, así que iré a cualquier lugar A cualquier lugar... porque no tengo a dónde ir...
Estas palabras hacen referencia al mundo sensorial en el que quiero instalar mi casa de verano, de este verano que hoy ha vuelto a deshacerse en agua y que no muestra ya violeta ni dorado. La música son las únicas palabras a las que hago caso últimamente. Las palabras ajenas sólo me sirven si se acompañan de gestos acompasados, miradas coherentes, caricias o mordiscos de rabia -la rabia de que se evapore el instante y se convierta en la misma lluvia que luego llueve sobre el corazón mojado-. Se me ha escapado un mordisco, ya no sé besar. Espero no haberte hecho daño.
domingo, 15 de junio de 2008
Paciencia
Creo en la paciencia. No creo en las palabras: las que se dibujan en mi cabeza sólo me cuentan mentiras, pero no me importa. Cada momento es mentira, cada instante es falso, es todo consecuencia de la borrachera emocional, del impulso corporal. Mi estado mental es consecuencia del violeta del oeste. Veo las nubes preñadas de una lluvia que no tienen intención de descargar: la noche seca, a salvo. Todo lo demás lo dudo. Lo dudo con una interrogación creciente. Está todo quieto, empezando por el sol que se queda plantado en el cielo de Madrid. Creo que las horas se han quedado calladas, pero la duda no me importa. Qué más da.
Qué más dan la ida y la venida. Qué más dan brazos enredados. Paciencia, paciencia, que el verano todo lo cuenta y revela secretos. Llega el calor. El tiempo se dilata y la piel pesa mientras me siento ligera. La piel propia, la ajena. Antes, durante, después. Paciencia, paciencia.
martes, 20 de mayo de 2008
Mareo de Tierra
Sin embargo, tengo mis dudas: creo que se trata más bien de un mareo de Tierra, en mayúsculas. Es una pena que el lenguaje oral no permita pronunciar las mayúsculas de manera distinta a las minúsculas.
He desembarcado de un barco, redundantemente, y he desembarcado también de laisla, metafóricamente. Me bajé de esa balsa volcánica cuyo interior siempre he imaginado hirviente de lava y cuyo fondo, repleto de cuevas habitadas por grandes peces.
Desembarqué y caí por un agujero, como Alicia; un agujero que me hizo atravesar las nubes tejidas por la distancia entre dos puntos: laisla y laciudad.
Laisla es una balsa de roca oscura que permanece varada interminablemente en el Atlántico al que Tomás Morales gritó ¡Padre!:
"El alma temblorosa se anega en tu corriente. Con ímpetu ferviente, henchidos los pulmones de tus brisas saladas y a plenitud de boca, un luchador te grita ¡padre! desde una roca"
El mareo de Tierra -de la Tierra, de mi Tierra- es el desvarío que me producen hoy la arena negra, la sal que huele a azul intenso, el Atlántico celoso de una balsa de roca que encalló como un barco exhausto y se paró allí donde siempre luce el sol. El recuerdo me devora como si fueran esos peces gigantes que habitan bajo laisla en mi cabeza, los que pintaba Néstor de la Torre, rodeando a los cuerpos dormidos, muertos sólo en parte, cansados de escapar, rendidos de esperar a que el tiempo decida. El mar me canta y me seduce como las sirenas a Ulises (sail to me, let me enfold you; navega hacia mí, déjame envolverte).
Hoy quizás me doy cuenta de que la prisión es relativa, de que hay que sentir la fuerza de cada ola, el latido de la lava extinguida dentro de un volcán muerto. Cuando los elementos vibran te hacen volver la mirada -las algas te atan el tobillo-, te traicionan y te llevan hacia el recuerdo que te devuelve el pulso. El pulso de la vida, la pulsión de la huida.
lunes, 12 de mayo de 2008
Primavera
Porque el domingo sale el sol sin que haga calor ni frío
Porque el jardín vertical tiene mil colores
Porque me vestí de rosa
Por fumar narguile de manzana y tirarme descalza en una alfombra
Porque hago una maleta...
...y ya casi toco el mar con los dedos de los pies
Porque me tomo una clara de limón aunque no debo
Porque como samosas vegetales en una terraza
Porque veo cómo se apaga la luz de la catedral sentada en el césped de cuesta imposible
Porque a alguien el momento le recuerda a una escena de L’ultimo bacio
Porque la manzana es hoy más roja y desprende más luz blanca
Porque no importa sentirse extranjero si todos los que estamos nos sentimos igual
Porque la poesía está detrás de cada esquina de Madrid... Por fin
Por la paz interior
Porque un pájaro hizo caquita, me cayó encima y me reí
Porque la noche es el final de todo un día
Por los casi 27
Por los tomates raf y el guacamole
Porque mañana puede esperar
Por hacer de la rutina un regalo
Por ver, por primera y supongo que última vez, una estrella fugaz en la ciudad
...por todo eso, sé que es primavera.
domingo, 4 de mayo de 2008
De palabras y paisajes
No termino de tener claro el motivo de esta colección y posterior análisis y traducción de palabras que he llevado a cabo en días pasados. Supongo que ayudará saber que la otra palabra que tengo atrapada, ya no en la cabeza sino en el estómago, es casa. Casa entendida como hogar, home en inglés, no house.
No sé a qué pueblo pertenezco, mucho menos dónde está mi hogar. Llevo días buscando en paisajes verdes la respuesta que lleva tantos años aletargada, dormida perennemente. No la he encontrado. No es una sensación que me duela, pero me arde. Me pica como el primer sol de mayo. Es como si un pequeño fuego fatuo andara acechándome tras haberlo recogido de los bosques que han mecido mis alegrías en estos días y traído ahora de vuelta a la ciudad en la que vivo -hoy no puedo ni decir mi ciudad sin sentir que miento-.
Tengo un ciprés atragantado en la gola , un cielo -azul como sólo el cielo de la infancia- ocupando el lugar de mi cerebro, un manto de margaritas trepando por mis piernas, una colina reposando en mi vientre y un campo de tréboles enredado en mi pelo. Mi memoria está anclada en un valle. Mis manos sangran sin dolor después de escarbar la tierra en busca de raíces, palabra que late en mi corazón.
No es tristeza, sino la sensación de caminar sin rumbo, de flotar a la deriva, de nadar maradentro buscando el camino que ha de guiar mis pasos. Es sentir que ahora brillo con una radiante luz blanca, como una manzana bermellón recién arrancada del árbol, pero con la duda de si brillo condenada a que la ciudad me apague, como se apaga la fruta en el frutero.
