lunes, 30 de junio de 2008

Resiliencia

Me he levantado en una cama que no era la mía, en una casa que no era la mía, en un barrio que no era el mío, en una ciudad que no era la mía, en un país que no era el mío, en un mundo que no era el mío, dentro de un cuerpo que no es el mío.

Yo, que soy de fuego, llevo tres días vomitando toda la lava que tenía dentro. Tres días de furia. Ahora ya no siento el fuego en mi interior; quedan en mí restos de madera quemada y cenizas de otros tiempos. El dolor que empezó siendo agudo, hoy sabe a vino viejo y rancio, a barrica de madera humedecida, a verano pringoso, a polvo.

No paro de borrar frases. Hoy soy pequeña, mi metro setenta y pico está por debajo de los árboles, de las personas que me encuentro en la breve calle que camino, de los coches, de las ratas. Mi voluntad está lejos de mis manos que sólo sirven para taparme los ojos en puños, de rabia.
Down in a hole and I don't know if I can be saved See my heart I decorate it like a grave Down in a hole, feelin' so small Down in a hole, losin' my soul I'd like to fly, But my wings have been so denied
Resiliencia: capacidad de las personas para sobreponerse ante situaciones adversas. Vaciarme para llenarme. Soy un cántaro lleno de barro. Soy tierra fértil sin semillas. Me gustaría volar, pero no tengo alas.
Goya, píntame un cuadro, de esos tuyos que siempre he detestado, de esos que me acongojan, que me acojonan.

martes, 24 de junio de 2008

Lo tácito y lo noble

Lo tácito: las palabras que se callan y los gestos que acompañan los silencios.
Lo noble: la honradez, la generosidad.
Cuando lo tácito y lo noble se unen nacen las historias más sinceras, las que no necesitan ser habladas, ni racionalizadas, ni siquiera demostradas. Sólo gestos de los que se infiere todo lo demás. Sin palabras, sin reglas.
Cuando lo tácito y lo noble se encuentran esculpen sentimientos que salen de muy profundo para convertirse en mordiscos, besos, sonrisas arañazos, patadas o lloros. Tácito es el respeto. Tácito es el amor que nace poco a poco y un día ya es antigua realidad.
Lo tácito. Lo callado, lo silencioso, lo supuesto.
Lo tácito y lo noble, conjunción en equilibrio, plenitud. Deseo. Necesidad.
Gritaré en silencio, flotando ligera, en vistas de un pacto tácito y noble.

jueves, 19 de junio de 2008

Princesas o putas

He estado hablando con Irene acerca de hombres, mujeres y hombres y mujeres. Ha sido una conversación brevísima, pero ha dicho dos frases que han abierto la ventana de mi inspiración: Un lugar al que volver y Nací princesa porque putas ya hay muchas.

Yo no nací princesa pero siempre he tenido algo de princesita de cuento; tampoco nací puta, pero tengo una dentro, como toda –no escribiré el diplomático “casi”- mujer que se precie.
He jugado a ser fuerte y a llevar pantalones, a consolar con brazos largos y a abrazar con el cuerpo entero. He jugado a hacerte la cena cada noche, a complacerte, a “lo que tú quieras, como tú quieras”. Me he dedicado a consolarte y a reconfortarte en tus penas. He estado ahí, donde quiera que ahí sea.

Hemos ido “adonde tú quieras” y las indirectas sobre los viajes que nunca he hecho y deseo hacer se han quedado siempre en el mapa y en la agencia de viajes. He jugado a entenderlo y a esperar, cuando no lo comprendía aunque aguardara a ciegas, con vaga esperanza.
Me he cansado: te he dejado y he gritado. Tú no eres uno solo, eres varios, demasiados. Hoy no escribo desde la rabia sino desde el tiempo que todo lo cura, pero escribe una princesa. No nací princesa pero desde ayer lo voy a ser. No quiero ser reina, he dicho princesa. Me cansé de jugar a superwoman, me cansé de ser puta cuando me aburro del mundo.

No quiero ser la mujer de nadie, no quiero ser únicamente el lugar al que volver para el hombre de turno. No quiero mendigarte ni permitir que rellenes conmigo los huecos de tu tiempo. No quiero el aire que te sobra. No quiero ser tu siesta ni tu descanso, si no puedo ser también tu despertar y tu mañana. Quiero en mis manos tu risa y tus penas, ambas. Quiero recogerte cuando flojees para acariciarte el alma, pero no quiero ser sólo tu consuelo. Llórame para que te beba las lágrimas pero ríeme hasta dejarme sorda. No te olvides de compartir conmigo tus alegrías.

Quiero ser ángel y princesa, porque quiero cuidarte y dejar que me cuides, pero no voy a ser tu madre. Ni puta ni madre. Princesa, he dicho princesa. Princesa y ángel. Princesa, porque me he ganado ser princesa. Ángel, porque necesito cuidarte y sostener tu caída.

Ángel y princesa, intentaré repetírmelo continuamente, hasta que me quede claro, desde esta ingravidez en la que me encuentro, en este momento de ligera lucidez y de cálida tibieza. Estoy feliz: me sientan bien mi nuevo vestido de tul rosa y mi corona de flores blancas, mis zapatitos de cristal y mi alma en calma. Voy a ser princesa porque putas ya hay muchas. Y porque me da la gana.

lunes, 16 de junio de 2008

A cualquier lugar

En la última semana no paráis de repetirme que no escribo acerca de cosas positivas. Reconozco que me ha hecho ilusión vuestro énfasis y lo más bonito que se me ocurre ahora mismo es una canción que os puse ayer, con su letra cursi que suena a verano, de Facto de la fé y las flores azules:

¿Crees en las promesas? Son sólo palabras Yo creo en los actos El acercamiento Bésame si miento Dame tu saliva Vives mi deseo Siempre de escondidas Aquí la palabra En segundo plano Sientes el aroma Vida; escucha, mira Veo la salida Siempre afirmativa Caminaré ciego, porqué sé que miras Dime con tus dedos Que no habrá más peros Que siempre seremos Mientras nos toquemos Luz entre las ramas Seis de la mañana Llegan los colores Nacen las fragancias Dime esa palabra Que tus ojos cantan Como fluye el viento Como corre el agua Entre las montañas Bésame los labios Tócame la cara Que me tiembla el alma (...) No tengo a dónde ir, así que iré a cualquier lugar A cualquier lugar... porque no tengo a dónde ir...

Estas palabras hacen referencia al mundo sensorial en el que quiero instalar mi casa de verano, de este verano que hoy ha vuelto a deshacerse en agua y que no muestra ya violeta ni dorado. La música son las únicas palabras a las que hago caso últimamente. Las palabras ajenas sólo me sirven si se acompañan de gestos acompasados, miradas coherentes, caricias o mordiscos de rabia -la rabia de que se evapore el instante y se convierta en la misma lluvia que luego llueve sobre el corazón mojado-. Se me ha escapado un mordisco, ya no sé besar. Espero no haberte hecho daño.

domingo, 15 de junio de 2008

Paciencia

Siempre parezco más joven después de tardes como ésta. Siempre la piel más clara, los ojos más pequeños. Es como si la noche nunca fuera a calar. Las nubes suenan a calor y reflejan un sol que no se va. Es el verano. El domingo, primer domingo de verano, las piernas casi por depilar, inesperada llegada. Todo el día oyendo piar. Las plantas recién regadas ya necesitan más agua, yo necesito más agua, quiero sumergirme en el frío que tardará en volver.

Creo en la paciencia. No creo en las palabras: las que se dibujan en mi cabeza sólo me cuentan mentiras, pero no me importa. Cada momento es mentira, cada instante es falso, es todo consecuencia de la borrachera emocional, del impulso corporal. Mi estado mental es consecuencia del violeta del oeste. Veo las nubes preñadas de una lluvia que no tienen intención de descargar: la noche seca, a salvo. Todo lo demás lo dudo. Lo dudo con una interrogación creciente. Está todo quieto, empezando por el sol que se queda plantado en el cielo de Madrid. Creo que las horas se han quedado calladas, pero la duda no me importa. Qué más da.

Qué más dan la ida y la venida. Qué más dan brazos enredados. Paciencia, paciencia, que el verano todo lo cuenta y revela secretos. Llega el calor. El tiempo se dilata y la piel pesa mientras me siento ligera. La piel propia, la ajena. Antes, durante, después. Paciencia, paciencia.

jueves, 12 de junio de 2008

Patadas

En días como éstos con la Eurocopa en el aire no se habla de otra cosa y yo desconecto más que nunca. Hasta el lunes mi subconsciente debió de hacer un serio esfuerzo, pues no me había enterado de nada. Ese día tuve sobredosis de información futbolera. El martes, día del partido, mi interés era igual a cero y me cayeron los comentarios de siempre: “Vale que no te guste el fútbol, pero es que juega España”.

Entonces es cuando realmente me desconciertan e intento no contestar porque no hablamos el mismo idioma y es una pérdida de tiempo. Si cambio de tema me arriesgo a un “es que a mí tampoco me vuelve loco el fútbol, pero si juega España...” Y yo sigo intentando esquivar la cuestión. Si explico que me da igual quién gane me arriesgo a preguntas como la del martes: “¿Eres nacionalista?”. Pereza. Me da una pereza infinita contestar que para mí no hay unidad local, regional o nacional alrededor de un deporte -ni de casi nada-, porque ese deporte lo juegan 11 personas y no siento la representatividad que éstas pueden tener para gritar “A por ellos”. Menos aún entiendo qué es España en términos de “quiero que gane España”. ¿Qué tienen que ver un ceutí y un leridano? Pues quizás menos que un neozelandés y un egipcio.

Entiendo a quien tiene una pasión y la sigue, a quien le gusta un deporte, lo ve y lo disfruta. A mí el deporte no me dice nada, pero claro que a veces he visto movimientos que he admirado en patinaje sobre hielo, gimnasia deportiva o tenis, por ejemplo, pero no tengo la sensibilidad necesaria para que el deporte me interese o me saque ninguna reacción.

Lo que no soporto es que la gente me mire seriamente o como alucinada porque digo que me da igual la victoria de Lorenzo, de Alonso o de España. Me cuesta mucho explicarlo, pero que esas personas sean españolas no me causa ningún tipo de sentimiento de confraternización, ni si son canarias, ni si son de Módena. A mí la bandera me sirve para bien poco.

En mi casa toda la vida se ha visto la Fórmula 1 debido a mi ascendencia de Maranello (el pueblo del que proviene Ferrari). Recuerdo que cuando era pequeña pocos españoles mostraban interés por las carreras, pero en mi casa era religión verlas –todos lo hacían menos yo-. Luego llegó Fernando Alonso y en España todos decían llevar muchos años interesándose por la F1 y eran expertos y los más fans. En Asturias el fenómeno se convirtió en cultura de la noche a la mañana. “Es un español que triunfa, hay que apoyarlo”. Y yo, con cara de póquer. Con la Eurocopa pasa lo mismo: es la selección española la que juega, aunque no te guste el fútbol, tienes que alegrarte de la goleada del martes.

Me siento marciana porque el fútbol me trae sin cuidado, porque no lo considero ni como un acto social. En mi vida no contemplo el deporte como motivo de unidad, aunque una a millones y millones de personas. Hay otras cosas que me hacen sentir ese sentimiento de hermanamiento, quizás un concierto, pero sobre todo las causas. Si algo me conmueve y me llena de energía es una manifestación en la que los presentes sienten lo mismo y gritan al unísono, sin rivales enfrente vestidos de otro color –o sí- pero que luchan, que se mueven por algo y para algo.

La lucha es el matiz diferenciador. Ojalá las personas se movilizaran con la misma pasión que le ponen al deporte y las patadas al balón para darle patadas a la realidad, a las desigualades, para llevar a cabo la lucha, los actos de condena, la defensa de los ideales o de las voluntades de la sociedad. Ojalá fueran éstos los motivos que nos hicieran salir a la calle, reunirnos alrededor del televisor, llorar o celebrar. No estoy criticando la afición al deporte y sé que muchos de los que sois aficinados sois los primeros en hacer ruido cuando la injusticia acecha, pero no deja de asombrarme la respuesta masiva de un pueblo –esa palabra me sigue trayendo dolores de cabeza- ante personas que llevan una misma camiseta, frente a la pasividad en otros temas.

Me pregunto si el interés de que gane la selección española es patriotismo o si no tiene nada que ver. Insisto en que no ataco a nadie, pero me encantaría que me dejaran en paz los que me acribillan a etiquetas por no ser comotodoelmundo.

viernes, 6 de junio de 2008

Portadas y portazos

A primera hora un compañero me avisó: “creo que es mejor que no mires hoy los periódicos”.
Tenía razón. Ni los impresos, ni los digitales. Era mejor leer el Marca, la Super Pop o Harlequín.

Esa puta foto... Y lo peor: esos putos titulares ensalzando al violento, al cobarde. “José Tomás sube a los cielos” -ah, ¿se ha muerto?-, o “Ya es leyenda”. No quiero hablar de tauromaquia otra vez sino analizar la cobertura informativa que tuvo la faena de ayer y la feria en general.

El apartado 1.4. de la política editorial de El País dice: "El periódico no publica informaciones sobre competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión".

Muy bien, muy bonito, muy humano. Renunciar a la sordidez. Qué bien suena. Hoy, además de la foto de portada, El País dedica dos páginas y varios editoriales a la corrida de ayer. Llevo todo el mes de mayo desayunándome los banners publicitarios de la edición online, en los que se anuncia la cobertura que da el diario a la feria de San Isidro. Dos blogs dedicados a ello, varios especiales. Acojonante. El País es un medio progresista, ¿no? ¿Hay algo más conservador que las corridas de toros? ¿Más machista, más sórdido?. Yo me pregunto de qué sirve ayer un especial sobre cambio climático en El País –somos megaecologistas- si luego muestra tamaña insensibilidad dando tan amplia cobertura a la Fiesta Nacional. Me ha resultado horrible tanto toro en la edición digital durante más de un mes. No es que den la información, es que ensalzan el toreo.

El jueves a mediodía Antena 3 dio la noticia de que figuras relacionadas con el mundo del toro acudieron a Bruselas a defender la Fiesta. Olvidaron comentar que numerosas asociaciones antitaurinas también estaban allí para decir la suya. Asco me da.

El periódico gratuito 20 Minutos decidió hace dos años no dar información sobre corridas. Me encantan las apuestas valientes, las manifestaciones de cordura, la honradez periodística, si es que aún existe. La única vez que pude haberme visto involucrada por trabajo en un evento relacionado con este mundo –submundo- apelé a la objeción de conciencia. Y al sentido común, joder, y al sentido común.

La misma portada me da otra mala noticia: la cumbre de Roma ha sido un auténtico fracaso. Con o sin sentido, hoy me tapo los ojos, los oídos y le doy un portazo a la realidad.