Se me ocurre súbitamente una expresión –adolescente, chulesca, estúpida- ante las declaraciones de los obispos en su manifestación del día 30: ¿de qué coño vais?
No voy a ponerme a explicar por qué una pareja gay supone un núcleo familiar, por qué es conveniente que un matrimonio acabado recomponga su situación con premura o por qué una mujer embarazada está en su derecho de renunciar a un hijo fruto de una violación, por ejemplo... No voy a caer en ninguna de estas justificaciones porque las perogrulladas las dejo para otro momento.
Mi intención con este post es simple: mostrar mi indignación ante las exigencias de un colectivo religioso que, si bien es mayoritario, no es representativo de ninguna forma de democracia. La Iglesia se ha propuesto actuar como lobby, ir contra el gobierno lanzándose a la calle, algo que (por cierto) no le pega nada. La doctrina católica, amigos, no está aprobada –hasta donde yo sé- en ningún parlamento, ni la fe que profesan ha sido elegida por ningún pueblo. Los obispos propusieron el domingo una democracia vestida de monja, pero me pregunto si quizás no nos animan, de soslayo, a una dictadura con bigote y mano derecha bien extendida al frente.
Me parece absolutamente adecuada la respuesta del gobierno: la fe no se legisla. Es vuestra fe, es vuestra creencia, es vuestro fuero interno, es vuestra conciencia, es vuestra decisión, es vuestra moral... Como se diría en el lenguaje adolescente-patético que hoy me sale: es vuestra movida. Curiosamente, el PP esta vez no se moja, ¿demasiado cerca de las elecciones, quizás? Una postura demasiado radical parece no convencer a Mariano, se le podrían ir los votantes moderados que van a dar su papeleta a los populares por mera insatisfacción con el gobierno socialista.
Voy con la tercera perla quinceañera del día: señores, échenle huevos. Hagan un sencillo formulario online para que quien libremente –tanto que hablan de libertades- desee apostatar, que lo haga. ¿Por qué tantas facilidades para entrar en la Iglesia y tan pocas para salir?. Mis padres no me preguntaron si estaba conforme con ser bautizada, así que se me ocurre que podrían tener ustedes la deferencia de facilitarnos el abandono de su casa, a los que no queremos estar. Presumo que, si esto se hiciera, se les caerían la mayoría de católicos de sus listas. ¿Por qué en lugar de hablar del número de católicos que hay en España no hablan de la cifra de practicantes? Según un estudio del New York Times realizado en 2005, sólo el 18% de los españoles va a misa habitualmente.
Y por último, el laicismo radical del que se habló el domingo... ¿qué narices es eso? El laicismo no es la vorágine caótica e inmoral de la que ustedes hablan y mucho menos implica el menoscabo de valores naturales y morales como ustedes pretenden hacer creer. Les recuerdo que, según nuestra Constitución, éste es un estado aconfesional, gracias a dios. Sí, a dios o a quien sea, pero afortunadamente laico e implícitamente respetuoso con las libertades del individuo. Amén.
No voy a ponerme a explicar por qué una pareja gay supone un núcleo familiar, por qué es conveniente que un matrimonio acabado recomponga su situación con premura o por qué una mujer embarazada está en su derecho de renunciar a un hijo fruto de una violación, por ejemplo... No voy a caer en ninguna de estas justificaciones porque las perogrulladas las dejo para otro momento.
Mi intención con este post es simple: mostrar mi indignación ante las exigencias de un colectivo religioso que, si bien es mayoritario, no es representativo de ninguna forma de democracia. La Iglesia se ha propuesto actuar como lobby, ir contra el gobierno lanzándose a la calle, algo que (por cierto) no le pega nada. La doctrina católica, amigos, no está aprobada –hasta donde yo sé- en ningún parlamento, ni la fe que profesan ha sido elegida por ningún pueblo. Los obispos propusieron el domingo una democracia vestida de monja, pero me pregunto si quizás no nos animan, de soslayo, a una dictadura con bigote y mano derecha bien extendida al frente.
Me parece absolutamente adecuada la respuesta del gobierno: la fe no se legisla. Es vuestra fe, es vuestra creencia, es vuestro fuero interno, es vuestra conciencia, es vuestra decisión, es vuestra moral... Como se diría en el lenguaje adolescente-patético que hoy me sale: es vuestra movida. Curiosamente, el PP esta vez no se moja, ¿demasiado cerca de las elecciones, quizás? Una postura demasiado radical parece no convencer a Mariano, se le podrían ir los votantes moderados que van a dar su papeleta a los populares por mera insatisfacción con el gobierno socialista.
Voy con la tercera perla quinceañera del día: señores, échenle huevos. Hagan un sencillo formulario online para que quien libremente –tanto que hablan de libertades- desee apostatar, que lo haga. ¿Por qué tantas facilidades para entrar en la Iglesia y tan pocas para salir?. Mis padres no me preguntaron si estaba conforme con ser bautizada, así que se me ocurre que podrían tener ustedes la deferencia de facilitarnos el abandono de su casa, a los que no queremos estar. Presumo que, si esto se hiciera, se les caerían la mayoría de católicos de sus listas. ¿Por qué en lugar de hablar del número de católicos que hay en España no hablan de la cifra de practicantes? Según un estudio del New York Times realizado en 2005, sólo el 18% de los españoles va a misa habitualmente.
Y por último, el laicismo radical del que se habló el domingo... ¿qué narices es eso? El laicismo no es la vorágine caótica e inmoral de la que ustedes hablan y mucho menos implica el menoscabo de valores naturales y morales como ustedes pretenden hacer creer. Les recuerdo que, según nuestra Constitución, éste es un estado aconfesional, gracias a dios. Sí, a dios o a quien sea, pero afortunadamente laico e implícitamente respetuoso con las libertades del individuo. Amén.
