El otro día me llamó una amiga.
Le contesté al teléfono con un hola tirando a efusivo.
-¡Hola!
-¿Le conozco?
-¿A quién?
-Al del big mac
Ay dios, el puto big mac me está haciendo dar más explicaciones que la Lewinsky a Clinton.
-No lo sé
-¿No lo sabes?
-No
La verdad es que no sabía si ella le conocía. ¿Cómo iba a saberlo? Yo, desde luego, no conocía al chico del mac donald's, pero por mucho que me hubiese inventado la historia, eso no quería decir que el chico que me dejó plantada y que olía a ariel, no existiera.
-¿Pero quién es él?
-Es que no lo sé ni yo
-¿Cómo? Pero tú has escrito la historia, tú sabrás quién es él...
-Es que no lo sé, esa historia no ha ocurrido
-Ah, o sea, que él no existe
-Yo no he dicho eso, supongo que en algún lado, ese pibe estará atiborrándose a papas fritas, quizás en un centro comercial de la periferia. ¿Cómo voy a saberlo?
-Te das cuenta de que lo que dices no tiene ningún sentido, ¿no? Eres consciente de que estás diciendo una estupidez, ¿verdad?
-Mira, yo no soy quién para decir que esa persona que según mi historia me dejó delante de una hamburguesa no sea real, porque si fue capaz de salir de mi cabeza, quizás está en algún sitio
Mi amiga me dijo que cada vez me entendía menos y me preguntó si me encontraba bien, insistiendo en que me echara una siesta que, por supuesto, no me eché.
Yo sigo sin entender su sorpresa, es cierto que no tengo ni idea de quién era él, pero eso no es motivo para ir diciendo por ahí que ese tipo no era nadie. No soy quién para asesinar a los productos de mi imaginación, quizás ellos existan, puede que incluso la historia, sin haber ocurrido, tenga algo de real...
lunes, 20 de abril de 2009
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