lunes, 31 de marzo de 2008

Sobredosis y casualidades

Accidentalmente, a las 9 y cuarto me tomé la medicación (el médico me dobló la dosis la semana pasada) por segunda vez en cinco minutos. Cuando me di cuenta, otras dos pastillitas rosas ya bajaban en un alegre viaje camino de mi estómago.

Los efectos de la sobredosis han pasado por distintas fases: la primera ha consistido en risas continuas y despiste divertido. La segunda ha sido de mareo y falta de concentración (Nayra, ¿no sabes sumar?). La tercera se resume en: "tengo ganas de vomitar, me he quedado dormida".

La casualidad y la aparición en escena de varios personajes sin rostro han sido las otras píldoras de hoy. ¿El color? probablemente negro, no lo sé. Esta primavera empieza con un bucle, como casi todos los periodos de calor (sí, ya sé que no hace tanto). Ese bucle parece ser de color negro sin que esto implique necesariamente pesimismo. Es una casualidad de esas que siempre encontré sin buscar, de esas de colores y calores, de esas medemianas, de las de Otto, de las de Ana.

El bucle, como clásica espiral de primavera, trae novedades y trae personas y trae formas femeninas y masculinas y cuerpos redondeados con un límite bien marcado en tinta negra. Picasso, precubismo. Es el momento de la descomposición de las formas, de la desfragmentación de los rasgos. Yo todo lo veo como en un cuadro y todo lo siento en estas letras que tienen forma y carecen de contenido, que son planas como el cubismo, que son geométricas y cuadriculadas como un campo desde el aire.

Ya advertí que estaba como drogada. Ahora a ver qué píldora me tomo -y de qué color es- para salir de ésta. Necesito un cuadro blanco, como pintado por Rothko, pero en blanco.

viernes, 28 de marzo de 2008

Tic tac

(Continuación del post anterior, Esta mañana)

Anoche tuve una visión. Fue una imagen de escasos diez segundos:

Tendidos en la cama, sábanas amarillas, edredón blanco y naranja.
Él estaba tumbado boca arriba y yo disfrutaba con mi oreja derecha pegada a su pecho mientras él jugaba con mi pelo.
Cuanto más lo oía, más fuerte me reía...

Tic tac, tic tac

No podía parar de reírme: ya no me sorprendía que el Tiempo no tuviera corazón.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Esta mañana

Cuando me desperté esta mañana no sentí nada especial. Me quedé unos segundos con los ojos cerrados, sintiendo el peso de mi cuerpo sobre mi lado izquierdo, reconociendo el tacto de mi edredón, la luz que entraba por el ventanal, imaginé la almohada en otra punta de la cama como cada mañana...

A los pocos segundos abrí los ojos y vi mi ropa tirada por el suelo, esparcida como haciendo un caminito desde la puerta hacia la cama, las bragas a los pies, hechas una bola. No entendí nada. Miré bajo el edredón. Desnuda. Estaba desnuda.

En ese momento, sentí una mano en mi cadera. Dios, de quién es esa mano. Me giré lentamente. Frente a mí, un chico de cara dulce y agradable tenía los ojos cerrados y una sonrisa de bebé recién amamantado. Dormía a medias. Desnudo. Estaba desnudo.

No le conocía. Genial. Me había acostado con un desconocido. Supongo que a toda mujer le llega la hora en algún momento. Esa debía de ser la mía. No recordaba haber conocido a nadie; la noche anterior había salido a tomar algo con una amiga, nada del otro mundo...

Entonces me vino a la cabeza ese artículo que leí semanas atrás acerca de la práctica de colar drogas sintéticas que en vaso ajeno para poder abusar fácilmente de una víctima poco atenta. Me habían pillado.

Fue en ese instante cuando el chico guapo con pinta de extranjero abrió los ojos y sonrió a conciencia. No es que yo sepa qué pinta tiene un violador, pero aquél no me parecía que fuera el rostro de uno de ellos.

Me miraba mientras parpadeaba lentamente como complacido, satisfecho. Yo no sabía qué hacer. A punto estuve de preguntarle si había disfrutado, si habíamos tomado precauciones, si quería un café o quién coño era, por ejemplo... pero no me atreví. Quizás tuviera un brote de amnesia temporal y en cinco minutos lo recordaría todo, puede que aquél incluso fuese mi novio desde hacía cinco meses; por si acaso, callé.

Cuanto más le observaba, más familiar me resultaba algo en su cara. Sus ojos, sí, era su mirada. Me parecía recordarle como si fuese un amigo de la infancia o como si se pareciese a algún presentador de telediario de hace años.

Él no dijo nada, sólo empezó a acariciarme -sfiorarmi- un brazo. Yo noté un nudo dentro, muy adentro, que me enmarañaba el tronco y empecé a llorar bajito. Me abrazó, primero suavemente, luego cada vez más fuerte y, cuanto más intenso era su abrazo, más lloraba yo.

Me quedé dormida así, entre hipidos, sintiendo su calor y el sol en mi cara.

Un par de horas más tarde me desperté. Abrí los ojos enseguida. Estaba acostada sobre el lado izquierdo. Vi mi ropa arrancada haciendo su caminito hasta mi cama, las bragas hechas un ovillo a los pies. Desnuda. Estaba desnuda.

Me di la vuelta despacio. Sola. Estaba sola.

Sobre la sábana amarilla, una nota: "No te despistes, ahora ya sabes que existo; no necesitas otra visita, entonces quizás ya sea tarde".

No lo había soñado. Me habían violado. No esa noche, sino durante toda mi vida, había sido una violación continua, una posesión perpetua, sin permiso, sin autorización. Él me había arrebatado el control porque siempre había estado ahí. Desde el principio.

Entonces lo entendí todo: esa mirada que me resultaba familiar es la que siento cuando me cepillo el pelo, la que me observa detrás del espejo, la que me mira cuando riego las plantas, la que me vigila cuando espero al autobús, la que me espía cuando tomo un té con una amiga; la que no suelta, la que no cesa.

Me acosté sobre mi espalda. Él ya no estaba pero sentí todo su peso sobre mi cuerpo, el peso de estos años. Sus embestidas. Las embestidas del Tiempo. Que no perdonan. Que te violan.

Y me hice mayor. Esta mañana.

lunes, 24 de marzo de 2008

Sala de espera

Una hora y media esperando. Pretendía pasar el tiempo leyendo. Imposible.

Caras largas, caras amargas, rostros avinagrados, ojos aletargados. Me sorprende ver en ellos tan poco miedo, prima más la impaciencia. Cuando uno tiene prisa, no tiene tiempo ni para pasar miedo.

Un niño estrábico de dos años de madre post-adolescente a la que no le importa que su niño me llene de babas y me quite el libro para jugar; qué remedio, tendré que hacerle caso aunque él no me mire directamente, bastante tiene con ser bizco y con tener esa madre que juega con su móvil. Lo has pillado tarde, niña: era la edad de jugar, no de follar sin condón.

La señora que busca conversación entre los pacientes criticando a la doctora que tenía y que, gracias al cielo, le han cambiado y su marido que echa la culpa del retraso de la consulta a Zapatero y al ministro de sanidad Solbes.

La hija que le pregunta a un señor que lee La Razón cómo quedó el Madrid y se alegra de que haya perdido ante la mirada atónita del lector del folletín.

El sudamericano que se desespera y me dice, "¿pero toda esta gente está para reumatología?" y yo que le tranquilizo diciéndole que es una sala compartida para cardio, reuma y oftalmología, a la vez que me sorprendo porque ya hablo como una profesional sanitaria.

La peste es el libro que leo y, sin embargo, me resulta menos nauseabundo que la realidad.

La señora a la que han debido de dar una paliza y, con un ojo reventado, es conducida a toda velocidad por el celador en una silla de ruedas hacia la sala de curas. Y yo pienso, "ese pibe va muy rápido y le mira el culo a todas las enfermeras: deberían hacerle una prueba de alcoholemia por conducir ebrio mientras trabaja".

La señora que me busca con la mirada detrás de mi libro y me pregunta si a mí me caía bien la doctora y yo que contesto seria, encogiéndome de hombros, pero me da pena y acabo hablando un poco con ella. En realidad miro a mi alrededor y todo me provoca una náusea mayor que la enfermedad que describe Camus, que esa peste olorosa en Orán.

Empiezo a notar el olor de aquella sala; cuando empiezo a sentir los olores de esa manera significa que me estoy mareando. Me pongo de pie, camino por el pasillo. Empieza el baile de palabras, que se clavan directas en mi mente, que empiezan un viaje indirecto a esta ventana de la red:

Anorexia
Verde
Risas
Pues mi vecina vino por lo mismo y se murió de cáncer
Residentes con la cabeza alta, orgullosos, poderosos
Enfermeras de las de toda la vida, con sus cadenas de oro
Enfermeras de las jóvenes, que miran por encima del hombro a las anteriores
Limpiadoras que ya no huelen la sangre
Sangre
Camilla
Gemido
Soledad, que la salida es por allí
(Ah, ¿pero hay salida para la soledad? ¿Y por dónde ha dicho usted que es?)
Baldosas que empiezan a ondularse, yo pienso en unas Ruffles
Me hago pis
Nayra, hija, pasa
(Gracias, Dios, gracias)
¿Cómo dice, doctor? ¿Mi corazón? Ah, sí, bien, gracias, late.
Sí, sí, me encuentro bien; disculpe, es que por un momento no me acordaba de a qué había venido...

jueves, 20 de marzo de 2008

Cinco años después

Hace cinco años estábamos en la calle. Hace cinco años nos quedamos afónicos. Recuerdo cómo nos agarramos con fuerza mientras las pelotas de goma volaban por la Montera.

Hace cinco años y hace cuatro y hace tres y hoy y siempre hemos dicho No. No a la guerra. A la guerra, en general, y a aquella guerra, en particular.

Entonces no sabíamos que hoy hablaríamos de 80.000 muertos. Ochenta mil. El 11 de septiembre murieron en Estados Unidos 3.000 personas. Casi 30 veces más muertos en esta guerra que hoy tristemente recordamos, en ese Irak lejano, con su posguerra perpetua, sus consecuencias dementes y sus armas de destrucción masiva inexistentes.

Hoy vemos las imágenes que resumen este lustro desde lejos porque, como todo el mundo sabe, Irak está mucho más lejos que Washington de España y de cualquier parte del mundo. Irak siempre está más lejos, Irak estuvo lejos de las Azores, lejos de aquellas calles de Madrid y de tantas ciudades del mundo que tomamos a la vez para decir que habría sangre.

Cinco años después el problema es que esa sangre no nos salpica, no nos ha salpicado nunca, ni siquiera la imaginamos, aunque la veamos en la pantalla a las 9 de la noche, casi cada día. De hecho, hoy podemos decir que la situación en Irak es muy buena. Esta guerra ha sido noble, necesaria y justa. La primera apreciación pertenece a Aznar. La segunda, a Bush. No entiendo qué es una guerra noble.

Hombres de la guerra, váyanse a Irak, intenten comprar manzanas en un mercado, intenten llevar a sus nietos al colegio, intenten ir a rezar a un templo, intenten sobrevivir como han hecho esos 80.000 iraquíes. Intenten no morir cada día poco a poco.

No quiero hacer de este post una recopilación de cifras, aunque bien merecen la pena para darnos una hostia de realidad, pero no dudéis que esta guerra, según Bush, acabará en victoria.

La victoria de la vesania, la victoria de los locos. Vuestra victoria, hijos de puta.

viernes, 14 de marzo de 2008

Me gusta

Los cruasáns rellenos de crema
El rojo. El negro. El blanco
Las papelerías, especialmente las italianas
Los gatos. Mis gatos. Los felinos. Los animales
La frase “No pasarán”
Johnny Depp
Los cuadros azules
Estar calentita cuando hace frío
Heidi
Quienes se comprometen, se involucran y reivindican
La horchata
El fauvismo
Mojarme (en todos los sentidos)
Italia
Dormir mucho. Dormir con edredón
José Saramago
Expresarme
Olerlo todo –desde una goma de borrar, hasta un libro de física cuántica pasando por tu omóplato izquierdo-
Hello Kitty
El blandiblú
Otras cosas verdes como la naturaleza
Que me sorprendan
El chocolate con leche (Cadbury o Kinder a ser posible)
Creer en las causas perdidas
Los cuadernos
Las columnas de Juan José Millás
El mar; cuanto más oscuro, mejor
El otoño
Mi nombre
El atún crudo
La casa de mis padres, en la que me crié
Los complementos de vestir
La plastilina
Dormir enroscada alrededor de
I gelati italiani
Sensación de vivir
Los hombres muy altos
Observar a los zurdos
El agua de la ducha muy caliente
El sushi
Las cartas, con su sobre, su sello, sus tachones...
Los Pilot
Los puestos del mercado de fruta y verdura
Pisar los charcos
I tortelloni di mia nonna
Los peluches y muñecos
Las plantas
Soñar que corro mucho y me zambullo en el mar. Sin cansarme, claro
Las velas
El periódico; sí, soy masoquista, ¿algún problema?
La voz de Eddie Vedder
Los playmobil
La salsa de soja
Cuando mi amiga Bea escenifica lo que me cuenta
Saltar en parapente, ¡y volar!
Los masajes
El Lush
El civismo
La coca-cola
Budapest
El ruido de las ruedas de unos patines sobre el asfalto
Pensar que algún día seré madre. Y mi madre, abuela
La memoria
Las dunas
La luna lunera

Mafalda

miércoles, 12 de marzo de 2008

No me gusta

Madrugar
Ver pelis dobladas
Las vísceras
Las arañas
El fútbol. El deporte. Los hinchas
Los rayos UVA
La tolerancia ante lo intolerable
Que no me miren a la cara
La falta de gratitud
Las discotecas
El MarrónAmarillentoCasiCaca
La mala educación
El tacto del algodón, qué grima
La gente políticamente correcta
Los que no saben que el móvil se puede apagar
La salsa, el merengue, el reguetón, el bakalao
Que la gente mee en la calle
Los tíos cachas
Los pendientes de perlas
El verano
El Opus Dei
Mi arruga Anastasia
La discriminación positiva
La gente que habla alto en los museos
Los videojuegos, ¿eso qué es?
Que la gente no ceda los asientos
El atún en escabeche o cocinado
Que me toque un desconocido (si necesitas paso, dilo, ¡no me agarres de la cintura!)
No saber ir en bici como una persona normal
El ruido
Ir al dentista
Las botas blancas de punta y tacón fino
Que tengan el poco sentido común de matar a un toro en una plaza y encima lo llamen Fiesta y lo escriban en mayúscula
Coca-Cola
Acebes
El aire acondicionado
El maíz
El humo, el tabaco
Las putas en la Montera
La leche: un año de teta materna no hay vaca que lo sustituya
Los que callan y permiten, que no piensan que el que viene detrás se va a encontrar con una injusticia que ellos han podido remediar
Las series de TV
Los pirsings a modo de lunar
No saber dibujar
Los vasos de tubo
Que se me cuelen, como esta mañana (y casi todas) en el bus
Las uñas largas
Las anchoas, que aunque las quites, sigue sabiendo todo a anchoas
Los celos

Mi memoria
La dejadez
, la desgana, la desidia, la indiferencia, il menefreghismo

martes, 11 de marzo de 2008

Mazinger ZP

Según la wikipedia, Mazinger es un término japonés que significa "dios/demonio", lo que implica que una máquina puede usarse para el bien o para el mal en manos humanas y que todo avance técnico no es bueno ni malo en sí mismo, sino que, simplemente, depende de quién lo maneje.

Ahí lo tenéis... Zapatero es el auténtico Mazinger ZP

Pues sí, a estas alturas no quedará español que no se haya enterado de que ha ganado el PSOE. Quizás los que anden encerrados en un reality show (ellos sí que levantan el país, coño) hayan llegado al martes sin saberlo, pero tampoco creo que les importe demasiado.

El Mundo me dejó alucinada con su mal perder... Su portada de ayer titulaba "España encarga a Zapatero la tarea de sacarla de su crisis". Supongo que si por ellos hubiera sido, ni siquiera habrían dado la noticia. ¿Tanto les costaba decir que el PSOE había ganado?. Me hizo casi tanta gracia como la viñeta de Forges, que anunciaba que "siempre les quedaría Eurovisión".

Creo que los resultados electorales han puesto de manifiesto la necesidad de crear una nueva ley electoral que derogue la ley D'Hondt y cree una circunscripción única. Izquierda Unida, pobre Llamazares, hubiera conseguido 12 escaños de haber existido un sistema distinto.
En cuanto a la victoria del PSOE, no sé si ha existido tal victoria o deberíamos hablar de la derrota del PP. Creo que la oposición nefasta y obsoleta de Rajoy ha beneficiado al PSOE más que la propia política de Zapatero.

En cualquier caso, Mazinger ZP tiene que dar al rojo más color y darle una patada a la caspa y a lo trasnochado... Os lo creáis o no, mi herpes Manolo hizo su aparición el sábado por la noche... los nervios pre-electorales, supongo (de hecho me estoy planteando cambiarle el nombre de Manolo por el de Mariano). Ahora duermo tranquila: menos mal que el PP ha quedado fuera, ya me veía a Rouco gobernando el país.

Beati noi, Valerio, beati noi.

jueves, 6 de marzo de 2008

That cure

Tonight I will find the cure for all my nightmares...
Tonight I will feel just like in heaven...
Tonight I will find that cure... your music.
That music
That's music!