miércoles, 3 de diciembre de 2008

Crisis (en todos los sentidos)

Hay que ver lo que cambian las cosas. Hace un año escribía feliz y contenta sobre la llegada de la Navidad y hoy preparo la cama para meterme en ella y no salir hasta el siete de enero y a dormir, que es prácticamente lo único que hago, a parte de trabajar, de un tiempo a esta parte. Y me sienta bien.

Creo en las etapas así que tengo toda mi confianza puesta en 2009 para que venga y se lleve este 2008 a tomar viento. Yo pienso tirar mi agenda de este año para hacer como si no hubiese existido.

Y hablemos de crisis, no? que si no, no somos nadie. No está mal que el ayuntamiento de Madrid se gaste 4,6 millones de euros en luces de Navidad. Y conste que no digo que no las ponga, sino que se corte un pelo, coño. La mayoría de empresas se quedan sin jamón y sin cena, pero el ayuntamiento de Gallardón tiene que lucirse. Claro. Y la gente esperando, por ejemplo, por guarderías cuyas obras han sido paradas por la crisis... Pero las luces no se apagan, no sea que nos quedemos a oscuras.

Nosotros no nos lucimos, nos espera un año de crisis de puta madre. La comunicación se va a pique a base de bien. Los despidos en los medios de comunicación están siendo cuantiosos, pero, claro, a los medios no les apetece poner en su portada: Este diario despide al 30% de su plantilla.

Ya os contaré qué tal se quedan las calles de cara a las compras de Navidad. Sólo sé que este año, al volver del curro a casa, voy a tener que coger un helicóptero, porque el centro de Madrid va a ser un infierno de luces y compras. ¿Quién dijo crisis?

martes, 18 de noviembre de 2008

46.000 euros

Adivina adivinanza. Hoy vamos a intentar adivinar cuánto vale una persona en euros.

Para ello vamos a partir del siguiente caso práctico: tres chicos prenden fuego a una indigente que duerme en un cajero. Éste queda destrozado y aquélla muere.

Si tenemos en cuenta que la indemnización a la entidad propietaria del cajero es de 26.179, ¿a cuánto puede ascender la indemnización a la familia de la muerta?

Además, os voy a dar una pista: Telecinco ha sido condenada a pagar 50.000 euros a Carmen Bordiú por mentir sobre su vida.

Con estos datos podríamos hacer algunos cálculos y nunca llegaríamos al resultado real: 46.000 euros. La indigente -que no señora- cuesta cuatro mil euros menos que la señora Bordiú -que no nietísima mediatiquísima vendomividacuandomeconviene- y ni siquiera el doble que el cajero.

Creo que he planteado mal el problema: dije que íbamos a averiguar cuánto vale una persona. Quizás debí decir indigente.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Otro fin de semana. Sin más.

De aquí no te levantas hasta que tengas un post escrito. Y en condiciones, no vale cualquier mierda.

A veces pasa eso, cuando una de las dos nayras se pierde y desconcentra a la otra. Por ejemplo, hace un rato, una estaba limpiando la cocina y la otra le dictaba un post para este blog. Se inició una discusión entre ambas, la una porque no era el momento de escribir, pues estaba con un estropajo en las manos y la otra porque la una decidía limpiar mientras ella estaba inspirada.

Como veis la cosa acabó mal y ahora que la una escribe, la otra está de morros y ya no quiere dictarle cosas bonitas, por lo que este post será una cagada considerable. Hay días que tengo una orgía de nayras y no me queda otra que mandarlas a todas a paseo y tirar de ibuprofeno (palabra a la que le pega una hache, pero que no la lleva). Normalmente, como hoy y gracias al cielo, sólo tengo dos.

Por ejemplo, se van las horas de sol y casi no me ha dado la luz este finde. Contando que soy una persona especialmente diurna, esto no tiene mucho sentido, por lo que hay una seria disputa entre las dos. Una quiere sol y la otra manta y casa. Mi psicoanalista dice que con el tiempo tendré menos conflictos internos. Pero qué coño digo, si no tengo psicoanalista; joder, veo mucho cine argentino, me temo.

Las dos nayras son especialistas en pelearse los fines de semana. El sábado pasado, por ejemplo, la armaron frente a la jaula de los gorilas. Sí, ya sé que estoy en contra de los zoos, pero desde verano colaboro como voluntaria con un grupo de adolescentes problemáticos y esa fue la excursión que tocó, así que decidí que la causa valía el esfuerzo.

Pues ahí estaban las dos nayras rodeadas de pibes que hacían mil preguntas (cuándo vemos a las putas de la Casa de Campo era la más frecuente) y uno quiso saber por qué aquellos bichos se comportaban de manera extraña. Y una nayra decía que bueno, que claro, que son animales en cautividad pero que están muy bien cuidados y que así chavales como ellos pueden acercarse a verlos, pero la otra le tapaba la boca y rebatía: pues ya ves que egoísta es el hombre, querido, que es capaz de encerrar en este espacio de cemento a cientos de bestias y pierde el tiempo en crear un espectáculo con un delfín jugando al julajop y su cuidador haciendo surf usándole de tabla... y así se iban intercalando las dos nayras.

Lo que menos entendía uno de los pibes era que las aves no aprovechasen el espectáculo de vuelo para escapar. Yo tampoco, la verdad, y mira que ambos les gritábamos que lo hicieran, que tenían todo el espacio del mundo, todos los cielos y todos los árboles, pero no nos oían. Pobres águilas que un día se quedaron sordas a los consejos que les podrán dar la libertad. Llegaron los orangutanes. Las dos nayras lloraron, cada una una lágrima y dijeron: a casa. Cuando se despidieron de los chicos en el metro, se comieron un twix de máquina demasiado frío, pero indispensable para sentirse mejor, y caminaron con la cabeza gacha.

Es domingo por la tarde y las dos nayras se asoman por la ventana y esperan que alguna de esas rapaces pase por su ventana y diga: me he escapado. Como siempre, las dos nayras esperan más de la cuenta.

viernes, 31 de octubre de 2008

El perdón y la memoria

En estos días en los que se habla de desenterrar fosas y poner nombre a montones de huesos en pro de algo que llaman Memoria histórica (si la historia no tuviera memoria no sería tal cosa), yo pienso en que la memoria es necesaria para perdonar, o para todo lo contrario, pero ante todo es un derecho.

Y no sólo es un derecho, sino que la memoria es también un deber, al igual que lo son el castigo y la justicia. Desde mi punto de vista, existe una necesidad imperiosa de no olvidar. El pueblo no debe olvidar y no por sed de venganza, sino porque creo que es imprescindible recordar para así no repetir errores.
"El tirano oprime a sus siervos y ellos nunca se revuelven contra él, lo que hacen es machacar a los que tienen debajo". Cumbres borrascosas, Emily Brönte.
Tengo que decir que no tengo una opinión definida acerca del desenterramiento de fosas comunes, pero lo que sí tengo claro es que un crimen de lesa humanidad no puede prescribir. Que un delito prescriba es una insensatez. Mientras haya vida tiene que haber esperanza. Y la esperanza no es posible si no hay justicia. ¿Qué le queda a alguien a quien un régimen le arrebató todo sino ver que se hace justicia? Mientras haya vida tiene que poder hacerse justicia. Ni amnistía ni hostias. Justicia.

Quienes creen que apelar a la memoria es no saber perdonar, se equivocan. Querer recordar no es querer venganza, es pretender aprender de los errores y enmendarlos. Si se puede. Si nos dejan.

Algunos olvidan más de la cuenta y se mandan mudar a un limbo de mentira, allí donde parece que no ha ocurrido nada, para poder tirar hacia adelante. Sin embargo, acaba ocurriendo que un día te cogen de los pelos y te llevan a rastras hasta el montón de tierra bajo la cual se agitan cráneos agujereados. Es entonces cuando, de rodillas ante la realidad, muerdes el polvo y agarras esos huesos para con ellos golpear a los culpables. Es entonces cuando dices que no perdonas. Es ese el momento en que dices, ¿quiénes somos nosotros para concederos el perdón que no habéis solicitado?

Y ese día, te dejas caer en la fosa común, común al dolor, a los miles de muertos de la Guerra Civil, de las guerras silentes, de todas las guerras, todas iguales, y dices No pasarán.

Y sí, hoy he amanecido con los puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud, pero la ingenuidad me absolverá de equivocarme y aquí cada uno aporta lo que sabe. O lo que puede.

lunes, 6 de octubre de 2008

Sosa cáustica

He jugado a ser el hombre de la casa y he decidido paliar el atasco de mi ducha. Ha sido el segundo intento, ya que el primero -acabado en fracaso y en el pensamiento de mecagoenlaempancipacióndelamujer- consistió en sacar con un alambre la bola de pelos y demás cochinadas que habían creado un ecosistema en la tubería. Después de que la ducha siguiera igual de taponada, decidí tomármelo más en serio y acudir a elementos químicos de nombres esdrújulos que nunca fallan y suenan a corrosivos y peligrosos: ayer conocí la sosa cáustica arrodillada ante un estante de Mercadona.

Me llevé aquel kilo de preparado del que sólo iba a necesitar una cucharada y pude leer con asombro que la sosa cáustica también sirve para preparar aceitunas, algo que me hizo sentir un escalofrío: lo que va a cargarse el submundo de mi plato de ducha me lo trago con las olivas que ponen cuando pido una clara en La Latina.

El caso es que esta mañana cogí un destornillador para desenroscar -con bastante dificultad- la cosa ésa metálica y vertí diligentemente y con poca fe la sosa cáustica en el sumidero. Cuando me duché no me lo podía creer: mi ducha había vuelto a ser una ducha sin características piscinales.

Quedé tan contenta del resultado que llené otro tapón con la sosa y me lo acerqué a los labios -al fin y al cabo, he comido muchas aceitunas en mi vida-, pero lo pensé mejor y añadí unos chorritos de: crema anticelulítica, crema antiestrías, crema de día, crema de noche, crema de cuerpo, colágeno para el pelo, exfoliante, contorno de ojos y enjuague bucal. Entonces sí, abrí la boca y me tragué la fórmula improvisada.

Cuando me di cuenta de que la ingesta del producto estaba contraindicada, llamé al 112. En el hospital consideraron que estoy perfectamente y que no necesito lavado de estómago. Al parecer la sosa cáustica me ha desatascado, tal y como pretendía, y ahora soy una persona nueva de aspecto radiante y sin celulitis en el culo. El único problema es que no sé que hacer con tanta claridad en la laringe y unas tetas tan turgentes y echo de menos el atasco interno de ayer y anteayer, etc. Una le coge cariño a sus fantasmas y a su piel de naranja.

En fin, da igual; ahora que ya he descubierto cómo combatirlos y que sé que me quedan 973 gramos de sosa cáustica en la cocina, pueden volver cuando quieran. Ya no les temo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Impar

Llevo 24 minutos delante de este hueco blanco y no sé qué contar para rellenarlo. He perdido la palabra.
Podría intentar describir la sensación que me ha producido el que Carlos hace un rato me haya dicho que me veía de muy buen humor y que se notaba que estaba especialmente bien, pero también podría dejar esto en blanco e irme a la cama a disfrutar del otoño bajo el peso el edredón.

Me fastidia haber perdido el hábito y no escribir tanto como hace unos meses; me jode mucho saber que este post carecerá del comentario del comentarista que (casi) siempre comenta y más me jode el porqué de esa ausencia (temporal). Este post va a quedar desordenado y me da igual: una no puede seguir siempre un hilo inexistente, máxime cuando la maraña es voluntaria.

He cocinado por primera vez cebolla caramelizada. Me ha dado rabia no haber descubierto antes lo fácil que es hacer algo tan rico. Es como cuando eres feliz y te dices: "si no costaba tanto". La felicidad es un estado de ánimo, un día concreto, una hora determinada. A mí me hace feliz cocinar para mis amigos o comer queso. Ir al mercado a comprar aguacates y setas y que me regalen el perejil. Sé que eso no es la felicidad, pero se le debe de parecer bastante.

Me resulta extraño ser el número impar en todas las citas de últimamente, ese maldito 3 o 5 o 9 que sumo junto a esa pareja o esas dos parejas o esas cuatro parejas. Soy el número asonante que no rima con nada, si no de qué iba a mantenerme siempre impar. Si no de qué iba a estar yo aquí un viernes por la noche, vestida con un vestido raro de color negro lleno de pelos de amor de gata impar a su dueña impar.

Definitivamente, me voy a la cama de plazas pares a soñar sueños de rima fácil y a crear versos de estilo libre y a dejar que mi gata me clave ligeramente las uñas mientras duerme y a oír en mi cabeza Hysteria. Lo de escribir cosas decentes para que ustedes entiendan algo, puede esperar.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Un pez rojo

Cuando me planto delante del recuadrito vacío en el que se supone que tengo que escribir el texto que quiero colgar en mi blog, la rayita vertical del cursor parpadea insistentemente. Cada vez que estoy plantada en mi sofá, el silencio de la casa pone en evidencia el tic tac del reloj de pared, que suena igual que aparece el cursor: absurdo, cansino, impertinente.

Supongo que lo más absurdo de todo lo que me rodea soy yo en pijama mandando currículos por internet, respondiendo a cuestionarios sobre por qué soy la candidata idónea y qué me parece cobrar 15.000 euros brutos al año: pues una puta mierda, ¿qué me va a parecer?

Espero el momento en el que alguien le eche un par de huevos y me llame para decirme expresamente que me meta mi dignidad por el culo y vaya a la entrevista con los pantalones en la mano -por eso siempre voy con vestido, para no tener que bajármelos-. El caso es que el verano ya se va, cosa que agradezco infinitamente porque no puedo con tanto color fucsia y tanta isla paradisiaca y tanta chancla y tanto buen rollo y tanta wayfarer blanca y tanta crisis que sí que no y tanta psicosis con los aviones.
El polisíndeton demuestra mi desidia. La desidia me ahoga y me deja sin aire, como si fuera un pez rojo boqueando; uno de tantos, de esos que ganas en la feria, de esos que olvidas en la pecera después de dos días, de esos que se van por el retrete, como el de Amelie, camino a ninguna parte. Me iría a ninguna parte si supiera dónde queda eso, pero nadie me lo ha contado, así que me quedo dando vueltas en la pecera.

lunes, 18 de agosto de 2008

La vida de los otros

Conozco a Laura desde que yo tenía un año y ella ocho. La estrecha relación de nuestros padres y la proximidad de nuestras casas -entonces y casualmente ahora- nos han convertido en primas putativas.
Su novio, Jordi, que estos días descansa en su tierra, escribe a altas horas en su blog y cuando llego a casa tarde, mientras meto la llave en mi portal, giro la cabeza a la derecha y le suelo ver escribiendo en el ordenador a través de su indiscreto balcón.
Ayer Laura me propuso un plan: "a las 15:30 debajo de mi casa en vaqueros y zapatillas". ¿Vaqueros en verano? Vale. Recordé cuando su padre me decía de niña la ropa que tenía que preparar y la hora a la que me recogería mientras el plan se mantenía en secreto... Al minuto de tocarle al timbre bajó con sus perros, nos metió a los tres en su coche y nos soltó en la Casa de Campo para que corriéramos y descansáramos a la sombra de los árboles. "En otoño Jordi y yo veníamos aquí cada día". Me señaló el árbol que tenía que abrazar para que se llevara todo lo malo y volvimos a su casa.
Me preparó un té bajo en teína -un té en verano- y me senté en el indiscreto balcón, delante del ordenador. Leí el último post de Jordi sentada en su silla -demasiado alta, alguien tenía que haberla descolocado- y la foto que lo ilustraba mostraba el girasol que pude ver a mi izquierda. Ante nosotras, algunos hombres desmontaban el escenario del que él hablaba en ese mismo post y Laura y yo dábamos gracias de que las fiestas acabaran y, por fin, fuésemos a ser capaces de dormir de nuevo.
De vuelta a casa y contenta por el paseo y la compañía, me sentí un poco como aquel espía de la maravillosa peli que da título a este post, viviendo la vida de otros. Y llegué a la conclusión que en la vida de los otros encuentras ejemplos para tu vida, deseos. En este caso pude ver qué es lo que une a dos personas, aunque sólo una de ellas estuviera presente.
Muchas veces me ocurre algo parecido: veo en las historias ajenas cualidades que admiro, por las que siento verdadera envidia sana. Me pasa con la capacidad de H de lograr lo que se propone, la frescura de Bea, la tenacidad de Cris, el sentido del humor de Dani V, las ganas que le pone a todo Dani D, la fortaleza de Aday, la risa de Nano, la creatividad de Edel, la templanza de Carlitos Alegre. La vida de esos otros, aquéllos a los que quiero, me da la vida y me da las ganas. Esta noche prefiero que la vivan ellos por mí, pero prometo que mañana volveré y, desde sus vidas, le daré más razón de ser a la mía y dejaré de preguntarme a qué he venido.

miércoles, 16 de julio de 2008

Un día en mi pasado

Ayer por la mañana fui con mi madre andando al supermercado de toda la vida. Bajamos la cuesta de cuyas paredes yo cogía caracoles con mi abuela, pasamos por las escaleras en las que quedaba con mis ligues de adolescente, por el solar al que iba a coger rosas silvestres.

En el súper vi cómo los estantes siguen dispuestos de la misma manera que hace 12 años, aunque los productos hayan cambiado y las marcas locales hayan ido desapareciedo (creo que lo llaman globalización). Allí nos encontramos con la vecina que ahora tiene esa cruel enfermedad llamada Alzheimer y pude ver cómo sus manos eran idénticas a las de su madre a la que yo iba a visitar cada domingo -en su casa me enteré de la muerte de Dalí cuando aún no había cumplido los ocho y me impactaron aquellos lienzos que aparecían en la pantalla- y que murió con unos 96 años.

Por la tarde di un paseo por la playa de Las Canteras y cada esquina era un recuerdo: la farola que servía de punto de encuentro en aquel 95 en el que todas las tardes me reunía con un grupo sólo de chicos, el concierto en la arena -Sonic Youth- donde probé el alcohol por primera vez, el bar gótico hoy convertido en pizzería, las hogueras de San Juan...

Por la noche salimos a cenar para celebrar el 13 cumpleaños de mi sobrino. El restaurante era nuevo para mí, el aire acondicionado estaba demasiado fuerte y la conversación giró en torno al viaje de mi hermano a Pamplona con motivo de los sanfermines. Ya conocéis mi postura sobre los espectáculos taurinos, pero lo que no sabéis es que mi familia tiene ideas opuestas a las mías. Mantuve mi silencio hasta que salió el tema de los antitaurinos, piojosos y porreros todos; me di por aludida y defendí la postura de los que estamos en contra.

Lo cierto es que ayer me di cuenta de que todo cambia, pero sólo por fuera: en esa cuesta ya no hay caracoles, ya no crecen rosas en ese solar hoy vallado y los conciertos y hogueras en la playa están ahora prohibidos, pero si te fijas bien, siempre puedes entrever la antigua realidad.

Y es que cuando era adolescente me decían que cambiaría, que mi actitud ante la Iglesia o los animales, por ejemplo, era pura rebeldía, que no sería así toda la vida. Yo ya no visto de negro ni llevo el pelo violeta, pero sigo teniendo los mismos ideales. Quizás sea una muestra de inmadurez o de utópica fantasía, pero no creo. Sigo pensando que durante estos años no he hecho más que cultivar unas ideas que considero inherentes a mi persona. Y hoy no soy rebelde, sino inconformista. Soy una aspirante a luchadora, desde detrás de una pantalla o desde una calle abarrotada de gente con pancartas. Y tecleo esto con los pies: con una mano me lío un porro y con la otra me quito los piojos.

Caos calmo

Aquí va una entrada de variedades y eventos varios, para no tener que seguir poniendo la etiqueta "no" a cada post que cuelgo y para que Pablo no se meta conmigo -con razón- por mi actitud negativa.

Mi último finde en la capital antes de venir a laisla consistió en hacer cosas de esas que puedo hacer en Madrid y no aquí ni en ninguna otra ciudad que no sea una granciudad:

Viernes noche: me fui a ver sola "Caos calmo" en versión original. Moretti actuando con el registro de Moretti y una muerte al principio de la peli que me auguraba una tragedia como la de "La habitación del hijo" -la peli más dura que he visto en mi vida-, pero no fue así. Habla de un drama llevado con asombrosa calma; me dejó meditabunda y caminaba hacia casa con el verano un poco entre paréntesis pensando en ese hombre sentado en el parque. La peli me gustó y tiene una estupenda banda sonora, Rufus Wainright y Radiohead incluidos.

Sábado tarde: exposición de Rodin. Brutal. Habría amordazado a tres adolescentes cincuentonas que hablaban como si estuvieran en el salón de su casa acerca de la barbacoa de un tal Ramiro y del bañador que se iban a llevar mientras estaban de pie delante de una escultura llamada "La eterna primavera" a la que no prestaban ninguna atención:

Yo, mirando la pieza: Disculpad
Ellas: Qué?
Yo, señalando la pieza: Quería mirarla
Una de ellas (la más operada): Nosotras la estamos mirando
Yo: Ah, pensé que estabais hablando del pareo étnico que os ibais a llevar a casa de Ramiro en Majadahonda
Se apartaron abochornadas dejándome ver la escultura y callando sus asiliconadas bocas.

Una maravilla, una exposición preciosa, de las más bonitas que he visto de escultura. La que más me gustó fue El rapto, que acumulaba un gran simbolismo en dos cuerpos, un abrazo robado, o quizás no tanto: siempre me parece que en las esculturas que representan los raptos, las mujeres no terminan de estar en desacuerdo con que se las lleven lejos de sus vidas aburridas y de su rutina. Otras mostraban mujeres retorciéndose o en posturas imposibles, llevando sus extremidades al infinito, tentando con su belleza desnuda. Por último, el clásico beso -en yeso- y unas manos sutiles, Manos de amantes. Las esculturas parecen dormir en la roca que Rodin esculpe, despertando las figuras, descubriéndolas, quitándoles el material que les sobra alrededor.

El domingo me perdí con Aday & co por Chueca, entre los gueis descamisados orgullosos de serlo que celebraban su fiesta. Reencuentros de los que me gustan, gente venida expresamente desde distintos sitios y abanicos Locomía. Admito que el carácter reivindicativo de las fiestas ya no tiene razón de ser y que la palabra orgullo me resulta tonta (yo no me siento orgullosa de ser hetero ni blanca ni española ni morena ni alta), pero creo que se ha convertido en la celebración de un avance importante en materia de derechos humanos: quienes antes eran vagos y maleantes, ahora tienen los mismos derechos que los demás.

Y así, a la medianoche, me fui a casa a terminar la maleta, con una extraña sensación de caos calmo dentro de mí, como si, por un lado, mi inminente y esperada marcha me diera la calma, mientras seguía flotando a mi alrededor el caos del que no me puedo desprender últimamente. Me iba, sí, me venía, me volvía, pero el caos no se va, aunque ya no me molesta. Me he acostumbrado y mi cara puede reflejar, a pesar de todo, una relativa calma. Un calmo caos calmo.

martes, 15 de julio de 2008

Señales (sin puntos)

Hace un par de semanas, en plena crisis en la que me planteaba mi futuro, después de bruscos acontecimientos que me dejaron en la estacada y a la vez me gritaban que diese un giro a mi existencia, iba andando por San Vicente Ferrer con la linda Luci hablando de qué coño hacer con nuestra vida con el acento gallego que ella siempre me pega, rebosante de empatía y de amor como es, camino a una galería de ¿arte? que nos podíamos haber ahorrado o quizás no porque cuando nos pudimos descojonar de aquello, lo hicimos (a mí casi se me escapa la risa in situ mientras el ¿artista? nos explicaba la penosa obra) cuando oímos el minuto uno dieciséis segundos de Creep, justo la frase I don't belong here, esa maravillosa canción cuyas notas salían de una casa y me decían que no pertenecía a ese sitio, que me fuera, que me fuera, y en eso estábamos Luci y yo, que nos mirábamos pensando si era una señal o si las señales no existen o si era sólo una canción que siempre nos ha tocado dentro y que, casualmente y sólo casualmente, la muy perra sonaba justo en ese momento en el que hablábamos de qué hacer, y suena para revolvernos a las dos, que sin decírnoslo decidimos seguir cantándola y nos mirábamos y mierda mierda mierda qué jodida es la vida y qué pequeñas somos y qué puto calor hace y no quiero poner puntos en este puto post porque para puntos las comas y dios mío qué agonía qué agonía y dios mío

lunes, 14 de julio de 2008

Memoria selectiva

Cuando me imagino la memoria veo un nido tejido con hilo blanco. La acción de recordar la visualizo como arañas que van trepando por mi columna hacia mi cabeza, donde está su nido.
Las arañas son mi única fobia: su visión me paraliza, hace que me entren palpitaciones, sudores y que me ponga a llorar.

La memoria es un nido blanco de arañas negras.

Sin embargo, la memoria tiene su propia mente, una mente de mujer. La memoria selectiva, escoge qué recuerdos esconder y cuáles potenciar. La memoria selectiva, en teoría, está ahí para hacernos un favor, para ocultar entre la madeja los recuerdos que nos pueden hacer sufrir. La memoria selectiva no tiene en cuenta que ciertos recuerdos son útiles y necesarios para avanzar en la vida, para no golpearte dos -y tres y siete y venticuatro- veces con la misma piedra.

Cuando vuelves a sufrir arrodillado frente a la misma piedra de tantas otras veces, eres consciente de que la memoria selectiva es un invento de cobardes, vagos creyentes que piensan que olvidar es útil y que uno puede currarse una vida olvidando experiencias. Cuando me vi arrodillada, noté que mientras la memoria selectiva me ocultó la piedra, ésta creció para convertirse en roca, porque los obstáculos tienen vida propia y van a más.

Flaco favor me ha hecho esta memoria perversa que me ha hecho creer que todo era como yo lo recordaba. Hoy las arañas se multiplican, y no sólo van trepando hacia mi cabeza sino que no paran de dar vueltas y crear una espiral negra en movimiento silencioso un sobre fondo blanco y consistente.

domingo, 13 de julio de 2008

Rata (una de tantas)

Estoy de vuelta. La sensación de estar 6 días sin ordenador ha sido extraña y desagradable, pero aquí estoy. No digo "Aquí me tenéis", más bien es "Aquí me tengo".
Estoy en laisla y aquí vivo en el campo. Ayer por la tarde volví de un asadero -aquí no hacemos barbacoas, son asaderos- y encontré una rata en el jardín. Aún estaba viva, tirada sobre una baldosa; pensé que se habría envenenado. David me dijo que la envolviera en una bolsa y la tirara a la basura. Después de un rato, la cogí y vi que tenía una pata rota, sangrando. No intentó morderme. Por un momento imaginé cómo la llevaba a un veterinario y cómo éste me decía que tenía un primo siquiatra...
Lo más sensato hubiese sido matarla o meterla en la bolsa y no ponerme a investigar por qué narices estaba moribunda, pero no soy capaz de matar una rata. La miré un rato y la dejé en un parterre bajo un árbol, a la sombra. A mí no me gustaría morir asfixiada en una bolsa de Hiperdino, así que supongo que a él -es que me pregunté de qué sexo era y ahí estaba su pito- tampoco. Cuando salí de casa anoche y otra vez al volver a las cinco de la mañana fui a ver cómo estaba. Me he visto tentada a alimentarla, pero eso sólo prolongaría su agonía. Hoy la he mirado desde la ventana, pero no puedo distinguir si ya está muerta. No quiero bajar a verla.
Llevo 20 horas pensando en la rata del jardín y en las ratas de mi vida. En todas esas personas o situaciones que, como a la rata, no me atrevo a eliminar. Soy incapaz de aniquilar a una rata -un problema, una plaga, un foco de enfermedades y todas esas cosas que dice la gente sobre ellas- igual que no puedo aniquilar las ratas que duermen bajo mi cama. No puedo matar a escobazos una rata y no puedo matar una relación. Dejar morir. Estoy dejando morir a una rata como estoy dejando morir -y a la vez revivir- tantas otras historias; por no decir "Se acabó, muérete", hago como si nada y miro para otro lado y perdono, o quizás no perdono, pero dejo pasar y pienso "Es lo que hay". Sin embargo, no sólo es lo que hay sino lo que siempre hubo y lo que, probablemente, siempre habrá. Ratas, ratas y más ratas.

miércoles, 2 de julio de 2008

Verano

Odio el verano. Detesto no poder arreglarme e ir siempre con ropa del carajo para no pasar calor; si me pinto el ojo, acabo con el rímel corrido en 5 minutos. El verano es chabacano, de mal gusto. El verano huele a pies y a falta de desodorante. El metro -si no cierran tu estación- es un infierno: si alguien te roza, lo hace piel contra piel, en invierno al menos tenemos capas de ropa que nos protegen. Cuando te agarras a los asideros están calientes y sudados.

En verano estás obligado socialmente a una depilación perfecta y un cuerpo 10. Censuraría todas las putas revistas femeninas que nos hablan de operación bikini, kilos de más, autobronceado, depilación permanente e intentan atraernos con inmundas pamelas, pareos y demás basuras fabricadas en Indonesia. En otoño ya llegarán los especiales contra la anorexia: "Acéptate tal como eres", "No estás gorda, eres de complexión fuerte".

El verano es un asco. La gente se destroza los pies con calzado de plástico y olvida el criterio de combinar colores, por lo que ves faldas marrones a flores verdes con camisetas de licra color naranja, que dejan ver un sujetador blanco sucio o, peor, con tiras de silicona (vaya invento de paletos...). Los zapatos bonitos son todos de invierno, cerraditos, para ponerse con una media.

En verano la tripa va al aire. La tripa y las marcas tribales tipo tatus o pirsings: hay que enseñar chicha aunque peses 84 kilos. La vuelta de las vacaciones es un periodo especialmente detestable: las chicas se ponen el bikini que más marca deja para luego poder enseñar la diferencia y si van a un risort de Punta Cana se hacen trencitas horrendas que acaban en gomitas de colores y no se quitan la pulsera del todo incluido hasta el verano siguiente.

Si quieres ir al cine tienes que llevarte un jersey de cuello alto. La diferencia de temperatura es una tortura como otra cualquiera. Estar a 15 grados en un local es de pingüinos y de imbéciles. Si me apetece invitar a alguien a comer, paso tanto calor mientras cocino que la siguiente vez me lo planteo mejor y no juego a la anfitriona. Me pone mala no disfrutar de la comida porque el calor me quita el apetito, o no poder darme mis paseos larguísimos por la capital por no caer desmayada en la calle.

En Madrid hay que ir a la piscina -pagando, claro-: es como si en verano la gente sólo se reuniera alrededor de litros de agua estancada que huele a cloro donde si alguien mea, pues qué se le va a hacer y yo -mire a donde mire- sólo me imagino setas por todos lados. Soy incapaz de pisar una piscina, me dan un asco que me muero. Soy isleña, no me pidan que vaya a una piscina pública, que para darme remojones ya tengo la ducha de mi casa: el desagüe funciona bastante mal, así que viene a ser lo mismo pero con más intimidad.

lunes, 30 de junio de 2008

Resiliencia

Me he levantado en una cama que no era la mía, en una casa que no era la mía, en un barrio que no era el mío, en una ciudad que no era la mía, en un país que no era el mío, en un mundo que no era el mío, dentro de un cuerpo que no es el mío.

Yo, que soy de fuego, llevo tres días vomitando toda la lava que tenía dentro. Tres días de furia. Ahora ya no siento el fuego en mi interior; quedan en mí restos de madera quemada y cenizas de otros tiempos. El dolor que empezó siendo agudo, hoy sabe a vino viejo y rancio, a barrica de madera humedecida, a verano pringoso, a polvo.

No paro de borrar frases. Hoy soy pequeña, mi metro setenta y pico está por debajo de los árboles, de las personas que me encuentro en la breve calle que camino, de los coches, de las ratas. Mi voluntad está lejos de mis manos que sólo sirven para taparme los ojos en puños, de rabia.
Down in a hole and I don't know if I can be saved See my heart I decorate it like a grave Down in a hole, feelin' so small Down in a hole, losin' my soul I'd like to fly, But my wings have been so denied
Resiliencia: capacidad de las personas para sobreponerse ante situaciones adversas. Vaciarme para llenarme. Soy un cántaro lleno de barro. Soy tierra fértil sin semillas. Me gustaría volar, pero no tengo alas.
Goya, píntame un cuadro, de esos tuyos que siempre he detestado, de esos que me acongojan, que me acojonan.

martes, 24 de junio de 2008

Lo tácito y lo noble

Lo tácito: las palabras que se callan y los gestos que acompañan los silencios.
Lo noble: la honradez, la generosidad.
Cuando lo tácito y lo noble se unen nacen las historias más sinceras, las que no necesitan ser habladas, ni racionalizadas, ni siquiera demostradas. Sólo gestos de los que se infiere todo lo demás. Sin palabras, sin reglas.
Cuando lo tácito y lo noble se encuentran esculpen sentimientos que salen de muy profundo para convertirse en mordiscos, besos, sonrisas arañazos, patadas o lloros. Tácito es el respeto. Tácito es el amor que nace poco a poco y un día ya es antigua realidad.
Lo tácito. Lo callado, lo silencioso, lo supuesto.
Lo tácito y lo noble, conjunción en equilibrio, plenitud. Deseo. Necesidad.
Gritaré en silencio, flotando ligera, en vistas de un pacto tácito y noble.

jueves, 19 de junio de 2008

Princesas o putas

He estado hablando con Irene acerca de hombres, mujeres y hombres y mujeres. Ha sido una conversación brevísima, pero ha dicho dos frases que han abierto la ventana de mi inspiración: Un lugar al que volver y Nací princesa porque putas ya hay muchas.

Yo no nací princesa pero siempre he tenido algo de princesita de cuento; tampoco nací puta, pero tengo una dentro, como toda –no escribiré el diplomático “casi”- mujer que se precie.
He jugado a ser fuerte y a llevar pantalones, a consolar con brazos largos y a abrazar con el cuerpo entero. He jugado a hacerte la cena cada noche, a complacerte, a “lo que tú quieras, como tú quieras”. Me he dedicado a consolarte y a reconfortarte en tus penas. He estado ahí, donde quiera que ahí sea.

Hemos ido “adonde tú quieras” y las indirectas sobre los viajes que nunca he hecho y deseo hacer se han quedado siempre en el mapa y en la agencia de viajes. He jugado a entenderlo y a esperar, cuando no lo comprendía aunque aguardara a ciegas, con vaga esperanza.
Me he cansado: te he dejado y he gritado. Tú no eres uno solo, eres varios, demasiados. Hoy no escribo desde la rabia sino desde el tiempo que todo lo cura, pero escribe una princesa. No nací princesa pero desde ayer lo voy a ser. No quiero ser reina, he dicho princesa. Me cansé de jugar a superwoman, me cansé de ser puta cuando me aburro del mundo.

No quiero ser la mujer de nadie, no quiero ser únicamente el lugar al que volver para el hombre de turno. No quiero mendigarte ni permitir que rellenes conmigo los huecos de tu tiempo. No quiero el aire que te sobra. No quiero ser tu siesta ni tu descanso, si no puedo ser también tu despertar y tu mañana. Quiero en mis manos tu risa y tus penas, ambas. Quiero recogerte cuando flojees para acariciarte el alma, pero no quiero ser sólo tu consuelo. Llórame para que te beba las lágrimas pero ríeme hasta dejarme sorda. No te olvides de compartir conmigo tus alegrías.

Quiero ser ángel y princesa, porque quiero cuidarte y dejar que me cuides, pero no voy a ser tu madre. Ni puta ni madre. Princesa, he dicho princesa. Princesa y ángel. Princesa, porque me he ganado ser princesa. Ángel, porque necesito cuidarte y sostener tu caída.

Ángel y princesa, intentaré repetírmelo continuamente, hasta que me quede claro, desde esta ingravidez en la que me encuentro, en este momento de ligera lucidez y de cálida tibieza. Estoy feliz: me sientan bien mi nuevo vestido de tul rosa y mi corona de flores blancas, mis zapatitos de cristal y mi alma en calma. Voy a ser princesa porque putas ya hay muchas. Y porque me da la gana.

lunes, 16 de junio de 2008

A cualquier lugar

En la última semana no paráis de repetirme que no escribo acerca de cosas positivas. Reconozco que me ha hecho ilusión vuestro énfasis y lo más bonito que se me ocurre ahora mismo es una canción que os puse ayer, con su letra cursi que suena a verano, de Facto de la fé y las flores azules:

¿Crees en las promesas? Son sólo palabras Yo creo en los actos El acercamiento Bésame si miento Dame tu saliva Vives mi deseo Siempre de escondidas Aquí la palabra En segundo plano Sientes el aroma Vida; escucha, mira Veo la salida Siempre afirmativa Caminaré ciego, porqué sé que miras Dime con tus dedos Que no habrá más peros Que siempre seremos Mientras nos toquemos Luz entre las ramas Seis de la mañana Llegan los colores Nacen las fragancias Dime esa palabra Que tus ojos cantan Como fluye el viento Como corre el agua Entre las montañas Bésame los labios Tócame la cara Que me tiembla el alma (...) No tengo a dónde ir, así que iré a cualquier lugar A cualquier lugar... porque no tengo a dónde ir...

Estas palabras hacen referencia al mundo sensorial en el que quiero instalar mi casa de verano, de este verano que hoy ha vuelto a deshacerse en agua y que no muestra ya violeta ni dorado. La música son las únicas palabras a las que hago caso últimamente. Las palabras ajenas sólo me sirven si se acompañan de gestos acompasados, miradas coherentes, caricias o mordiscos de rabia -la rabia de que se evapore el instante y se convierta en la misma lluvia que luego llueve sobre el corazón mojado-. Se me ha escapado un mordisco, ya no sé besar. Espero no haberte hecho daño.

domingo, 15 de junio de 2008

Paciencia

Siempre parezco más joven después de tardes como ésta. Siempre la piel más clara, los ojos más pequeños. Es como si la noche nunca fuera a calar. Las nubes suenan a calor y reflejan un sol que no se va. Es el verano. El domingo, primer domingo de verano, las piernas casi por depilar, inesperada llegada. Todo el día oyendo piar. Las plantas recién regadas ya necesitan más agua, yo necesito más agua, quiero sumergirme en el frío que tardará en volver.

Creo en la paciencia. No creo en las palabras: las que se dibujan en mi cabeza sólo me cuentan mentiras, pero no me importa. Cada momento es mentira, cada instante es falso, es todo consecuencia de la borrachera emocional, del impulso corporal. Mi estado mental es consecuencia del violeta del oeste. Veo las nubes preñadas de una lluvia que no tienen intención de descargar: la noche seca, a salvo. Todo lo demás lo dudo. Lo dudo con una interrogación creciente. Está todo quieto, empezando por el sol que se queda plantado en el cielo de Madrid. Creo que las horas se han quedado calladas, pero la duda no me importa. Qué más da.

Qué más dan la ida y la venida. Qué más dan brazos enredados. Paciencia, paciencia, que el verano todo lo cuenta y revela secretos. Llega el calor. El tiempo se dilata y la piel pesa mientras me siento ligera. La piel propia, la ajena. Antes, durante, después. Paciencia, paciencia.

jueves, 12 de junio de 2008

Patadas

En días como éstos con la Eurocopa en el aire no se habla de otra cosa y yo desconecto más que nunca. Hasta el lunes mi subconsciente debió de hacer un serio esfuerzo, pues no me había enterado de nada. Ese día tuve sobredosis de información futbolera. El martes, día del partido, mi interés era igual a cero y me cayeron los comentarios de siempre: “Vale que no te guste el fútbol, pero es que juega España”.

Entonces es cuando realmente me desconciertan e intento no contestar porque no hablamos el mismo idioma y es una pérdida de tiempo. Si cambio de tema me arriesgo a un “es que a mí tampoco me vuelve loco el fútbol, pero si juega España...” Y yo sigo intentando esquivar la cuestión. Si explico que me da igual quién gane me arriesgo a preguntas como la del martes: “¿Eres nacionalista?”. Pereza. Me da una pereza infinita contestar que para mí no hay unidad local, regional o nacional alrededor de un deporte -ni de casi nada-, porque ese deporte lo juegan 11 personas y no siento la representatividad que éstas pueden tener para gritar “A por ellos”. Menos aún entiendo qué es España en términos de “quiero que gane España”. ¿Qué tienen que ver un ceutí y un leridano? Pues quizás menos que un neozelandés y un egipcio.

Entiendo a quien tiene una pasión y la sigue, a quien le gusta un deporte, lo ve y lo disfruta. A mí el deporte no me dice nada, pero claro que a veces he visto movimientos que he admirado en patinaje sobre hielo, gimnasia deportiva o tenis, por ejemplo, pero no tengo la sensibilidad necesaria para que el deporte me interese o me saque ninguna reacción.

Lo que no soporto es que la gente me mire seriamente o como alucinada porque digo que me da igual la victoria de Lorenzo, de Alonso o de España. Me cuesta mucho explicarlo, pero que esas personas sean españolas no me causa ningún tipo de sentimiento de confraternización, ni si son canarias, ni si son de Módena. A mí la bandera me sirve para bien poco.

En mi casa toda la vida se ha visto la Fórmula 1 debido a mi ascendencia de Maranello (el pueblo del que proviene Ferrari). Recuerdo que cuando era pequeña pocos españoles mostraban interés por las carreras, pero en mi casa era religión verlas –todos lo hacían menos yo-. Luego llegó Fernando Alonso y en España todos decían llevar muchos años interesándose por la F1 y eran expertos y los más fans. En Asturias el fenómeno se convirtió en cultura de la noche a la mañana. “Es un español que triunfa, hay que apoyarlo”. Y yo, con cara de póquer. Con la Eurocopa pasa lo mismo: es la selección española la que juega, aunque no te guste el fútbol, tienes que alegrarte de la goleada del martes.

Me siento marciana porque el fútbol me trae sin cuidado, porque no lo considero ni como un acto social. En mi vida no contemplo el deporte como motivo de unidad, aunque una a millones y millones de personas. Hay otras cosas que me hacen sentir ese sentimiento de hermanamiento, quizás un concierto, pero sobre todo las causas. Si algo me conmueve y me llena de energía es una manifestación en la que los presentes sienten lo mismo y gritan al unísono, sin rivales enfrente vestidos de otro color –o sí- pero que luchan, que se mueven por algo y para algo.

La lucha es el matiz diferenciador. Ojalá las personas se movilizaran con la misma pasión que le ponen al deporte y las patadas al balón para darle patadas a la realidad, a las desigualades, para llevar a cabo la lucha, los actos de condena, la defensa de los ideales o de las voluntades de la sociedad. Ojalá fueran éstos los motivos que nos hicieran salir a la calle, reunirnos alrededor del televisor, llorar o celebrar. No estoy criticando la afición al deporte y sé que muchos de los que sois aficinados sois los primeros en hacer ruido cuando la injusticia acecha, pero no deja de asombrarme la respuesta masiva de un pueblo –esa palabra me sigue trayendo dolores de cabeza- ante personas que llevan una misma camiseta, frente a la pasividad en otros temas.

Me pregunto si el interés de que gane la selección española es patriotismo o si no tiene nada que ver. Insisto en que no ataco a nadie, pero me encantaría que me dejaran en paz los que me acribillan a etiquetas por no ser comotodoelmundo.

viernes, 6 de junio de 2008

Portadas y portazos

A primera hora un compañero me avisó: “creo que es mejor que no mires hoy los periódicos”.
Tenía razón. Ni los impresos, ni los digitales. Era mejor leer el Marca, la Super Pop o Harlequín.

Esa puta foto... Y lo peor: esos putos titulares ensalzando al violento, al cobarde. “José Tomás sube a los cielos” -ah, ¿se ha muerto?-, o “Ya es leyenda”. No quiero hablar de tauromaquia otra vez sino analizar la cobertura informativa que tuvo la faena de ayer y la feria en general.

El apartado 1.4. de la política editorial de El País dice: "El periódico no publica informaciones sobre competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión".

Muy bien, muy bonito, muy humano. Renunciar a la sordidez. Qué bien suena. Hoy, además de la foto de portada, El País dedica dos páginas y varios editoriales a la corrida de ayer. Llevo todo el mes de mayo desayunándome los banners publicitarios de la edición online, en los que se anuncia la cobertura que da el diario a la feria de San Isidro. Dos blogs dedicados a ello, varios especiales. Acojonante. El País es un medio progresista, ¿no? ¿Hay algo más conservador que las corridas de toros? ¿Más machista, más sórdido?. Yo me pregunto de qué sirve ayer un especial sobre cambio climático en El País –somos megaecologistas- si luego muestra tamaña insensibilidad dando tan amplia cobertura a la Fiesta Nacional. Me ha resultado horrible tanto toro en la edición digital durante más de un mes. No es que den la información, es que ensalzan el toreo.

El jueves a mediodía Antena 3 dio la noticia de que figuras relacionadas con el mundo del toro acudieron a Bruselas a defender la Fiesta. Olvidaron comentar que numerosas asociaciones antitaurinas también estaban allí para decir la suya. Asco me da.

El periódico gratuito 20 Minutos decidió hace dos años no dar información sobre corridas. Me encantan las apuestas valientes, las manifestaciones de cordura, la honradez periodística, si es que aún existe. La única vez que pude haberme visto involucrada por trabajo en un evento relacionado con este mundo –submundo- apelé a la objeción de conciencia. Y al sentido común, joder, y al sentido común.

La misma portada me da otra mala noticia: la cumbre de Roma ha sido un auténtico fracaso. Con o sin sentido, hoy me tapo los ojos, los oídos y le doy un portazo a la realidad.

martes, 27 de mayo de 2008

Como agua de Marte

Piedrecitas sobre un suelo rojo. Eso es lo que muestran todas las portadas de los diarios de hoy. No es Lanzarote; si lo fuera, no sería noticia. Es Marte. Un planeta lejano ma non troppo que el hombre se ha empeñado en conquistar.

La carrera espacial empezó en 1957 como una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En principio acabó casi 20 años después, pero, carrera o no, la conquista del espacio no cesa.

Resulta que los científicos buscan en el Planeta Rojo principios de vida microbiana, algo interesantísimo que cambiará el curso de nuestras vidas. Al parecer, el robot Phoenix está a punto de encontrar hielo subterráneo en el polo norte del planeta. Uau.

Me extraña que los principales diarios no den el dato que más me intriga: ¿cuánto? ¿cuánto le ha costado al mundo la foto de portada de la mayoría de los diarios del mundo? 457 millones de dólares. Uau.

¿No habéis leído que hoy se han caído diez Boeing 747 en los que únicamente viajaban niños? ¿No? ¿Y ayer? ¿No? Yo tampoco, pero es como si hubiese ocurrido: según la FAO, 3.800 niños mueren cada día solamente por causas asociadas a la escasez de agua. Las catástrofes que ocurren de manera puntual nos sobrecogen a todos y abren los telediarios durante varias semanas, pero nos olvidamos de las cifras de cada día, de los problemas permanentes, de la crisis alimentaria fomentada por los biocombustibles (los cereales destinados a la alimentación escasean). De los cientos de aviones invisibles que el hombre abate cada hora.

Como todo es relativo, hay planetas que están más cerca de Marte pero nos quedan más lejos: Nigeria, Liberia, Honduras, Madagascar, Haití, Franja de Gaza... El porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza en estos territorios oscila entre el 65 y el 80%.

En 2007 Estados Unidos destinó a la Nasa 17.000 millones. Este país tiene un índice de pobreza que roza el 13%.

Ya sé lo que están pensando: demagogia. Cierto, pero sólo quiero arrojar datos. Llevo dos horas recabando información para escribir esto, para darme de hostias contra la realidad porque NOENTIENDO. Es cierto que la incursión del hombre en el espacio ha hecho posible avances necesarios como las telecomunicaciones (aquí estoy yo con mi blog, mi internet, mi tele), el incremento de la seguridad y demás, pero hablo, una vez más, de prioridades.

¿Qué coño hacemos mandando naves a recoger restos de vetetúasaberqué tal y como esta la situación mundial? ¿Qué clase de insensatez es ésta?

Luego está el tema de la colonización del espacio con la que sueña más de algún iluminado. Benidorm está pasado de moda: necesitamos un destino turístico más atractivo y en Maldivas hay demasiados mosquitos.

Igual me estoy pasando y la misión de Phoenix es coger el agua marciana que allí nadie gasta para traérsela a nuestro planeta en cubas gigantes y así solucionar uno de los muchos problemas que tenemos en esta nuestra Tierra. Sí, probablemente sea eso. Y yo quejándome...

jueves, 22 de mayo de 2008

Frivolidad

Hay ciertas cosas sobre las que no puedo escribir. Mis dedos se paralizan cuando las circunstancias me desbordan. No esperéis que comente hechos como el terremoto de Sichuán o el ciclón de Myanmar, que hoy vuelve a ser noticia porque se denuncia que en los mercados se vende –vende- los alimentos enviados por asociaciones y gobiernos como ayuda. No hace falta que escriba sobre esto y no me apetece sufrir escribiendo atrocidades hechas por el hombre (¿por quién si no?).

Aplaudo la iniciativa de hoy de Greenpeace de irrumpir en una empresa de armamento en Madrid, por mucho que la gente lo vea como algo inútil, lo que busca la ONG es la visibilidad, dar a conocer, manifestarse. ¿Cuántos sabíais de la existencia de Expal? Yo no, desde luego. Hacen falta acciones que nos conmuevan, nos enseñen y nos abran los ojos.

Muchas veces me preguntan qué es lo que me lleva a escribir. Algunos debéis de creer que me paro delante del ordenador y digo ¿sobre qué escribo hoy?. No, escribo cuando siento algo en la tripa, como si un lagarto atrapado no parara de agitarse. A veces oigo palabras en mi cabeza cuyo ritmo me dice que quieren ser escritas. A estas alturas sé que todo eso es síntoma de que tengo que ponerme a teclear y dejarlo salir. Normalmente las palabras toman forma, mientras que otras –las menos- se convierten en un cadáver de letras, en un borrador.

Por eso mismo escribo también sobre cosas frívolas a pesar de que algunos me digan que no me pega nada o que parece sacado de Sexo en Nueva York –jamás la he visto-, pero la frivolidad, al igual que el humor, es un mecanismo perfecto para dejar salir tensiones acumuladas por leer el diario o por ir en metro con un tipo al lado que huele mal y escucha una música horrenda que sale de su móvil sin auriculares. La frivolidad es necesaria siempre que sea una parte pequeña de nuestra vida y que no ocupe mucho de nuestro tiempo.

Mi maquillaje es frívolo, mi preocupación por mi piel amenazada por Anastasia y su ejército, mi interés por la ropa bonita –que no cara- y mis conversaciones acerca de la decoración étnica o de los hombres de pelo largo, también. Viva ese anestésico llamado frivolidad. Viva el humor y vivan los chistes de mal gusto si los presentes no pueden ofenderse.

martes, 20 de mayo de 2008

Mareo de Tierra

Llevo dos días sintiendo cómo se mueve el suelo que piso, cómo me mece la silla sobre la que trabajo. Podría ser lo que se conoce como mareo de tierra: la sensación de seguir en un barco cuando ya has desembarcado.

Sin embargo, tengo mis dudas: creo que se trata más bien de un mareo de Tierra, en mayúsculas. Es una pena que el lenguaje oral no permita pronunciar las mayúsculas de manera distinta a las minúsculas.

He desembarcado de un barco, redundantemente, y he desembarcado también de laisla, metafóricamente. Me bajé de esa balsa volcánica cuyo interior siempre he imaginado hirviente de lava y cuyo fondo, repleto de cuevas habitadas por grandes peces.

Desembarqué y caí por un agujero, como Alicia; un agujero que me hizo atravesar las nubes tejidas por la distancia entre dos puntos: laisla y laciudad.
Laisla es una balsa de roca oscura que permanece varada interminablemente en el Atlántico al que Tomás Morales gritó ¡Padre!:

"El alma temblorosa se anega en tu corriente. Con ímpetu ferviente, henchidos los pulmones de tus brisas saladas y a plenitud de boca, un luchador te grita ¡padre! desde una roca"

Laisla cobija recuerdos de arena que aparecen y desaparecen a merced de las mareas. Los acantilados abrazan a un grupo de personas que se reencuentran y celebran rememorar y seguir juntos de lejos, juntos de cerca, juntos después de las inclemencias de los años, del castigo del océano que aísla, de la tierra que separa, del viento que borra la memoria, de la memoria que desgrana y selecciona el pensamiento.

El mareo de Tierra -de la Tierra, de mi Tierra- es el desvarío que me producen hoy la arena negra, la sal que huele a azul intenso, el Atlántico celoso de una balsa de roca que encalló como un barco exhausto y se paró allí donde siempre luce el sol. El recuerdo me devora como si fueran esos peces gigantes que habitan bajo laisla en mi cabeza, los que pintaba Néstor de la Torre, rodeando a los cuerpos dormidos, muertos sólo en parte, cansados de escapar, rendidos de esperar a que el tiempo decida. El mar me canta y me seduce como las sirenas a Ulises (sail to me, let me enfold you; navega hacia mí, déjame envolverte).

Hoy quizás me doy cuenta de que la prisión es relativa, de que hay que sentir la fuerza de cada ola, el latido de la lava extinguida dentro de un volcán muerto. Cuando los elementos vibran te hacen volver la mirada -las algas te atan el tobillo-, te traicionan y te llevan hacia el recuerdo que te devuelve el pulso. El pulso de la vida, la pulsión de la huida.

lunes, 12 de mayo de 2008

Primavera

Porque suena Mar, el poder del mar
Porque el domingo sale el sol sin que haga calor ni frío
Porque el jardín vertical tiene mil colores
Porque me vestí de rosa
Por fumar narguile de manzana y tirarme descalza en una alfombra
Porque hago una maleta...
...y ya casi toco el mar con los dedos de los pies
Porque me tomo una clara de limón aunque no debo
Porque como samosas vegetales en una terraza
Porque veo cómo se apaga la luz de la catedral sentada en el césped de cuesta imposible
Porque a alguien el momento le recuerda a una escena de L’ultimo bacio
Porque la manzana es hoy más roja y desprende más luz blanca
Porque no importa sentirse extranjero si todos los que estamos nos sentimos igual
Porque la poesía está detrás de cada esquina de Madrid... Por fin
Por la paz interior
Porque un pájaro hizo caquita, me cayó encima y me reí
Porque la noche es el final de todo un día
Por los casi 27
Por los tomates raf y el guacamole
Porque mañana puede esperar
Por hacer de la rutina un regalo
Por ver, por primera y supongo que última vez, una estrella fugaz en la ciudad

...por todo eso, sé que es primavera.

domingo, 11 de mayo de 2008

Sadismo de mayo

Es mayo y estamos en Madrid. Las Ventas abarrotada: puro, mantilla y ojos ávidos de sangre y sadismo.

Tradición, cultura, arte. Detrás de estos tres escudos España defiende y mantiene las corridas de toros. Es cierto que es una tradición, pero ¿hasta cuándo? Hay muchas tradiciones que han sido revisadas a lo largo de la historia para ser posteriormente abolidas. Se supone que el ser humano evoluciona y corrige, que la visión que tenemos ahora no es la misma que teníamos antes, que vamos para adelante y no para atrás. Sin ir más lejos las reformas de la Constitución y de los códigos penal y civil son un ejemplo de que el mundo cambia y hay que hacer reformas.

Tradición. Las peleas de perros eran una tradición y están prohibidas, pero, claro, los perros son distintos. El perro es el mejor amigo del hombre. La mayoría de insanos que acuden a la plaza tienen un perro con un nombre ridículo por el que se dejan lamer la cara y al que ponen lazos en las orejas. Yo me pregunto qué sentido tiene cuidar y alimentar a un animal -por el que habrán pagado unos 700 euros- y luego ir a disfrutar de la
muerte en vivo de otro. Ah, sí, claro, la tradición.

Cultura/Arte. ¿Qué precio hay que pagar por la cultura? ¿Qué es la cultura? ¿No hay que ponerle límites?
Guillermo H. Vargas es un hondureño que ató a un perro en una galería y lo dejó morir de hambre (detrás de él, la frase "Eres lo que lees" escrita con comida para perros). Él presentó su obra de arte, y los que le otorgaron el premio de la Bienal de Honduras, lo recibieron y galardonaron como tal. Los medios se hicieron eco denunciándolo y todo el mundo reenvió un mail pidiendo firmas en contra. Claro, es un perro, qué pena. Poner a un toro en una plaza y acribillarlo durante una hora, exponer a un caballo a que el toro le empitone, ¿no es la misma barbaridad? Límites, por dios, límites a la sinrazón.

"Es el hombre contra el toro". Y una mierda. Es un toro apaleado previamente, probablemente drogado, contra un hombre armado y escoltado por una cuadrilla. Es la muerte de antemano; no es la
Fiesta del Toro, es la Fiesta de la Muerte.

En realidad, me sobran los motivos y los argumentos, pero ni siquiera me esfuerzo demasiado en darlos. Si me tengo que quedar con alguna reflexión me quedo con ésta: ¿Qué clase de personas son quienes acuden a ver la tortura, qué clase de seres somos si nos divertimos y admiramos ese sometimiento, esa cobardía? ¿Qué sentimiento primitivo y asesino nos arroja al abismo del sadismo? La sevicia nos condena.

No respeto, señores, no respeto. Respeto otras costumbres de las que no participo (fútbol, romerías, fiestas populares), pero no puedo respetar la barbarie, no puedo comprender. No puedo y no quiero.
Tolerancia cero.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Buenrollismo

Es un hecho que hay gente que se pasa la vida haciendo estupideces, pero lo peor llega cuando le dices a alguien que lo que acaba de hacer no está bien y esa persona se defiende en nombre del buen rollo. El buenrollismo es la religión del siglo XXI. El buen rollo nos protege de nuestras acciones porque las llevamos a cabo en su nombre. El buen rollo lo justifica todo.

Por ejemplo, estás en un pab tomándote algo con unos amigos, llega un desconocido y te agarra de la cintura mientras se comporta como Torrente; cuando le preguntas que qué demonios hace te mira como el imbécil que es y te dice "Tronca, de buen rollo...". Ah, claro, si es de buen rollo entonces sí puedes restregarte contra mi anatomía como un perro en celo.

Otro clásico es la piba que viene y te grita al oído. Te deja medio sorda y cuando la miras con cara de asco te dice que era de buen rollo y que eres una amargada. O sea, si yo no fuera una amargada adoraría que me vinieras a destrozar el tímpano, ¿no?. Cuando no les sigues la corriente te llaman amargada, borde, sosa o cortarrollos. Tú estás jodidamente obligado por las leyes del buen rollo a seguirle la bola al tarado que ha decidido meterte en su juego.

El respeto a los demás no es una norma social, es una variable inversamente proporcional al grado de buenrollismo que lleves encima -y de los miligramos de alcohol en sangre-. A mayor buen rollo, menor respeto. Si tú estás de súper buen rollo, puedes, claro está, berrear todas las canciones de Bisbal en plena calle a las 5 de la mañana. Si encima es sábado, no sólo puedes, sino que debes hacerlo. Si es agosto, llévate timbales, castañuelas y guitarra.

En mi barrio, el buen rollo se mide en litros. Litros de alcohol. Y litros de pis. Uno bebe y, por consecuencia fisiológica, mea. Y, por consecuencia buenrollista, mea en la calle. Estoy harta de sortear charcos de pis -y de vómito-. Las veces que me ha dado por recriminar a los meones en acción, he tenido distintas respuestas: "¿y dónde coño quieres que lo haga?" (el meón tiene 5 bares abiertos a sus espaldas), el clásico "veteatomarporelculo" y, lo más excitante, un hijodeunperro que me apuntó con la cola -intuyo que pequeña-.

El dios buen rollo justifica todas estas acciones, porque la gente se reúne de buen rollo, fuma y te suelta el humo en la cara de buen rollo, bebe de buen rollo, mea de buen rollo, se salta los semáforos de buen rollo, pone la música a todo volumen de buen rollo y tú no eres nadie para recordarle dónde acaban sus derechos y empiezan los de los demás.

Hoy un compañero de curro ha recibido un meil -a su cuenta del trabajo- de un colega que debía de estar de muy buen rollo: al abrirlo, un dantesco vídeo de muy mal gusto ha empezado a saltar por toda la pantalla con un mensaje que decía "estás jodido, intenta apagarlo". Era imposible cancelar aquel vídeo o salir de ahí. Tuvo que reiniciar el ordenador, perdiendo todos los cambios del documento en el que curraba y abochornado por aquella escenita que estuvo cinco minutos brincando en su monitor delante de sus compañeros. ¿En qué piensa la gente cuando hace esas mamarrachadas?

Y es que los buenrollistas no piensan en las consecuencias de lo que hacen, sino solamente en las risas que se echan al momento. Me parece triste, e incluso preocupante, ese escudo del buen rollo que justifica lo injustificable, que convierte lo intolerable en cotidiano. Que hace que a todos los jóvenes se nos meta en el mismo saco. A veces pienso que quienes perjudican a los demás podrían irse un poquito a la mierda, pero de buen rollo, claro.

domingo, 4 de mayo de 2008

De palabras y paisajes

Llevo días interrogándome acerca de la magia que duerme en las palabras. Que las palabras encierran misterios es algo que ya sabíamos. Que alojan errores, también. En este viaje se me ha metido en la cabeza la palabra pueblo y, aunque en español significa varias cosas, le daba vueltas a la acepción "conjunto de personas de un lugar, región o país". Es curioso cómo en italiano se dice pòpolo, sin que este sustantivo signifique ninguna otra cosa. Il pòpolo hace referencia sólo a la comunidad, no a una villa o ciudad como sucede en español. En inglés se dice people, que también significa gente.

No termino de tener claro el motivo de esta colección y posterior análisis y traducción de palabras que he llevado a cabo en días pasados. Supongo que ayudará saber que la otra palabra que tengo atrapada, ya no en la cabeza sino en el estómago, es casa. Casa entendida como hogar, home en inglés, no house.

No sé a qué pueblo pertenezco, mucho menos dónde está mi hogar. Llevo días buscando en paisajes verdes la respuesta que lleva tantos años aletargada, dormida perennemente. No la he encontrado. No es una sensación que me duela, pero me arde. Me pica como el primer sol de mayo. Es como si un pequeño fuego fatuo andara acechándome tras haberlo recogido de los bosques que han mecido mis alegrías en estos días y traído ahora de vuelta a la ciudad en la que vivo -hoy no puedo ni decir mi ciudad sin sentir que miento-.

Tengo un ciprés atragantado en la gola , un cielo -azul como sólo el cielo de la infancia- ocupando el lugar de mi cerebro, un manto de margaritas trepando por mis piernas, una colina reposando en mi vientre y un campo de tréboles enredado en mi pelo. Mi memoria está anclada en un valle. Mis manos sangran sin dolor después de escarbar la tierra en busca de raíces, palabra que late en mi corazón.

No es tristeza, sino la sensación de caminar sin rumbo, de flotar a la deriva, de nadar maradentro buscando el camino que ha de guiar mis pasos. Es sentir que ahora brillo con una radiante luz blanca, como una manzana bermellón recién arrancada del árbol, pero con la duda de si brillo condenada a que la ciudad me apague, como se apaga la fruta en el frutero.

sábado, 26 de abril de 2008

Retrato

Me he levantado y las dudas esculpían mi cuerpo en pronunciados escorzos mientras que mis ojos estaban huecos como los que vimos esta tarde en los cuadros de Modigliani. Esos ojos, como rotos, no ven ni permiten ser mirados. Esas modelos de Montparnasse vestían trajes a juego con sus iris, azules acerados. Son los ojos huecos de las máscaras africanas. Me dan miedo. Tuve yo acaso esa mirada al levantarme. Sentí yo acaso el acero frío y azul en mi cabeza.

La impaciencia rompe una sala de exposiciones azul oscuro, de qué color si no. Me miro al espejo y veo ahora los ojos que pinta Kisling, grandes e iluminados.
Se acabaron los ojos de ciega, la niebla que los empaña, el gris permanente y hueco. Adiós a la piel transparente, la mirada invidente, el paisaje invisible, el Madrid huidizo, los sueños opacos y los deseos impenetrables.

Esta tarde mis ojos se abrieron a la primavera que irrumpe y tengo ahora una mirada ancha aunque cansada. Cansancio es buena señal. Hoy tengo la piel blanca y el pelo oscuro que pinta Foujita. Y mi alma es del color con que pinta Chagall. Hoy canto; hoy soy amarilla y roja.

domingo, 20 de abril de 2008

Los amigos de Piterpán

(Continuación del post anterior, Piterpán)

Los amigos de p
iterpán -al contrario que los de Peter Pan- visten también de verde. Son un ejército de plumas rojas -las del gorro- que beben cerveza y se dedican al proselitismo en estado puro.

Ellos son el diablo mismo y los peores enemigos de cualquier novia. El día que tu chico se digna a presentártelos -cuando tú todavía no sabes que duermes con piterpán- nada más llegar al garito roñoso de turno te dicen cosas del tipo: "Pero qué guapa eres" y a él: "Joder, macho, qué escondida te la tenías". Se interesan por lo que haces en Madrid y con quién vives -no sea que compartas piso con alguna piba que les puedas presentar-. Tras varias cervezas te cogen del hombro se acercan en exceso a tu oreja y te dicen: "En serio, tía, no sabes qué bueno es, te llevas a un partidazo, tienes que cuidarle mucho, le conozco de toda la vida. Le quiero como a un hermano".

Si en ese momento no te vas, te arriesgas a que pasen al güisqui y acabes escuchando algo que hará que acabes viendo en ellos al mismísimo anticristo: "De verdad que es un chico majísimo, lo que pasa es que no ha tenido suerte con las tías. Es que mira: resulta que Sara, la anterior, que no era ni de coña tan guapa como tú, le trataba mal, le condicionaba mucho...". Tu ceja empieza a arquearse, tú intentas reprimirla. Tu anatomía se subleva. Has puesto cara de: "¿Pero y este anormal?". Él se da medio cuenta y te dice "No te molestará que te hable de su ex, ¿verdad, Sara?". Le escupes; bueno, no, no le escupes, pero te mueres de ganas de hacerlo. Te vas al baño. Te lavas la cara. Vuelves. Te colocas en el punto más lejano al imbécil.

Llega la hora de pagar la cuenta: pretenden pagar todo a partes iguales. Ellos van como cubas y pretenden que tú, que te has tomado una coca cola, les pagues las birras, las copas y les subvenciones tu noche del carajo. Tu novio paga por los dos (tiene que lucirse). Te ahorras la discusión.

En las sucesivas citas con la panda de mamarrachos, no hay un día que lleguen antes de media hora tarde. Aparecen como si nada y encima te sueltan: "Joder, estás helada, cómo se nota que eres del sur/parece mentira que seas del norte". Les contestas que es normal después del rato que llevas esperando en el jodido Oso y el madroño y te dicen: "Bueno, ya sabes, la media hora de cortesía". Y tú que pensabas que la cortesía eran 10 minutos...

Ya llevas unos meses con tu piterpán, así que te dicen perlas del tipo: "Joder, tronca, desde que éste está contigo no le vemos el pelo" y no se cortan en preguntarte: "¿Y tú no tienes amigas?", no sabes si porque lo que quieren es que te vayas con ellas y les dejes hacer el capullo a sus anchas o si lo que les apetece es conocer chicas. En realidad, te resbalan los porqués que pasan por la cabeza de esa manada de dementes.

Los amigos de tu novio-piterpán son proselitistas piterpánicos. Cuando están a solas practican un sectarismo de manual lavando el cerebro del que tiene novia. Los más descerebrados intentan presentarle tipas que encuentran en los bares para que un desliz mande a la mierda vuestra relación.

Poseen la asombrosa capacidad de llamar en los peores momentos y tu chico lo remata con la proeza de contestar al teléfono en plena discusión, plena noche o pleno polvo. La cosa es cagarla.

En todo grupo de piterpanes hay uno que se esconde en el armario. El tío no sale ni a hostias. Los amigos no colaboran porque se empeñan en tratarle como al más macho de la cuadrilla. El pobre no tiene una pluma en el gorro, sino que tiene 27. De camino a casa, tras varias citas observando al palomo cojo detenidamente, le preguntas a tu novio si Ramón es gay. El otro te mira como si hubieses dicho la mayor sandez y se ofende: "Pero qué coño dices, no tienes ni puta idea. Es que es tímido". Ya, claro, pobre Ramón...

La mayoría de los colegas de tu piterpán son feos que se empeñan en disfrazarse de guapos, convirtiéndose en feos de cojones. Y son ridículos. Hay alguno que se salva y podría ser medio mono, pero tiene cara de lelo y se ha fumado demasiados porros, por lo que nunca tiene novia ahorrando así el disgusto a las mujeres del mundo.

No es que sean solteros convencidos: son desgraciados de la vida. Por eso mismo, asumen el rol de convencer al que se ha echado novia de que ellas son un coñazo y de que los colegas molan más. Cuando ya estás harta, jodes al que tienes más a mano con un: "Cuéntame, ¿y tú no has tenido novia?". En ese momento has declarado la guerra; pega un trago, se enciende un pitillo y te dice: "Bueno, hace tiempo había una piba...". Te suena al principio de Caperucita Roja. No sabes si es algo tan lejano que ni lo recuerda o es que se está tirando un farol. Te la suda. Le odias. En ese momento oyes que se refiere a ti como la parienta. Se acabó. Te vas a casa. Arsénico para todos.

sábado, 19 de abril de 2008

Piterpán

Peter Pan era un niño imaginario vestido de verde que no quería ser mayor. Los piterpanes, por su parte, son aquellos hombres que se niegan a crecer y a asumir responsabilidades.
La detección del piterpán (PP) es bastante complicada, ya que tiende a ocultar su carácter piterpanista hasta pasados algunos meses de relación. Antes, se lo curra de manera notoria.

Suele pasar que a los 4 meses de historia en común, nuestro chico -que aún no ha sido identificado como PP- entra por la puerta con cara mustia. Tú le preguntas qué le pasa y tras tres nadas seguidos, te dice un cuarto nada: "Nada, que mis amigos dicen que he cambiado". En ese momento, tú coges aire, le miras y te parece ver un gorrito verde con una pluma roja sobre su cabeza. Para parecer comprensiva, aunque sabes de memoria lo que te va a decir, le preguntas: "¿Por qué, cariño?" y él te contesta: "Bueno, dicen que desde que estoy contigo no les veo tanto como antes y que no soy el mismo".

Claro, sus amigos no entienden de matemáticas: no saben que si las horas del día son 24 y, de repente, entra una persona nueva -su novia, o sea, tú- en su vida, el número de horas no crece exponencialmente a su merced, por lo tanto, hay que dividirlas. Es lo mismo que cuando la universidad se acabó y empezó la jornada laboral de 8 horas, pero, claro, entonces no había un sujeto tetudo al que culpar. Respiras hondo -de nuevo- y le preguntas: "¿Y tú qué opinas?" y él te responde: "Pues que igual tienen razón". Claro. "¿Y qué piensas hacer?" Te mira con cara de letra cursiva y te suelta: "Me voy a proponer verles más".

Esta es la conversación que te hace tambalear. Él entra en crisis durante cuatro días, rescata su camiseta de Nirvana, sus casets de "varios", se va a casa de los colegas a jugar a la Nintendo -a un juego rivaival de Super Mario- y tú esperas y desesperas. Hace cosas que no sabías que le gustaban -quizás ni siquiera le gusten-, como ver partidos de 3ª regional, ir a la bolera, intentarlo con la bici de cross... todo con tal de estar con los despechados colegas a los que tiene que reconquistar. A ti, que te parta un rayo que ya se lo curró los primeros meses pa tenerte atadita.

A raíz de ese hito en vuestra historia empiezas a dilucidar otras características piterpanistas, a saber:
Las copas a 12 euros, las entradas de las discotecas, la tabla de surf nueva, los viajes por tierra con algún fin lúdico/deportivo o el último juego de la Play son gastos normales y necesarios -hay que ver qué caro está Madrid desde el euro- pero los restaurantes modernitos de Chueca, las salidas de fin de semana a una casa rural y, por supuesto, un viaje en avión, es un lujo que no se puede permitir.

Este último caso es más significativo cuando él es un PPP -piterpán pijo-. Se gasta fortunas en ropa, en todo tipo de gadgets y moderneces tecnológicas e, incluso, con un poco de suerte, te hace regalos para tenerte contenta. Y calladita.

Es egocéntrico y narcisita. Lava los platos un buen día para que te pases una semana diciéndole lo bueno que es y lo mucho que te ayuda. Busca la palmada y el reconocimiento como camino hacia la autocomplacencia. Es ombliguista y no soporta una broma sobre su físico -probablemente esculpido en algún gimnasio correspondientemente caro-.

Los piterpanes adoran verte en el sofá. Ellos llegan de currar, de hacer sus machadas, de drenar su estrés con el deporte de turno, de desahogarse con los amigos, de tomar cerveza, de la puta calle, en definitiva, y les encanta que estés ahí, con una camiseta de algodón y tu cara lavada. Adoran el abrazo que les das y lo confortable del sofá-con-piba-en-él. Además, los piterpanes quieren sexo a todas horas para quedarse relajaditos y contentos.

Un piterpán nunca te propone un plan hasta que consulta la agenda de los amigos, el calendario de la liga y el parte meteorológico. Un piterpán sólo está disponible para ti cuando no tiene nada mejor que hacer. Si los amigos le llaman cuando ya ha quedado contigo les dirá "Uf, hoy me toca salir con ella, ya sabes, es lo que hay...", con voz de que ese plan es lo peor que le ha pasado en su vida.

Si le sacas el tema hijos, el piterpán dice que sí, que por supuesto, que eso es bonito, que con 39 empezará a planteárselo; si le mencionas tu reloj biológico te nombra a Ana Rosa Quintana y te dice que eso era antes, como si el progreso hubiera llegado a tus ovarios.

Llegados a este punto, cuando miras a tu chico-piterpán ya no sólo le ves un gorro verde, sino que te fijas en que lleva también el traje, las mallas, los zapatitos y todo de ese color.

Cuando les dejas, lloran lágrimas verdes y patalean y te dicen que no te vayas, que van a cambiar... Les das la oportunidad, pero siguen siendo verdes y sólo te queda decirles: "cuando crezcas, llámame". Y te vuelves a cabrear contigo por haber perdido el tiempo.