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domingo, 1 de febrero de 2009

Abortos

Llevo sin escribir desde el año pasado. Sé que no debería ponerme por obligación, pero lo cierto es que una de las dos Nayras siempre se pone pesada con la otra porque hace tiempo que no escriben. La culpa es de las dos, pero hoy parece que rompemos el momento del silencio.

Estoy en laisla, pero no en mi casa, sino sobre el mar. Estoy encerrada en un camarote porque fuera está nublado y sopla el viento y porque mis ovarios –que en este momento me imagino como dos ciruelas demasiado maduras- están deshaciéndose de la vida que nunca fue. Y duele.

Me he cansado de estar hecha una bola bajo cuatro mantas y de esperar a que el ibuprofeno haga efecto, ya que parece que esta vez no puede con mi fisiología, y he cogido el ordenador, he abierto el Word y el folio no ha estado ni medio segundo en blanco. Sí que tenías ganas, le dice una Nayra a la otra. Así empieza febrero.

Tengo la cabeza del revés y el mar de fondo parece estar directamente conectado con mi útero. Quizás sea por eso que, como últimamente oigo hablar de abortos más de la cuenta, porque la gente piensa menos de lo que debería o se corre con excesiva facilidad, hoy me he planteado algo absurdo: ¿y si se pudieran congelar los fetos que llegaron en mal momento? Imagina que te quedas embarazada cuando no toca, en vez de interrumpir el embarazo –me pregunto si ese eufemismo realmente alivia-, ¿no sería una buena opción mandar tu embrión a un limbo de cristal hasta que decidas recuperarlo? En España el número de abortos no para de subir; yo creo que es porque, de alguna manera, siempre se sabe que, en el peor de los casos, un polvo inconsciente puede terminar en legrado. Si esa opción no existiese y todo dependiese del momento del polvo y de la píldora del día después, como mucho, seguro que el número de embarazos no deseados sería mucho menor.

Así que yo me imaginaba un laboratorio de embriones aletargados que en algún momento alguien recuperaría o donaría, se implantarían en la tripa y tendrían un final distinto a la incineradora. Claro que, después de mucho imaginar, luego he llegado a la conclusión de que ese laboratorio se convertiría en un cementerio viviente de fetos que esperarían a que alguien fuese a recuperarles con la memoria que nadie quiere tener cuando se trata de permitir al pasado que vuelva.

Y después de todo esto, una Nayra le dice a la otra que no es compatible escribir con la regla y las dos se meten bajo las cuatro mantas a intentar dormir.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Crisis (en todos los sentidos)

Hay que ver lo que cambian las cosas. Hace un año escribía feliz y contenta sobre la llegada de la Navidad y hoy preparo la cama para meterme en ella y no salir hasta el siete de enero y a dormir, que es prácticamente lo único que hago, a parte de trabajar, de un tiempo a esta parte. Y me sienta bien.

Creo en las etapas así que tengo toda mi confianza puesta en 2009 para que venga y se lleve este 2008 a tomar viento. Yo pienso tirar mi agenda de este año para hacer como si no hubiese existido.

Y hablemos de crisis, no? que si no, no somos nadie. No está mal que el ayuntamiento de Madrid se gaste 4,6 millones de euros en luces de Navidad. Y conste que no digo que no las ponga, sino que se corte un pelo, coño. La mayoría de empresas se quedan sin jamón y sin cena, pero el ayuntamiento de Gallardón tiene que lucirse. Claro. Y la gente esperando, por ejemplo, por guarderías cuyas obras han sido paradas por la crisis... Pero las luces no se apagan, no sea que nos quedemos a oscuras.

Nosotros no nos lucimos, nos espera un año de crisis de puta madre. La comunicación se va a pique a base de bien. Los despidos en los medios de comunicación están siendo cuantiosos, pero, claro, a los medios no les apetece poner en su portada: Este diario despide al 30% de su plantilla.

Ya os contaré qué tal se quedan las calles de cara a las compras de Navidad. Sólo sé que este año, al volver del curro a casa, voy a tener que coger un helicóptero, porque el centro de Madrid va a ser un infierno de luces y compras. ¿Quién dijo crisis?

martes, 18 de noviembre de 2008

46.000 euros

Adivina adivinanza. Hoy vamos a intentar adivinar cuánto vale una persona en euros.

Para ello vamos a partir del siguiente caso práctico: tres chicos prenden fuego a una indigente que duerme en un cajero. Éste queda destrozado y aquélla muere.

Si tenemos en cuenta que la indemnización a la entidad propietaria del cajero es de 26.179, ¿a cuánto puede ascender la indemnización a la familia de la muerta?

Además, os voy a dar una pista: Telecinco ha sido condenada a pagar 50.000 euros a Carmen Bordiú por mentir sobre su vida.

Con estos datos podríamos hacer algunos cálculos y nunca llegaríamos al resultado real: 46.000 euros. La indigente -que no señora- cuesta cuatro mil euros menos que la señora Bordiú -que no nietísima mediatiquísima vendomividacuandomeconviene- y ni siquiera el doble que el cajero.

Creo que he planteado mal el problema: dije que íbamos a averiguar cuánto vale una persona. Quizás debí decir indigente.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Otro fin de semana. Sin más.

De aquí no te levantas hasta que tengas un post escrito. Y en condiciones, no vale cualquier mierda.

A veces pasa eso, cuando una de las dos nayras se pierde y desconcentra a la otra. Por ejemplo, hace un rato, una estaba limpiando la cocina y la otra le dictaba un post para este blog. Se inició una discusión entre ambas, la una porque no era el momento de escribir, pues estaba con un estropajo en las manos y la otra porque la una decidía limpiar mientras ella estaba inspirada.

Como veis la cosa acabó mal y ahora que la una escribe, la otra está de morros y ya no quiere dictarle cosas bonitas, por lo que este post será una cagada considerable. Hay días que tengo una orgía de nayras y no me queda otra que mandarlas a todas a paseo y tirar de ibuprofeno (palabra a la que le pega una hache, pero que no la lleva). Normalmente, como hoy y gracias al cielo, sólo tengo dos.

Por ejemplo, se van las horas de sol y casi no me ha dado la luz este finde. Contando que soy una persona especialmente diurna, esto no tiene mucho sentido, por lo que hay una seria disputa entre las dos. Una quiere sol y la otra manta y casa. Mi psicoanalista dice que con el tiempo tendré menos conflictos internos. Pero qué coño digo, si no tengo psicoanalista; joder, veo mucho cine argentino, me temo.

Las dos nayras son especialistas en pelearse los fines de semana. El sábado pasado, por ejemplo, la armaron frente a la jaula de los gorilas. Sí, ya sé que estoy en contra de los zoos, pero desde verano colaboro como voluntaria con un grupo de adolescentes problemáticos y esa fue la excursión que tocó, así que decidí que la causa valía el esfuerzo.

Pues ahí estaban las dos nayras rodeadas de pibes que hacían mil preguntas (cuándo vemos a las putas de la Casa de Campo era la más frecuente) y uno quiso saber por qué aquellos bichos se comportaban de manera extraña. Y una nayra decía que bueno, que claro, que son animales en cautividad pero que están muy bien cuidados y que así chavales como ellos pueden acercarse a verlos, pero la otra le tapaba la boca y rebatía: pues ya ves que egoísta es el hombre, querido, que es capaz de encerrar en este espacio de cemento a cientos de bestias y pierde el tiempo en crear un espectáculo con un delfín jugando al julajop y su cuidador haciendo surf usándole de tabla... y así se iban intercalando las dos nayras.

Lo que menos entendía uno de los pibes era que las aves no aprovechasen el espectáculo de vuelo para escapar. Yo tampoco, la verdad, y mira que ambos les gritábamos que lo hicieran, que tenían todo el espacio del mundo, todos los cielos y todos los árboles, pero no nos oían. Pobres águilas que un día se quedaron sordas a los consejos que les podrán dar la libertad. Llegaron los orangutanes. Las dos nayras lloraron, cada una una lágrima y dijeron: a casa. Cuando se despidieron de los chicos en el metro, se comieron un twix de máquina demasiado frío, pero indispensable para sentirse mejor, y caminaron con la cabeza gacha.

Es domingo por la tarde y las dos nayras se asoman por la ventana y esperan que alguna de esas rapaces pase por su ventana y diga: me he escapado. Como siempre, las dos nayras esperan más de la cuenta.

viernes, 31 de octubre de 2008

El perdón y la memoria

En estos días en los que se habla de desenterrar fosas y poner nombre a montones de huesos en pro de algo que llaman Memoria histórica (si la historia no tuviera memoria no sería tal cosa), yo pienso en que la memoria es necesaria para perdonar, o para todo lo contrario, pero ante todo es un derecho.

Y no sólo es un derecho, sino que la memoria es también un deber, al igual que lo son el castigo y la justicia. Desde mi punto de vista, existe una necesidad imperiosa de no olvidar. El pueblo no debe olvidar y no por sed de venganza, sino porque creo que es imprescindible recordar para así no repetir errores.
"El tirano oprime a sus siervos y ellos nunca se revuelven contra él, lo que hacen es machacar a los que tienen debajo". Cumbres borrascosas, Emily Brönte.
Tengo que decir que no tengo una opinión definida acerca del desenterramiento de fosas comunes, pero lo que sí tengo claro es que un crimen de lesa humanidad no puede prescribir. Que un delito prescriba es una insensatez. Mientras haya vida tiene que haber esperanza. Y la esperanza no es posible si no hay justicia. ¿Qué le queda a alguien a quien un régimen le arrebató todo sino ver que se hace justicia? Mientras haya vida tiene que poder hacerse justicia. Ni amnistía ni hostias. Justicia.

Quienes creen que apelar a la memoria es no saber perdonar, se equivocan. Querer recordar no es querer venganza, es pretender aprender de los errores y enmendarlos. Si se puede. Si nos dejan.

Algunos olvidan más de la cuenta y se mandan mudar a un limbo de mentira, allí donde parece que no ha ocurrido nada, para poder tirar hacia adelante. Sin embargo, acaba ocurriendo que un día te cogen de los pelos y te llevan a rastras hasta el montón de tierra bajo la cual se agitan cráneos agujereados. Es entonces cuando, de rodillas ante la realidad, muerdes el polvo y agarras esos huesos para con ellos golpear a los culpables. Es entonces cuando dices que no perdonas. Es ese el momento en que dices, ¿quiénes somos nosotros para concederos el perdón que no habéis solicitado?

Y ese día, te dejas caer en la fosa común, común al dolor, a los miles de muertos de la Guerra Civil, de las guerras silentes, de todas las guerras, todas iguales, y dices No pasarán.

Y sí, hoy he amanecido con los puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud, pero la ingenuidad me absolverá de equivocarme y aquí cada uno aporta lo que sabe. O lo que puede.

miércoles, 16 de julio de 2008

Caos calmo

Aquí va una entrada de variedades y eventos varios, para no tener que seguir poniendo la etiqueta "no" a cada post que cuelgo y para que Pablo no se meta conmigo -con razón- por mi actitud negativa.

Mi último finde en la capital antes de venir a laisla consistió en hacer cosas de esas que puedo hacer en Madrid y no aquí ni en ninguna otra ciudad que no sea una granciudad:

Viernes noche: me fui a ver sola "Caos calmo" en versión original. Moretti actuando con el registro de Moretti y una muerte al principio de la peli que me auguraba una tragedia como la de "La habitación del hijo" -la peli más dura que he visto en mi vida-, pero no fue así. Habla de un drama llevado con asombrosa calma; me dejó meditabunda y caminaba hacia casa con el verano un poco entre paréntesis pensando en ese hombre sentado en el parque. La peli me gustó y tiene una estupenda banda sonora, Rufus Wainright y Radiohead incluidos.

Sábado tarde: exposición de Rodin. Brutal. Habría amordazado a tres adolescentes cincuentonas que hablaban como si estuvieran en el salón de su casa acerca de la barbacoa de un tal Ramiro y del bañador que se iban a llevar mientras estaban de pie delante de una escultura llamada "La eterna primavera" a la que no prestaban ninguna atención:

Yo, mirando la pieza: Disculpad
Ellas: Qué?
Yo, señalando la pieza: Quería mirarla
Una de ellas (la más operada): Nosotras la estamos mirando
Yo: Ah, pensé que estabais hablando del pareo étnico que os ibais a llevar a casa de Ramiro en Majadahonda
Se apartaron abochornadas dejándome ver la escultura y callando sus asiliconadas bocas.

Una maravilla, una exposición preciosa, de las más bonitas que he visto de escultura. La que más me gustó fue El rapto, que acumulaba un gran simbolismo en dos cuerpos, un abrazo robado, o quizás no tanto: siempre me parece que en las esculturas que representan los raptos, las mujeres no terminan de estar en desacuerdo con que se las lleven lejos de sus vidas aburridas y de su rutina. Otras mostraban mujeres retorciéndose o en posturas imposibles, llevando sus extremidades al infinito, tentando con su belleza desnuda. Por último, el clásico beso -en yeso- y unas manos sutiles, Manos de amantes. Las esculturas parecen dormir en la roca que Rodin esculpe, despertando las figuras, descubriéndolas, quitándoles el material que les sobra alrededor.

El domingo me perdí con Aday & co por Chueca, entre los gueis descamisados orgullosos de serlo que celebraban su fiesta. Reencuentros de los que me gustan, gente venida expresamente desde distintos sitios y abanicos Locomía. Admito que el carácter reivindicativo de las fiestas ya no tiene razón de ser y que la palabra orgullo me resulta tonta (yo no me siento orgullosa de ser hetero ni blanca ni española ni morena ni alta), pero creo que se ha convertido en la celebración de un avance importante en materia de derechos humanos: quienes antes eran vagos y maleantes, ahora tienen los mismos derechos que los demás.

Y así, a la medianoche, me fui a casa a terminar la maleta, con una extraña sensación de caos calmo dentro de mí, como si, por un lado, mi inminente y esperada marcha me diera la calma, mientras seguía flotando a mi alrededor el caos del que no me puedo desprender últimamente. Me iba, sí, me venía, me volvía, pero el caos no se va, aunque ya no me molesta. Me he acostumbrado y mi cara puede reflejar, a pesar de todo, una relativa calma. Un calmo caos calmo.

miércoles, 2 de julio de 2008

Verano

Odio el verano. Detesto no poder arreglarme e ir siempre con ropa del carajo para no pasar calor; si me pinto el ojo, acabo con el rímel corrido en 5 minutos. El verano es chabacano, de mal gusto. El verano huele a pies y a falta de desodorante. El metro -si no cierran tu estación- es un infierno: si alguien te roza, lo hace piel contra piel, en invierno al menos tenemos capas de ropa que nos protegen. Cuando te agarras a los asideros están calientes y sudados.

En verano estás obligado socialmente a una depilación perfecta y un cuerpo 10. Censuraría todas las putas revistas femeninas que nos hablan de operación bikini, kilos de más, autobronceado, depilación permanente e intentan atraernos con inmundas pamelas, pareos y demás basuras fabricadas en Indonesia. En otoño ya llegarán los especiales contra la anorexia: "Acéptate tal como eres", "No estás gorda, eres de complexión fuerte".

El verano es un asco. La gente se destroza los pies con calzado de plástico y olvida el criterio de combinar colores, por lo que ves faldas marrones a flores verdes con camisetas de licra color naranja, que dejan ver un sujetador blanco sucio o, peor, con tiras de silicona (vaya invento de paletos...). Los zapatos bonitos son todos de invierno, cerraditos, para ponerse con una media.

En verano la tripa va al aire. La tripa y las marcas tribales tipo tatus o pirsings: hay que enseñar chicha aunque peses 84 kilos. La vuelta de las vacaciones es un periodo especialmente detestable: las chicas se ponen el bikini que más marca deja para luego poder enseñar la diferencia y si van a un risort de Punta Cana se hacen trencitas horrendas que acaban en gomitas de colores y no se quitan la pulsera del todo incluido hasta el verano siguiente.

Si quieres ir al cine tienes que llevarte un jersey de cuello alto. La diferencia de temperatura es una tortura como otra cualquiera. Estar a 15 grados en un local es de pingüinos y de imbéciles. Si me apetece invitar a alguien a comer, paso tanto calor mientras cocino que la siguiente vez me lo planteo mejor y no juego a la anfitriona. Me pone mala no disfrutar de la comida porque el calor me quita el apetito, o no poder darme mis paseos larguísimos por la capital por no caer desmayada en la calle.

En Madrid hay que ir a la piscina -pagando, claro-: es como si en verano la gente sólo se reuniera alrededor de litros de agua estancada que huele a cloro donde si alguien mea, pues qué se le va a hacer y yo -mire a donde mire- sólo me imagino setas por todos lados. Soy incapaz de pisar una piscina, me dan un asco que me muero. Soy isleña, no me pidan que vaya a una piscina pública, que para darme remojones ya tengo la ducha de mi casa: el desagüe funciona bastante mal, así que viene a ser lo mismo pero con más intimidad.

jueves, 12 de junio de 2008

Patadas

En días como éstos con la Eurocopa en el aire no se habla de otra cosa y yo desconecto más que nunca. Hasta el lunes mi subconsciente debió de hacer un serio esfuerzo, pues no me había enterado de nada. Ese día tuve sobredosis de información futbolera. El martes, día del partido, mi interés era igual a cero y me cayeron los comentarios de siempre: “Vale que no te guste el fútbol, pero es que juega España”.

Entonces es cuando realmente me desconciertan e intento no contestar porque no hablamos el mismo idioma y es una pérdida de tiempo. Si cambio de tema me arriesgo a un “es que a mí tampoco me vuelve loco el fútbol, pero si juega España...” Y yo sigo intentando esquivar la cuestión. Si explico que me da igual quién gane me arriesgo a preguntas como la del martes: “¿Eres nacionalista?”. Pereza. Me da una pereza infinita contestar que para mí no hay unidad local, regional o nacional alrededor de un deporte -ni de casi nada-, porque ese deporte lo juegan 11 personas y no siento la representatividad que éstas pueden tener para gritar “A por ellos”. Menos aún entiendo qué es España en términos de “quiero que gane España”. ¿Qué tienen que ver un ceutí y un leridano? Pues quizás menos que un neozelandés y un egipcio.

Entiendo a quien tiene una pasión y la sigue, a quien le gusta un deporte, lo ve y lo disfruta. A mí el deporte no me dice nada, pero claro que a veces he visto movimientos que he admirado en patinaje sobre hielo, gimnasia deportiva o tenis, por ejemplo, pero no tengo la sensibilidad necesaria para que el deporte me interese o me saque ninguna reacción.

Lo que no soporto es que la gente me mire seriamente o como alucinada porque digo que me da igual la victoria de Lorenzo, de Alonso o de España. Me cuesta mucho explicarlo, pero que esas personas sean españolas no me causa ningún tipo de sentimiento de confraternización, ni si son canarias, ni si son de Módena. A mí la bandera me sirve para bien poco.

En mi casa toda la vida se ha visto la Fórmula 1 debido a mi ascendencia de Maranello (el pueblo del que proviene Ferrari). Recuerdo que cuando era pequeña pocos españoles mostraban interés por las carreras, pero en mi casa era religión verlas –todos lo hacían menos yo-. Luego llegó Fernando Alonso y en España todos decían llevar muchos años interesándose por la F1 y eran expertos y los más fans. En Asturias el fenómeno se convirtió en cultura de la noche a la mañana. “Es un español que triunfa, hay que apoyarlo”. Y yo, con cara de póquer. Con la Eurocopa pasa lo mismo: es la selección española la que juega, aunque no te guste el fútbol, tienes que alegrarte de la goleada del martes.

Me siento marciana porque el fútbol me trae sin cuidado, porque no lo considero ni como un acto social. En mi vida no contemplo el deporte como motivo de unidad, aunque una a millones y millones de personas. Hay otras cosas que me hacen sentir ese sentimiento de hermanamiento, quizás un concierto, pero sobre todo las causas. Si algo me conmueve y me llena de energía es una manifestación en la que los presentes sienten lo mismo y gritan al unísono, sin rivales enfrente vestidos de otro color –o sí- pero que luchan, que se mueven por algo y para algo.

La lucha es el matiz diferenciador. Ojalá las personas se movilizaran con la misma pasión que le ponen al deporte y las patadas al balón para darle patadas a la realidad, a las desigualades, para llevar a cabo la lucha, los actos de condena, la defensa de los ideales o de las voluntades de la sociedad. Ojalá fueran éstos los motivos que nos hicieran salir a la calle, reunirnos alrededor del televisor, llorar o celebrar. No estoy criticando la afición al deporte y sé que muchos de los que sois aficinados sois los primeros en hacer ruido cuando la injusticia acecha, pero no deja de asombrarme la respuesta masiva de un pueblo –esa palabra me sigue trayendo dolores de cabeza- ante personas que llevan una misma camiseta, frente a la pasividad en otros temas.

Me pregunto si el interés de que gane la selección española es patriotismo o si no tiene nada que ver. Insisto en que no ataco a nadie, pero me encantaría que me dejaran en paz los que me acribillan a etiquetas por no ser comotodoelmundo.

viernes, 6 de junio de 2008

Portadas y portazos

A primera hora un compañero me avisó: “creo que es mejor que no mires hoy los periódicos”.
Tenía razón. Ni los impresos, ni los digitales. Era mejor leer el Marca, la Super Pop o Harlequín.

Esa puta foto... Y lo peor: esos putos titulares ensalzando al violento, al cobarde. “José Tomás sube a los cielos” -ah, ¿se ha muerto?-, o “Ya es leyenda”. No quiero hablar de tauromaquia otra vez sino analizar la cobertura informativa que tuvo la faena de ayer y la feria en general.

El apartado 1.4. de la política editorial de El País dice: "El periódico no publica informaciones sobre competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión".

Muy bien, muy bonito, muy humano. Renunciar a la sordidez. Qué bien suena. Hoy, además de la foto de portada, El País dedica dos páginas y varios editoriales a la corrida de ayer. Llevo todo el mes de mayo desayunándome los banners publicitarios de la edición online, en los que se anuncia la cobertura que da el diario a la feria de San Isidro. Dos blogs dedicados a ello, varios especiales. Acojonante. El País es un medio progresista, ¿no? ¿Hay algo más conservador que las corridas de toros? ¿Más machista, más sórdido?. Yo me pregunto de qué sirve ayer un especial sobre cambio climático en El País –somos megaecologistas- si luego muestra tamaña insensibilidad dando tan amplia cobertura a la Fiesta Nacional. Me ha resultado horrible tanto toro en la edición digital durante más de un mes. No es que den la información, es que ensalzan el toreo.

El jueves a mediodía Antena 3 dio la noticia de que figuras relacionadas con el mundo del toro acudieron a Bruselas a defender la Fiesta. Olvidaron comentar que numerosas asociaciones antitaurinas también estaban allí para decir la suya. Asco me da.

El periódico gratuito 20 Minutos decidió hace dos años no dar información sobre corridas. Me encantan las apuestas valientes, las manifestaciones de cordura, la honradez periodística, si es que aún existe. La única vez que pude haberme visto involucrada por trabajo en un evento relacionado con este mundo –submundo- apelé a la objeción de conciencia. Y al sentido común, joder, y al sentido común.

La misma portada me da otra mala noticia: la cumbre de Roma ha sido un auténtico fracaso. Con o sin sentido, hoy me tapo los ojos, los oídos y le doy un portazo a la realidad.

martes, 27 de mayo de 2008

Como agua de Marte

Piedrecitas sobre un suelo rojo. Eso es lo que muestran todas las portadas de los diarios de hoy. No es Lanzarote; si lo fuera, no sería noticia. Es Marte. Un planeta lejano ma non troppo que el hombre se ha empeñado en conquistar.

La carrera espacial empezó en 1957 como una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En principio acabó casi 20 años después, pero, carrera o no, la conquista del espacio no cesa.

Resulta que los científicos buscan en el Planeta Rojo principios de vida microbiana, algo interesantísimo que cambiará el curso de nuestras vidas. Al parecer, el robot Phoenix está a punto de encontrar hielo subterráneo en el polo norte del planeta. Uau.

Me extraña que los principales diarios no den el dato que más me intriga: ¿cuánto? ¿cuánto le ha costado al mundo la foto de portada de la mayoría de los diarios del mundo? 457 millones de dólares. Uau.

¿No habéis leído que hoy se han caído diez Boeing 747 en los que únicamente viajaban niños? ¿No? ¿Y ayer? ¿No? Yo tampoco, pero es como si hubiese ocurrido: según la FAO, 3.800 niños mueren cada día solamente por causas asociadas a la escasez de agua. Las catástrofes que ocurren de manera puntual nos sobrecogen a todos y abren los telediarios durante varias semanas, pero nos olvidamos de las cifras de cada día, de los problemas permanentes, de la crisis alimentaria fomentada por los biocombustibles (los cereales destinados a la alimentación escasean). De los cientos de aviones invisibles que el hombre abate cada hora.

Como todo es relativo, hay planetas que están más cerca de Marte pero nos quedan más lejos: Nigeria, Liberia, Honduras, Madagascar, Haití, Franja de Gaza... El porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza en estos territorios oscila entre el 65 y el 80%.

En 2007 Estados Unidos destinó a la Nasa 17.000 millones. Este país tiene un índice de pobreza que roza el 13%.

Ya sé lo que están pensando: demagogia. Cierto, pero sólo quiero arrojar datos. Llevo dos horas recabando información para escribir esto, para darme de hostias contra la realidad porque NOENTIENDO. Es cierto que la incursión del hombre en el espacio ha hecho posible avances necesarios como las telecomunicaciones (aquí estoy yo con mi blog, mi internet, mi tele), el incremento de la seguridad y demás, pero hablo, una vez más, de prioridades.

¿Qué coño hacemos mandando naves a recoger restos de vetetúasaberqué tal y como esta la situación mundial? ¿Qué clase de insensatez es ésta?

Luego está el tema de la colonización del espacio con la que sueña más de algún iluminado. Benidorm está pasado de moda: necesitamos un destino turístico más atractivo y en Maldivas hay demasiados mosquitos.

Igual me estoy pasando y la misión de Phoenix es coger el agua marciana que allí nadie gasta para traérsela a nuestro planeta en cubas gigantes y así solucionar uno de los muchos problemas que tenemos en esta nuestra Tierra. Sí, probablemente sea eso. Y yo quejándome...

jueves, 22 de mayo de 2008

Frivolidad

Hay ciertas cosas sobre las que no puedo escribir. Mis dedos se paralizan cuando las circunstancias me desbordan. No esperéis que comente hechos como el terremoto de Sichuán o el ciclón de Myanmar, que hoy vuelve a ser noticia porque se denuncia que en los mercados se vende –vende- los alimentos enviados por asociaciones y gobiernos como ayuda. No hace falta que escriba sobre esto y no me apetece sufrir escribiendo atrocidades hechas por el hombre (¿por quién si no?).

Aplaudo la iniciativa de hoy de Greenpeace de irrumpir en una empresa de armamento en Madrid, por mucho que la gente lo vea como algo inútil, lo que busca la ONG es la visibilidad, dar a conocer, manifestarse. ¿Cuántos sabíais de la existencia de Expal? Yo no, desde luego. Hacen falta acciones que nos conmuevan, nos enseñen y nos abran los ojos.

Muchas veces me preguntan qué es lo que me lleva a escribir. Algunos debéis de creer que me paro delante del ordenador y digo ¿sobre qué escribo hoy?. No, escribo cuando siento algo en la tripa, como si un lagarto atrapado no parara de agitarse. A veces oigo palabras en mi cabeza cuyo ritmo me dice que quieren ser escritas. A estas alturas sé que todo eso es síntoma de que tengo que ponerme a teclear y dejarlo salir. Normalmente las palabras toman forma, mientras que otras –las menos- se convierten en un cadáver de letras, en un borrador.

Por eso mismo escribo también sobre cosas frívolas a pesar de que algunos me digan que no me pega nada o que parece sacado de Sexo en Nueva York –jamás la he visto-, pero la frivolidad, al igual que el humor, es un mecanismo perfecto para dejar salir tensiones acumuladas por leer el diario o por ir en metro con un tipo al lado que huele mal y escucha una música horrenda que sale de su móvil sin auriculares. La frivolidad es necesaria siempre que sea una parte pequeña de nuestra vida y que no ocupe mucho de nuestro tiempo.

Mi maquillaje es frívolo, mi preocupación por mi piel amenazada por Anastasia y su ejército, mi interés por la ropa bonita –que no cara- y mis conversaciones acerca de la decoración étnica o de los hombres de pelo largo, también. Viva ese anestésico llamado frivolidad. Viva el humor y vivan los chistes de mal gusto si los presentes no pueden ofenderse.

domingo, 11 de mayo de 2008

Sadismo de mayo

Es mayo y estamos en Madrid. Las Ventas abarrotada: puro, mantilla y ojos ávidos de sangre y sadismo.

Tradición, cultura, arte. Detrás de estos tres escudos España defiende y mantiene las corridas de toros. Es cierto que es una tradición, pero ¿hasta cuándo? Hay muchas tradiciones que han sido revisadas a lo largo de la historia para ser posteriormente abolidas. Se supone que el ser humano evoluciona y corrige, que la visión que tenemos ahora no es la misma que teníamos antes, que vamos para adelante y no para atrás. Sin ir más lejos las reformas de la Constitución y de los códigos penal y civil son un ejemplo de que el mundo cambia y hay que hacer reformas.

Tradición. Las peleas de perros eran una tradición y están prohibidas, pero, claro, los perros son distintos. El perro es el mejor amigo del hombre. La mayoría de insanos que acuden a la plaza tienen un perro con un nombre ridículo por el que se dejan lamer la cara y al que ponen lazos en las orejas. Yo me pregunto qué sentido tiene cuidar y alimentar a un animal -por el que habrán pagado unos 700 euros- y luego ir a disfrutar de la
muerte en vivo de otro. Ah, sí, claro, la tradición.

Cultura/Arte. ¿Qué precio hay que pagar por la cultura? ¿Qué es la cultura? ¿No hay que ponerle límites?
Guillermo H. Vargas es un hondureño que ató a un perro en una galería y lo dejó morir de hambre (detrás de él, la frase "Eres lo que lees" escrita con comida para perros). Él presentó su obra de arte, y los que le otorgaron el premio de la Bienal de Honduras, lo recibieron y galardonaron como tal. Los medios se hicieron eco denunciándolo y todo el mundo reenvió un mail pidiendo firmas en contra. Claro, es un perro, qué pena. Poner a un toro en una plaza y acribillarlo durante una hora, exponer a un caballo a que el toro le empitone, ¿no es la misma barbaridad? Límites, por dios, límites a la sinrazón.

"Es el hombre contra el toro". Y una mierda. Es un toro apaleado previamente, probablemente drogado, contra un hombre armado y escoltado por una cuadrilla. Es la muerte de antemano; no es la
Fiesta del Toro, es la Fiesta de la Muerte.

En realidad, me sobran los motivos y los argumentos, pero ni siquiera me esfuerzo demasiado en darlos. Si me tengo que quedar con alguna reflexión me quedo con ésta: ¿Qué clase de personas son quienes acuden a ver la tortura, qué clase de seres somos si nos divertimos y admiramos ese sometimiento, esa cobardía? ¿Qué sentimiento primitivo y asesino nos arroja al abismo del sadismo? La sevicia nos condena.

No respeto, señores, no respeto. Respeto otras costumbres de las que no participo (fútbol, romerías, fiestas populares), pero no puedo respetar la barbarie, no puedo comprender. No puedo y no quiero.
Tolerancia cero.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Buenrollismo

Es un hecho que hay gente que se pasa la vida haciendo estupideces, pero lo peor llega cuando le dices a alguien que lo que acaba de hacer no está bien y esa persona se defiende en nombre del buen rollo. El buenrollismo es la religión del siglo XXI. El buen rollo nos protege de nuestras acciones porque las llevamos a cabo en su nombre. El buen rollo lo justifica todo.

Por ejemplo, estás en un pab tomándote algo con unos amigos, llega un desconocido y te agarra de la cintura mientras se comporta como Torrente; cuando le preguntas que qué demonios hace te mira como el imbécil que es y te dice "Tronca, de buen rollo...". Ah, claro, si es de buen rollo entonces sí puedes restregarte contra mi anatomía como un perro en celo.

Otro clásico es la piba que viene y te grita al oído. Te deja medio sorda y cuando la miras con cara de asco te dice que era de buen rollo y que eres una amargada. O sea, si yo no fuera una amargada adoraría que me vinieras a destrozar el tímpano, ¿no?. Cuando no les sigues la corriente te llaman amargada, borde, sosa o cortarrollos. Tú estás jodidamente obligado por las leyes del buen rollo a seguirle la bola al tarado que ha decidido meterte en su juego.

El respeto a los demás no es una norma social, es una variable inversamente proporcional al grado de buenrollismo que lleves encima -y de los miligramos de alcohol en sangre-. A mayor buen rollo, menor respeto. Si tú estás de súper buen rollo, puedes, claro está, berrear todas las canciones de Bisbal en plena calle a las 5 de la mañana. Si encima es sábado, no sólo puedes, sino que debes hacerlo. Si es agosto, llévate timbales, castañuelas y guitarra.

En mi barrio, el buen rollo se mide en litros. Litros de alcohol. Y litros de pis. Uno bebe y, por consecuencia fisiológica, mea. Y, por consecuencia buenrollista, mea en la calle. Estoy harta de sortear charcos de pis -y de vómito-. Las veces que me ha dado por recriminar a los meones en acción, he tenido distintas respuestas: "¿y dónde coño quieres que lo haga?" (el meón tiene 5 bares abiertos a sus espaldas), el clásico "veteatomarporelculo" y, lo más excitante, un hijodeunperro que me apuntó con la cola -intuyo que pequeña-.

El dios buen rollo justifica todas estas acciones, porque la gente se reúne de buen rollo, fuma y te suelta el humo en la cara de buen rollo, bebe de buen rollo, mea de buen rollo, se salta los semáforos de buen rollo, pone la música a todo volumen de buen rollo y tú no eres nadie para recordarle dónde acaban sus derechos y empiezan los de los demás.

Hoy un compañero de curro ha recibido un meil -a su cuenta del trabajo- de un colega que debía de estar de muy buen rollo: al abrirlo, un dantesco vídeo de muy mal gusto ha empezado a saltar por toda la pantalla con un mensaje que decía "estás jodido, intenta apagarlo". Era imposible cancelar aquel vídeo o salir de ahí. Tuvo que reiniciar el ordenador, perdiendo todos los cambios del documento en el que curraba y abochornado por aquella escenita que estuvo cinco minutos brincando en su monitor delante de sus compañeros. ¿En qué piensa la gente cuando hace esas mamarrachadas?

Y es que los buenrollistas no piensan en las consecuencias de lo que hacen, sino solamente en las risas que se echan al momento. Me parece triste, e incluso preocupante, ese escudo del buen rollo que justifica lo injustificable, que convierte lo intolerable en cotidiano. Que hace que a todos los jóvenes se nos meta en el mismo saco. A veces pienso que quienes perjudican a los demás podrían irse un poquito a la mierda, pero de buen rollo, claro.

domingo, 20 de abril de 2008

Los amigos de Piterpán

(Continuación del post anterior, Piterpán)

Los amigos de p
iterpán -al contrario que los de Peter Pan- visten también de verde. Son un ejército de plumas rojas -las del gorro- que beben cerveza y se dedican al proselitismo en estado puro.

Ellos son el diablo mismo y los peores enemigos de cualquier novia. El día que tu chico se digna a presentártelos -cuando tú todavía no sabes que duermes con piterpán- nada más llegar al garito roñoso de turno te dicen cosas del tipo: "Pero qué guapa eres" y a él: "Joder, macho, qué escondida te la tenías". Se interesan por lo que haces en Madrid y con quién vives -no sea que compartas piso con alguna piba que les puedas presentar-. Tras varias cervezas te cogen del hombro se acercan en exceso a tu oreja y te dicen: "En serio, tía, no sabes qué bueno es, te llevas a un partidazo, tienes que cuidarle mucho, le conozco de toda la vida. Le quiero como a un hermano".

Si en ese momento no te vas, te arriesgas a que pasen al güisqui y acabes escuchando algo que hará que acabes viendo en ellos al mismísimo anticristo: "De verdad que es un chico majísimo, lo que pasa es que no ha tenido suerte con las tías. Es que mira: resulta que Sara, la anterior, que no era ni de coña tan guapa como tú, le trataba mal, le condicionaba mucho...". Tu ceja empieza a arquearse, tú intentas reprimirla. Tu anatomía se subleva. Has puesto cara de: "¿Pero y este anormal?". Él se da medio cuenta y te dice "No te molestará que te hable de su ex, ¿verdad, Sara?". Le escupes; bueno, no, no le escupes, pero te mueres de ganas de hacerlo. Te vas al baño. Te lavas la cara. Vuelves. Te colocas en el punto más lejano al imbécil.

Llega la hora de pagar la cuenta: pretenden pagar todo a partes iguales. Ellos van como cubas y pretenden que tú, que te has tomado una coca cola, les pagues las birras, las copas y les subvenciones tu noche del carajo. Tu novio paga por los dos (tiene que lucirse). Te ahorras la discusión.

En las sucesivas citas con la panda de mamarrachos, no hay un día que lleguen antes de media hora tarde. Aparecen como si nada y encima te sueltan: "Joder, estás helada, cómo se nota que eres del sur/parece mentira que seas del norte". Les contestas que es normal después del rato que llevas esperando en el jodido Oso y el madroño y te dicen: "Bueno, ya sabes, la media hora de cortesía". Y tú que pensabas que la cortesía eran 10 minutos...

Ya llevas unos meses con tu piterpán, así que te dicen perlas del tipo: "Joder, tronca, desde que éste está contigo no le vemos el pelo" y no se cortan en preguntarte: "¿Y tú no tienes amigas?", no sabes si porque lo que quieren es que te vayas con ellas y les dejes hacer el capullo a sus anchas o si lo que les apetece es conocer chicas. En realidad, te resbalan los porqués que pasan por la cabeza de esa manada de dementes.

Los amigos de tu novio-piterpán son proselitistas piterpánicos. Cuando están a solas practican un sectarismo de manual lavando el cerebro del que tiene novia. Los más descerebrados intentan presentarle tipas que encuentran en los bares para que un desliz mande a la mierda vuestra relación.

Poseen la asombrosa capacidad de llamar en los peores momentos y tu chico lo remata con la proeza de contestar al teléfono en plena discusión, plena noche o pleno polvo. La cosa es cagarla.

En todo grupo de piterpanes hay uno que se esconde en el armario. El tío no sale ni a hostias. Los amigos no colaboran porque se empeñan en tratarle como al más macho de la cuadrilla. El pobre no tiene una pluma en el gorro, sino que tiene 27. De camino a casa, tras varias citas observando al palomo cojo detenidamente, le preguntas a tu novio si Ramón es gay. El otro te mira como si hubieses dicho la mayor sandez y se ofende: "Pero qué coño dices, no tienes ni puta idea. Es que es tímido". Ya, claro, pobre Ramón...

La mayoría de los colegas de tu piterpán son feos que se empeñan en disfrazarse de guapos, convirtiéndose en feos de cojones. Y son ridículos. Hay alguno que se salva y podría ser medio mono, pero tiene cara de lelo y se ha fumado demasiados porros, por lo que nunca tiene novia ahorrando así el disgusto a las mujeres del mundo.

No es que sean solteros convencidos: son desgraciados de la vida. Por eso mismo, asumen el rol de convencer al que se ha echado novia de que ellas son un coñazo y de que los colegas molan más. Cuando ya estás harta, jodes al que tienes más a mano con un: "Cuéntame, ¿y tú no has tenido novia?". En ese momento has declarado la guerra; pega un trago, se enciende un pitillo y te dice: "Bueno, hace tiempo había una piba...". Te suena al principio de Caperucita Roja. No sabes si es algo tan lejano que ni lo recuerda o es que se está tirando un farol. Te la suda. Le odias. En ese momento oyes que se refiere a ti como la parienta. Se acabó. Te vas a casa. Arsénico para todos.

sábado, 19 de abril de 2008

Piterpán

Peter Pan era un niño imaginario vestido de verde que no quería ser mayor. Los piterpanes, por su parte, son aquellos hombres que se niegan a crecer y a asumir responsabilidades.
La detección del piterpán (PP) es bastante complicada, ya que tiende a ocultar su carácter piterpanista hasta pasados algunos meses de relación. Antes, se lo curra de manera notoria.

Suele pasar que a los 4 meses de historia en común, nuestro chico -que aún no ha sido identificado como PP- entra por la puerta con cara mustia. Tú le preguntas qué le pasa y tras tres nadas seguidos, te dice un cuarto nada: "Nada, que mis amigos dicen que he cambiado". En ese momento, tú coges aire, le miras y te parece ver un gorrito verde con una pluma roja sobre su cabeza. Para parecer comprensiva, aunque sabes de memoria lo que te va a decir, le preguntas: "¿Por qué, cariño?" y él te contesta: "Bueno, dicen que desde que estoy contigo no les veo tanto como antes y que no soy el mismo".

Claro, sus amigos no entienden de matemáticas: no saben que si las horas del día son 24 y, de repente, entra una persona nueva -su novia, o sea, tú- en su vida, el número de horas no crece exponencialmente a su merced, por lo tanto, hay que dividirlas. Es lo mismo que cuando la universidad se acabó y empezó la jornada laboral de 8 horas, pero, claro, entonces no había un sujeto tetudo al que culpar. Respiras hondo -de nuevo- y le preguntas: "¿Y tú qué opinas?" y él te responde: "Pues que igual tienen razón". Claro. "¿Y qué piensas hacer?" Te mira con cara de letra cursiva y te suelta: "Me voy a proponer verles más".

Esta es la conversación que te hace tambalear. Él entra en crisis durante cuatro días, rescata su camiseta de Nirvana, sus casets de "varios", se va a casa de los colegas a jugar a la Nintendo -a un juego rivaival de Super Mario- y tú esperas y desesperas. Hace cosas que no sabías que le gustaban -quizás ni siquiera le gusten-, como ver partidos de 3ª regional, ir a la bolera, intentarlo con la bici de cross... todo con tal de estar con los despechados colegas a los que tiene que reconquistar. A ti, que te parta un rayo que ya se lo curró los primeros meses pa tenerte atadita.

A raíz de ese hito en vuestra historia empiezas a dilucidar otras características piterpanistas, a saber:
Las copas a 12 euros, las entradas de las discotecas, la tabla de surf nueva, los viajes por tierra con algún fin lúdico/deportivo o el último juego de la Play son gastos normales y necesarios -hay que ver qué caro está Madrid desde el euro- pero los restaurantes modernitos de Chueca, las salidas de fin de semana a una casa rural y, por supuesto, un viaje en avión, es un lujo que no se puede permitir.

Este último caso es más significativo cuando él es un PPP -piterpán pijo-. Se gasta fortunas en ropa, en todo tipo de gadgets y moderneces tecnológicas e, incluso, con un poco de suerte, te hace regalos para tenerte contenta. Y calladita.

Es egocéntrico y narcisita. Lava los platos un buen día para que te pases una semana diciéndole lo bueno que es y lo mucho que te ayuda. Busca la palmada y el reconocimiento como camino hacia la autocomplacencia. Es ombliguista y no soporta una broma sobre su físico -probablemente esculpido en algún gimnasio correspondientemente caro-.

Los piterpanes adoran verte en el sofá. Ellos llegan de currar, de hacer sus machadas, de drenar su estrés con el deporte de turno, de desahogarse con los amigos, de tomar cerveza, de la puta calle, en definitiva, y les encanta que estés ahí, con una camiseta de algodón y tu cara lavada. Adoran el abrazo que les das y lo confortable del sofá-con-piba-en-él. Además, los piterpanes quieren sexo a todas horas para quedarse relajaditos y contentos.

Un piterpán nunca te propone un plan hasta que consulta la agenda de los amigos, el calendario de la liga y el parte meteorológico. Un piterpán sólo está disponible para ti cuando no tiene nada mejor que hacer. Si los amigos le llaman cuando ya ha quedado contigo les dirá "Uf, hoy me toca salir con ella, ya sabes, es lo que hay...", con voz de que ese plan es lo peor que le ha pasado en su vida.

Si le sacas el tema hijos, el piterpán dice que sí, que por supuesto, que eso es bonito, que con 39 empezará a planteárselo; si le mencionas tu reloj biológico te nombra a Ana Rosa Quintana y te dice que eso era antes, como si el progreso hubiera llegado a tus ovarios.

Llegados a este punto, cuando miras a tu chico-piterpán ya no sólo le ves un gorro verde, sino que te fijas en que lleva también el traje, las mallas, los zapatitos y todo de ese color.

Cuando les dejas, lloran lágrimas verdes y patalean y te dicen que no te vayas, que van a cambiar... Les das la oportunidad, pero siguen siendo verdes y sólo te queda decirles: "cuando crezcas, llámame". Y te vuelves a cabrear contigo por haber perdido el tiempo.

miércoles, 2 de abril de 2008

Puente aéreo

Seis y media: suena el despertador.
Siete: cojo un taxi.
Ocho y media: embarco.
Nueve: sale mi vuelo.
Diez y poco: llego a Barcelona. Taxi.
Once menos cinco: plaza Catalunya.
Once: reunión con mi cliente.
Una: taxi.
Dos: fideuà en el aeropuerto.
Tres: embarco.
Tres y media: vuelo hacia Madrid.
Cinco menos algo: llego a Madrid. Taxi.
Cinco y media: oficina.
Seis y media: salgo. Metro.
Siete: casa. Limpio por encima. Preparo la habitación de invitados.
Ocho y cuarto: ducha. Relax.

Conclusión: Barcelona no se merece este viaje relámpago. Es como echar un polvo rápido y mal con alguien que te gusta y a quien darías más. Te pones los pantalones. Te abrochas el cinturón. Te vas. Y, por su puesto, eres un tío. La mujer se queda en la cama, desnuda y triste.

Me he quedado desconsolada. Quería pasear la ciudad, moverme por Portaferrisa y recordar... Pero no, las azafatas me dan la bienvenida al siglo XXI; me dicen que a las ciudades también se las usa, que las manejamos en términos utilitaristas, aunque ellas conserven entre sus ladrillos un trocito de tu vida. El mundo laboral acorta distancias hasta un límite descabellado. No me gustan estos viajes. He sentido cómo asaltaba la ciudad, cómo la atracaba para irme en un coche robado.

Por lo menos me ha servido para ver los campos desde el aire, cuadriculados como mi cabeza últimamente.

jueves, 20 de marzo de 2008

Cinco años después

Hace cinco años estábamos en la calle. Hace cinco años nos quedamos afónicos. Recuerdo cómo nos agarramos con fuerza mientras las pelotas de goma volaban por la Montera.

Hace cinco años y hace cuatro y hace tres y hoy y siempre hemos dicho No. No a la guerra. A la guerra, en general, y a aquella guerra, en particular.

Entonces no sabíamos que hoy hablaríamos de 80.000 muertos. Ochenta mil. El 11 de septiembre murieron en Estados Unidos 3.000 personas. Casi 30 veces más muertos en esta guerra que hoy tristemente recordamos, en ese Irak lejano, con su posguerra perpetua, sus consecuencias dementes y sus armas de destrucción masiva inexistentes.

Hoy vemos las imágenes que resumen este lustro desde lejos porque, como todo el mundo sabe, Irak está mucho más lejos que Washington de España y de cualquier parte del mundo. Irak siempre está más lejos, Irak estuvo lejos de las Azores, lejos de aquellas calles de Madrid y de tantas ciudades del mundo que tomamos a la vez para decir que habría sangre.

Cinco años después el problema es que esa sangre no nos salpica, no nos ha salpicado nunca, ni siquiera la imaginamos, aunque la veamos en la pantalla a las 9 de la noche, casi cada día. De hecho, hoy podemos decir que la situación en Irak es muy buena. Esta guerra ha sido noble, necesaria y justa. La primera apreciación pertenece a Aznar. La segunda, a Bush. No entiendo qué es una guerra noble.

Hombres de la guerra, váyanse a Irak, intenten comprar manzanas en un mercado, intenten llevar a sus nietos al colegio, intenten ir a rezar a un templo, intenten sobrevivir como han hecho esos 80.000 iraquíes. Intenten no morir cada día poco a poco.

No quiero hacer de este post una recopilación de cifras, aunque bien merecen la pena para darnos una hostia de realidad, pero no dudéis que esta guerra, según Bush, acabará en victoria.

La victoria de la vesania, la victoria de los locos. Vuestra victoria, hijos de puta.

martes, 11 de marzo de 2008

Mazinger ZP

Según la wikipedia, Mazinger es un término japonés que significa "dios/demonio", lo que implica que una máquina puede usarse para el bien o para el mal en manos humanas y que todo avance técnico no es bueno ni malo en sí mismo, sino que, simplemente, depende de quién lo maneje.

Ahí lo tenéis... Zapatero es el auténtico Mazinger ZP

Pues sí, a estas alturas no quedará español que no se haya enterado de que ha ganado el PSOE. Quizás los que anden encerrados en un reality show (ellos sí que levantan el país, coño) hayan llegado al martes sin saberlo, pero tampoco creo que les importe demasiado.

El Mundo me dejó alucinada con su mal perder... Su portada de ayer titulaba "España encarga a Zapatero la tarea de sacarla de su crisis". Supongo que si por ellos hubiera sido, ni siquiera habrían dado la noticia. ¿Tanto les costaba decir que el PSOE había ganado?. Me hizo casi tanta gracia como la viñeta de Forges, que anunciaba que "siempre les quedaría Eurovisión".

Creo que los resultados electorales han puesto de manifiesto la necesidad de crear una nueva ley electoral que derogue la ley D'Hondt y cree una circunscripción única. Izquierda Unida, pobre Llamazares, hubiera conseguido 12 escaños de haber existido un sistema distinto.
En cuanto a la victoria del PSOE, no sé si ha existido tal victoria o deberíamos hablar de la derrota del PP. Creo que la oposición nefasta y obsoleta de Rajoy ha beneficiado al PSOE más que la propia política de Zapatero.

En cualquier caso, Mazinger ZP tiene que dar al rojo más color y darle una patada a la caspa y a lo trasnochado... Os lo creáis o no, mi herpes Manolo hizo su aparición el sábado por la noche... los nervios pre-electorales, supongo (de hecho me estoy planteando cambiarle el nombre de Manolo por el de Mariano). Ahora duermo tranquila: menos mal que el PP ha quedado fuera, ya me veía a Rouco gobernando el país.

Beati noi, Valerio, beati noi.

jueves, 10 de enero de 2008

Zorra!

Ayer volvía a casa desde el trabajo, como siempre hago, en metro. Iba sentada y, ya que había olvidado mi libro en casa, me dediqué a observar a mi alrededor. Frente a mí estaba sentada una señora gorda y una cosa en ella me llamó la atención: tenía algo enroscado alrededor del cuello. Me fijé bien y me di cuenta de que ese algo era un zorro. Me pregunté cómo había llegado ese zorro hasta ahí y, para confirmar que la vista no me engañaba, pregunté al pasajero de mi izquierda si aquello era lo que yo creía. Me miró como si no entendiera y me dijo: "Sólo es un abrigo de piel de zorro". Le pregunté si no era peligroso llevar ese animal al cuello y me contestó, aún más atónito: "¡Pero qué tontería, si está muerto!". Aquella afirmación me tranquilizó sólo en parte: al fin y al cabo, no viajábamos con un zorro en el vagón, sino con un cadáver de zorro.

No podía dejar de mirar al animal, con sus ojos de plástico que parecían mirarme desde un iris pintado. De repente empecé a notar cierto movimiento, empecé a sentir la mirada del zorro, hubiese incluso jurado que el abdomen se le hinchaba. Miré a mi compañero de viaje buscando complicidad y él no me correspondió. Giré de nuevo la cabeza y vi una boca abierta, llena de dientes, saltar al cuello de la gorda. Ésta no tuvo tiempo de gritar mientras agarraba al animal resucitado e intentaba zafarse de él, enganchadito a su yugular. Los demás pasajeros, dando voces, se levantaron para ayudar a la señora, recostada hacia atrás en su asiento y con las piernas tensas, estiradas. Fue en vano. El zorro no quería soltar.

Yo no grité, ni volví a mirar, sino que me levanté hacia la salida: una gota de sangre había manchado mis recién estrenados zapatos. En ese momento, el pasajero que antes tenía a mi lado me miró incrédulo y era yo la que, entonces, no entendía su perplejidad: la señora llevaba un carnívoro al cuello, ¿qué esperaba?. Me bajé del metro sin prisas, un par de paradas antes de la mía. No miré hacia atrás y no sentí nada. En el fondo, cuando la naturaleza se rebela no queda más remedio que dejarla hacer.

Hacía una buena noche y los adornos navideños parecían tener ganas de irse a descansar hasta las próximas fiestas.

Esta mañana leí el suceso en la prensa. Según cuenta, el zorro -que al final resultó ser zorra- volvió a su estado disecado una vez se hubo asegurado de que la señora yacía muerta.

Vendetta, que dirían los italianos.

viernes, 4 de enero de 2008

Desinformación

Que conste que estoy en contra de la censura, a priori, como profesional de la comunicación y como defensora de las libertades pero, por motivos evidentes, creo en la necesidad de organismos reguladores de contenidos de comunicación y publicidad.

Hace algunos días vi en una revista un anuncio que me causó indignación; no era una campaña sexista de Dolce & Gabbana, ni nada por el estilo, era algo mucho más sutil: aparece un bote de medicinas con la etiqueta arrancada y la frase, "¿A que la marca sí es importante?". Farmaindustria, responsable del anuncio, añade que los medicamentos de marca son medicamentos de confianza y una garantía.

Vamos, que el Gobierno se gasta el dinero público en hacer campañas para animar al consumo de los genéricos, nuestro médico nos dice que hagamos uso de un producto idéntico con un precio considerablemente más reducido, para que las compañías farmacéuticas se dediquen a desinformar. ¿Dónde están los organismos reguladores que eviten estas campañas que confunden a la población?

Estamos hablando de una industria potentísima, que durante los últimos años, ha sido la más rentable en Estados Unidos. No entiendo cómo se puede desinformar de esta manera, confundiendo a quienes tienen aún dudas de si un genérico realmente es igual a un medicamento de marca.

Es el colmo, el marquismo llevado a los medicamentos. En realidad no sé de qué me asombro, si tenemos en cuenta la reticencia de las compañías farmacéuticas a romper sus patentes en los países necesitados, como en el caso Novartis que, sin pudor, interpuso una demanda al Gobierno indio por haber liberado la patente de un fármaco para combatir la leucemia. Afortunadamente, el fallo fue desfavorable a la compañía, como ha ocurrido con Pfizer y con Merck Sharp & Dohme en EEUU y Brasil, respectivamente.

Buenas noches. Las injusticias me sacan de mis casillas: me voy a tomar una valeriana Nike, quiero decir Kneipp.