En estos días en los que se habla de desenterrar fosas y poner nombre a montones de huesos en pro de algo que llaman Memoria histórica (si la historia no tuviera memoria no sería tal cosa), yo pienso en que la memoria es necesaria para perdonar, o para todo lo contrario, pero ante todo es un derecho.
Y no sólo es un derecho, sino que la memoria es también un deber, al igual que lo son el castigo y la justicia. Desde mi punto de vista, existe una necesidad imperiosa de no olvidar. El pueblo no debe olvidar y no por sed de venganza, sino porque creo que es imprescindible recordar para así no repetir errores.
Y no sólo es un derecho, sino que la memoria es también un deber, al igual que lo son el castigo y la justicia. Desde mi punto de vista, existe una necesidad imperiosa de no olvidar. El pueblo no debe olvidar y no por sed de venganza, sino porque creo que es imprescindible recordar para así no repetir errores.
"El tirano oprime a sus siervos y ellos nunca se revuelven contra él, lo que hacen es machacar a los que tienen debajo". Cumbres borrascosas, Emily Brönte.
Tengo que decir que no tengo una opinión definida acerca del desenterramiento de fosas comunes, pero lo que sí tengo claro es que un crimen de lesa humanidad no puede prescribir. Que un delito prescriba es una insensatez. Mientras haya vida tiene que haber esperanza. Y la esperanza no es posible si no hay justicia. ¿Qué le queda a alguien a quien un régimen le arrebató todo sino ver que se hace justicia? Mientras haya vida tiene que poder hacerse justicia. Ni amnistía ni hostias. Justicia.
Quienes creen que apelar a la memoria es no saber perdonar, se equivocan. Querer recordar no es querer venganza, es pretender aprender de los errores y enmendarlos. Si se puede. Si nos dejan.
Algunos olvidan más de la cuenta y se mandan mudar a un limbo de mentira, allí donde parece que no ha ocurrido nada, para poder tirar hacia adelante. Sin embargo, acaba ocurriendo que un día te cogen de los pelos y te llevan a rastras hasta el montón de tierra bajo la cual se agitan cráneos agujereados. Es entonces cuando, de rodillas ante la realidad, muerdes el polvo y agarras esos huesos para con ellos golpear a los culpables. Es entonces cuando dices que no perdonas. Es ese el momento en que dices, ¿quiénes somos nosotros para concederos el perdón que no habéis solicitado?
Y ese día, te dejas caer en la fosa común, común al dolor, a los miles de muertos de la Guerra Civil, de las guerras silentes, de todas las guerras, todas iguales, y dices No pasarán.
Y sí, hoy he amanecido con los puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud, pero la ingenuidad me absolverá de equivocarme y aquí cada uno aporta lo que sabe. O lo que puede.
Quienes creen que apelar a la memoria es no saber perdonar, se equivocan. Querer recordar no es querer venganza, es pretender aprender de los errores y enmendarlos. Si se puede. Si nos dejan.
Algunos olvidan más de la cuenta y se mandan mudar a un limbo de mentira, allí donde parece que no ha ocurrido nada, para poder tirar hacia adelante. Sin embargo, acaba ocurriendo que un día te cogen de los pelos y te llevan a rastras hasta el montón de tierra bajo la cual se agitan cráneos agujereados. Es entonces cuando, de rodillas ante la realidad, muerdes el polvo y agarras esos huesos para con ellos golpear a los culpables. Es entonces cuando dices que no perdonas. Es ese el momento en que dices, ¿quiénes somos nosotros para concederos el perdón que no habéis solicitado?
Y ese día, te dejas caer en la fosa común, común al dolor, a los miles de muertos de la Guerra Civil, de las guerras silentes, de todas las guerras, todas iguales, y dices No pasarán.
Y sí, hoy he amanecido con los puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud, pero la ingenuidad me absolverá de equivocarme y aquí cada uno aporta lo que sabe. O lo que puede.
