jueves, 10 de enero de 2008

Zorra!

Ayer volvía a casa desde el trabajo, como siempre hago, en metro. Iba sentada y, ya que había olvidado mi libro en casa, me dediqué a observar a mi alrededor. Frente a mí estaba sentada una señora gorda y una cosa en ella me llamó la atención: tenía algo enroscado alrededor del cuello. Me fijé bien y me di cuenta de que ese algo era un zorro. Me pregunté cómo había llegado ese zorro hasta ahí y, para confirmar que la vista no me engañaba, pregunté al pasajero de mi izquierda si aquello era lo que yo creía. Me miró como si no entendiera y me dijo: "Sólo es un abrigo de piel de zorro". Le pregunté si no era peligroso llevar ese animal al cuello y me contestó, aún más atónito: "¡Pero qué tontería, si está muerto!". Aquella afirmación me tranquilizó sólo en parte: al fin y al cabo, no viajábamos con un zorro en el vagón, sino con un cadáver de zorro.

No podía dejar de mirar al animal, con sus ojos de plástico que parecían mirarme desde un iris pintado. De repente empecé a notar cierto movimiento, empecé a sentir la mirada del zorro, hubiese incluso jurado que el abdomen se le hinchaba. Miré a mi compañero de viaje buscando complicidad y él no me correspondió. Giré de nuevo la cabeza y vi una boca abierta, llena de dientes, saltar al cuello de la gorda. Ésta no tuvo tiempo de gritar mientras agarraba al animal resucitado e intentaba zafarse de él, enganchadito a su yugular. Los demás pasajeros, dando voces, se levantaron para ayudar a la señora, recostada hacia atrás en su asiento y con las piernas tensas, estiradas. Fue en vano. El zorro no quería soltar.

Yo no grité, ni volví a mirar, sino que me levanté hacia la salida: una gota de sangre había manchado mis recién estrenados zapatos. En ese momento, el pasajero que antes tenía a mi lado me miró incrédulo y era yo la que, entonces, no entendía su perplejidad: la señora llevaba un carnívoro al cuello, ¿qué esperaba?. Me bajé del metro sin prisas, un par de paradas antes de la mía. No miré hacia atrás y no sentí nada. En el fondo, cuando la naturaleza se rebela no queda más remedio que dejarla hacer.

Hacía una buena noche y los adornos navideños parecían tener ganas de irse a descansar hasta las próximas fiestas.

Esta mañana leí el suceso en la prensa. Según cuenta, el zorro -que al final resultó ser zorra- volvió a su estado disecado una vez se hubo asegurado de que la señora yacía muerta.

Vendetta, que dirían los italianos.

viernes, 4 de enero de 2008

Desinformación

Que conste que estoy en contra de la censura, a priori, como profesional de la comunicación y como defensora de las libertades pero, por motivos evidentes, creo en la necesidad de organismos reguladores de contenidos de comunicación y publicidad.

Hace algunos días vi en una revista un anuncio que me causó indignación; no era una campaña sexista de Dolce & Gabbana, ni nada por el estilo, era algo mucho más sutil: aparece un bote de medicinas con la etiqueta arrancada y la frase, "¿A que la marca sí es importante?". Farmaindustria, responsable del anuncio, añade que los medicamentos de marca son medicamentos de confianza y una garantía.

Vamos, que el Gobierno se gasta el dinero público en hacer campañas para animar al consumo de los genéricos, nuestro médico nos dice que hagamos uso de un producto idéntico con un precio considerablemente más reducido, para que las compañías farmacéuticas se dediquen a desinformar. ¿Dónde están los organismos reguladores que eviten estas campañas que confunden a la población?

Estamos hablando de una industria potentísima, que durante los últimos años, ha sido la más rentable en Estados Unidos. No entiendo cómo se puede desinformar de esta manera, confundiendo a quienes tienen aún dudas de si un genérico realmente es igual a un medicamento de marca.

Es el colmo, el marquismo llevado a los medicamentos. En realidad no sé de qué me asombro, si tenemos en cuenta la reticencia de las compañías farmacéuticas a romper sus patentes en los países necesitados, como en el caso Novartis que, sin pudor, interpuso una demanda al Gobierno indio por haber liberado la patente de un fármaco para combatir la leucemia. Afortunadamente, el fallo fue desfavorable a la compañía, como ha ocurrido con Pfizer y con Merck Sharp & Dohme en EEUU y Brasil, respectivamente.

Buenas noches. Las injusticias me sacan de mis casillas: me voy a tomar una valeriana Nike, quiero decir Kneipp.

jueves, 3 de enero de 2008

Democracia vestida de monja

Se me ocurre súbitamente una expresión –adolescente, chulesca, estúpida- ante las declaraciones de los obispos en su manifestación del día 30: ¿de qué coño vais?

No voy a ponerme a explicar por qué una pareja gay supone un núcleo familiar, por qué es conveniente que un matrimonio acabado recomponga su situación con premura o por qué una mujer embarazada está en su derecho de renunciar a un hijo fruto de una violación, por ejemplo... No voy a caer en ninguna de estas justificaciones porque las perogrulladas las dejo para otro momento.

Mi intención con este post es simple: mostrar mi indignación ante las exigencias de un colectivo religioso que, si bien es mayoritario, no es representativo de ninguna forma de democracia. La Iglesia se ha propuesto actuar como lobby, ir contra el gobierno lanzándose a la calle, algo que (por cierto) no le pega nada. La doctrina católica, amigos, no está aprobada –hasta donde yo sé- en ningún parlamento, ni la fe que profesan ha sido elegida por ningún pueblo. Los obispos propusieron el domingo una democracia vestida de monja, pero me pregunto si quizás no nos animan, de soslayo, a una dictadura con bigote y mano derecha bien extendida al frente.

Me parece absolutamente adecuada la respuesta del gobierno: la fe no se legisla. Es vuestra fe, es vuestra creencia, es vuestro fuero interno, es vuestra conciencia, es vuestra decisión, es vuestra moral... Como se diría en el lenguaje adolescente-patético que hoy me sale: es vuestra movida. Curiosamente, el PP esta vez no se moja, ¿demasiado cerca de las elecciones, quizás? Una postura demasiado radical parece no convencer a Mariano, se le podrían ir los votantes moderados que van a dar su papeleta a los populares por mera insatisfacción con el gobierno socialista.

Voy con la tercera perla quinceañera del día: señores, échenle huevos. Hagan un sencillo formulario online para que quien libremente –tanto que hablan de libertades- desee apostatar, que lo haga. ¿Por qué tantas facilidades para entrar en la Iglesia y tan pocas para salir?. Mis padres no me preguntaron si estaba conforme con ser bautizada, así que se me ocurre que podrían tener ustedes la deferencia de facilitarnos el abandono de su casa, a los que no queremos estar. Presumo que, si esto se hiciera, se les caerían la mayoría de católicos de sus listas. ¿Por qué en lugar de hablar del número de católicos que hay en España no hablan de la cifra de practicantes? Según un estudio del New York Times realizado en 2005, sólo el 18% de los españoles va a misa habitualmente.

Y por último, el laicismo radical del que se habló el domingo... ¿qué narices es eso? El laicismo no es la vorágine caótica e inmoral de la que ustedes hablan y mucho menos implica el menoscabo de valores naturales y morales como ustedes pretenden hacer creer. Les recuerdo que, según nuestra Constitución, éste es un estado aconfesional, gracias a dios. Sí, a dios o a quien sea, pero afortunadamente laico e implícitamente respetuoso con las libertades del individuo. Amén.