Continuación del post anterior
"Hace semanas que no lloro"
Eso pensaba mientras le esperaba en mi casa regando las plantas, quizás por la asociación del agua cayendo, o no. No lo sé. El caso es que pensaba en que hacía como cuatro semanas que no lloraba y creo que algo me decía que iba a llorar ese día.
Se empeñó en que no hiciera la cena, que no tenía hambre y se plantó en mi casa con una bolsa del Mac Donald's y dos mac menús: uno cuarto de libra y otro big mac. No sé cuál te gusta más.
Le conocí hace unos cinco años, tuvimos una historia que se acabó como se acaban las historias sin futuro, seguimos quedando unas cinco veces al año para tomar algo y, hace un tiempo, le llamé con unas ciertas intenciones que se volvieron actos reales y repetitivos.
En esta segunda etapa descubrí que su madre seguía haciéndole la compra y que por eso su ropa olía ahora como cuando yo se la quitaba años antes. Como iba diciendo, nos liamos durante dos meses, hasta el día del McDonald's a domicilio: en el momento en que le vi entrar y reparé en la bolsa, supe a qué venía.
Se sentó, sacó las hamburguesas y me preguntó cuál quería; le dije muy seria que no comía mierda y se encogió de hombros. Se comió primero el big mac al que previamente retiró los pepinillos y añadió dos sobres de ketchup, luego un paquete de patatas, luego medio cuarto de libra -repitiendo la operación anterior- y al final la mitad del otro paquete de patatas. Deluxe, como si esa fritanga inmunda pudiera ser delujo. Entre bocado y sorbo de pajita tuvimos la siguiente conversación:
-lo de liarnos mola y eso, está bien, pero te veo distinta
-distinta
-sí, como más, no sé...
-¿más qué?
-como... ilusionada
-ilusionada, yo; ilusionada, contigo
-sí, no sé, te brillan los ojos. No quiero que confundas las cos...
-soy miope, a los miopes nos brillan los ojos
-ya, pero, tía, no es la miopía, es...
-¿es qué?
-es que, mira, que se te nota
-¿la miopía?
-¿qué? que no, coño, que dejes la miopía...
-¿la alergia? es la época, me pican los ojos...
-pero tía, que no, que tengo mis razones, que se te nota que para ti hay algo más y yo estoy bien así, solo y, vamos, que tan amigos como antes, que eso no va cambiar
-ah, sí, vale, amigos por decir algo, guay, pero de verdad que no me gustas, que...
-¿quieres el pepinillo?
Eso pensaba mientras le esperaba en mi casa regando las plantas, quizás por la asociación del agua cayendo, o no. No lo sé. El caso es que pensaba en que hacía como cuatro semanas que no lloraba y creo que algo me decía que iba a llorar ese día.
Se empeñó en que no hiciera la cena, que no tenía hambre y se plantó en mi casa con una bolsa del Mac Donald's y dos mac menús: uno cuarto de libra y otro big mac. No sé cuál te gusta más.
Le conocí hace unos cinco años, tuvimos una historia que se acabó como se acaban las historias sin futuro, seguimos quedando unas cinco veces al año para tomar algo y, hace un tiempo, le llamé con unas ciertas intenciones que se volvieron actos reales y repetitivos.
En esta segunda etapa descubrí que su madre seguía haciéndole la compra y que por eso su ropa olía ahora como cuando yo se la quitaba años antes. Como iba diciendo, nos liamos durante dos meses, hasta el día del McDonald's a domicilio: en el momento en que le vi entrar y reparé en la bolsa, supe a qué venía.
Se sentó, sacó las hamburguesas y me preguntó cuál quería; le dije muy seria que no comía mierda y se encogió de hombros. Se comió primero el big mac al que previamente retiró los pepinillos y añadió dos sobres de ketchup, luego un paquete de patatas, luego medio cuarto de libra -repitiendo la operación anterior- y al final la mitad del otro paquete de patatas. Deluxe, como si esa fritanga inmunda pudiera ser delujo. Entre bocado y sorbo de pajita tuvimos la siguiente conversación:
-lo de liarnos mola y eso, está bien, pero te veo distinta
-distinta
-sí, como más, no sé...
-¿más qué?
-como... ilusionada
-ilusionada, yo; ilusionada, contigo
-sí, no sé, te brillan los ojos. No quiero que confundas las cos...
-soy miope, a los miopes nos brillan los ojos
-ya, pero, tía, no es la miopía, es...
-¿es qué?
-es que, mira, que se te nota
-¿la miopía?
-¿qué? que no, coño, que dejes la miopía...
-¿la alergia? es la época, me pican los ojos...
-pero tía, que no, que tengo mis razones, que se te nota que para ti hay algo más y yo estoy bien así, solo y, vamos, que tan amigos como antes, que eso no va cambiar
-ah, sí, vale, amigos por decir algo, guay, pero de verdad que no me gustas, que...
-¿quieres el pepinillo?
Cogí el pepinillo con la yema del dedo índice, como si fuera una lentilla. Me lo comí. Sabía a hamburguesa. Lo escupí. Ni servilleta ni nada, lo escupí en la caja de cartón.
-tía, no te enfades
-no estoy enfadada. Me la suda
-no te la suda, acabas de escupir el pepinillo
-¿eres gilipollas? que escupa el pepinillo no quiere decir que esté cabreada
-bueno, como quieras, pero tía, en serio, como amigos, ¿eh?
-vete
-¿qué?
-que te vayas, en serio. Has terminado de cenar, ¿no? Pues, como amigo, vete. Quiero estar sola
-¿ves? te has cabreado
-no. Lo que pasa es que ahora quiero estar sola y que deje de olerme a ariel mezclado con salsa deluxe.
-tía, cómo eres
-deja de llamarme tía. Vete, por dios
No recogió nada, le acompañé a la puerta. Cuando volví al salón, miré la media cuarto de libra. La abrí, le metí los tres pepinillos no escupidos y me la comí.
Después me eché a llorar, un poco por el remordimiento de meterme grasas saturadas en el cuerpo, un poco porque que un tío se plante en tu casa con dos mac menús de mierda para decirte que no quiere seguir liándose contigo, es de las cosas más degradantes que te pueden pasar. No he vuelto a llorar desde entonces.
