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jueves, 12 de febrero de 2009

Amigos y amantes

Los amigos tienen que ser pesados como rocas, viejos como montañas, insistentes como una madre. Los amigos han de sorprenderte una tarde llenándote el buzón con las canciones que les gustan, compartiendo citas que les recuerdan a ti, mandándote mensajes en clave de pasado. Los amigos están siempre presentes, como en una foto enmarcada. Me gustan los amigos que saben a Marylin Manson y a conciertos y a brisa. A ropa antigua, a plata sucia.

Los amantes tienen que ser livianos como la primera tarde juntos, deben pasar de puntillas por tu espalda estremecida y amortiguar cada gemido con la inicial desconfianza.

Su mirada ha de ser desconcertante, para que nunca podamos adivinarles. Los amantes viven en mundos mágicos de los que poco se sabe. Los amantes son gatos huidizos en lugar de perros fieles.

Los amantes deben tener siempre la piel tibia y cicatrices en algún lugar extraño. Tienen que tener manos rápidas y besarte a medias. Los amantes no explican, cuentan historias ligeras. Los amantes saben a té oriental de fondo amargo, como de cardamomo.

Los amantes son un baño en un mar frío en el que paralizarte y perderte. Los amantes convierten las camas en lechos de nieve donde estremecerse hasta olvidar el sentido de la realidad. Los amantes te transportan con su tibieza a un país donde siempre es invierno.

Los amantes son amantes cuando, a la mañana siguiente, los sientes enredados en tu pelo, dormidos en tu estómago, y te das cuenta de ese sabor a sal en los labios, ese regusto a hierro en el paladar.

lunes, 18 de agosto de 2008

La vida de los otros

Conozco a Laura desde que yo tenía un año y ella ocho. La estrecha relación de nuestros padres y la proximidad de nuestras casas -entonces y casualmente ahora- nos han convertido en primas putativas.
Su novio, Jordi, que estos días descansa en su tierra, escribe a altas horas en su blog y cuando llego a casa tarde, mientras meto la llave en mi portal, giro la cabeza a la derecha y le suelo ver escribiendo en el ordenador a través de su indiscreto balcón.
Ayer Laura me propuso un plan: "a las 15:30 debajo de mi casa en vaqueros y zapatillas". ¿Vaqueros en verano? Vale. Recordé cuando su padre me decía de niña la ropa que tenía que preparar y la hora a la que me recogería mientras el plan se mantenía en secreto... Al minuto de tocarle al timbre bajó con sus perros, nos metió a los tres en su coche y nos soltó en la Casa de Campo para que corriéramos y descansáramos a la sombra de los árboles. "En otoño Jordi y yo veníamos aquí cada día". Me señaló el árbol que tenía que abrazar para que se llevara todo lo malo y volvimos a su casa.
Me preparó un té bajo en teína -un té en verano- y me senté en el indiscreto balcón, delante del ordenador. Leí el último post de Jordi sentada en su silla -demasiado alta, alguien tenía que haberla descolocado- y la foto que lo ilustraba mostraba el girasol que pude ver a mi izquierda. Ante nosotras, algunos hombres desmontaban el escenario del que él hablaba en ese mismo post y Laura y yo dábamos gracias de que las fiestas acabaran y, por fin, fuésemos a ser capaces de dormir de nuevo.
De vuelta a casa y contenta por el paseo y la compañía, me sentí un poco como aquel espía de la maravillosa peli que da título a este post, viviendo la vida de otros. Y llegué a la conclusión que en la vida de los otros encuentras ejemplos para tu vida, deseos. En este caso pude ver qué es lo que une a dos personas, aunque sólo una de ellas estuviera presente.
Muchas veces me ocurre algo parecido: veo en las historias ajenas cualidades que admiro, por las que siento verdadera envidia sana. Me pasa con la capacidad de H de lograr lo que se propone, la frescura de Bea, la tenacidad de Cris, el sentido del humor de Dani V, las ganas que le pone a todo Dani D, la fortaleza de Aday, la risa de Nano, la creatividad de Edel, la templanza de Carlitos Alegre. La vida de esos otros, aquéllos a los que quiero, me da la vida y me da las ganas. Esta noche prefiero que la vivan ellos por mí, pero prometo que mañana volveré y, desde sus vidas, le daré más razón de ser a la mía y dejaré de preguntarme a qué he venido.

miércoles, 16 de julio de 2008

Caos calmo

Aquí va una entrada de variedades y eventos varios, para no tener que seguir poniendo la etiqueta "no" a cada post que cuelgo y para que Pablo no se meta conmigo -con razón- por mi actitud negativa.

Mi último finde en la capital antes de venir a laisla consistió en hacer cosas de esas que puedo hacer en Madrid y no aquí ni en ninguna otra ciudad que no sea una granciudad:

Viernes noche: me fui a ver sola "Caos calmo" en versión original. Moretti actuando con el registro de Moretti y una muerte al principio de la peli que me auguraba una tragedia como la de "La habitación del hijo" -la peli más dura que he visto en mi vida-, pero no fue así. Habla de un drama llevado con asombrosa calma; me dejó meditabunda y caminaba hacia casa con el verano un poco entre paréntesis pensando en ese hombre sentado en el parque. La peli me gustó y tiene una estupenda banda sonora, Rufus Wainright y Radiohead incluidos.

Sábado tarde: exposición de Rodin. Brutal. Habría amordazado a tres adolescentes cincuentonas que hablaban como si estuvieran en el salón de su casa acerca de la barbacoa de un tal Ramiro y del bañador que se iban a llevar mientras estaban de pie delante de una escultura llamada "La eterna primavera" a la que no prestaban ninguna atención:

Yo, mirando la pieza: Disculpad
Ellas: Qué?
Yo, señalando la pieza: Quería mirarla
Una de ellas (la más operada): Nosotras la estamos mirando
Yo: Ah, pensé que estabais hablando del pareo étnico que os ibais a llevar a casa de Ramiro en Majadahonda
Se apartaron abochornadas dejándome ver la escultura y callando sus asiliconadas bocas.

Una maravilla, una exposición preciosa, de las más bonitas que he visto de escultura. La que más me gustó fue El rapto, que acumulaba un gran simbolismo en dos cuerpos, un abrazo robado, o quizás no tanto: siempre me parece que en las esculturas que representan los raptos, las mujeres no terminan de estar en desacuerdo con que se las lleven lejos de sus vidas aburridas y de su rutina. Otras mostraban mujeres retorciéndose o en posturas imposibles, llevando sus extremidades al infinito, tentando con su belleza desnuda. Por último, el clásico beso -en yeso- y unas manos sutiles, Manos de amantes. Las esculturas parecen dormir en la roca que Rodin esculpe, despertando las figuras, descubriéndolas, quitándoles el material que les sobra alrededor.

El domingo me perdí con Aday & co por Chueca, entre los gueis descamisados orgullosos de serlo que celebraban su fiesta. Reencuentros de los que me gustan, gente venida expresamente desde distintos sitios y abanicos Locomía. Admito que el carácter reivindicativo de las fiestas ya no tiene razón de ser y que la palabra orgullo me resulta tonta (yo no me siento orgullosa de ser hetero ni blanca ni española ni morena ni alta), pero creo que se ha convertido en la celebración de un avance importante en materia de derechos humanos: quienes antes eran vagos y maleantes, ahora tienen los mismos derechos que los demás.

Y así, a la medianoche, me fui a casa a terminar la maleta, con una extraña sensación de caos calmo dentro de mí, como si, por un lado, mi inminente y esperada marcha me diera la calma, mientras seguía flotando a mi alrededor el caos del que no me puedo desprender últimamente. Me iba, sí, me venía, me volvía, pero el caos no se va, aunque ya no me molesta. Me he acostumbrado y mi cara puede reflejar, a pesar de todo, una relativa calma. Un calmo caos calmo.

martes, 24 de junio de 2008

Lo tácito y lo noble

Lo tácito: las palabras que se callan y los gestos que acompañan los silencios.
Lo noble: la honradez, la generosidad.
Cuando lo tácito y lo noble se unen nacen las historias más sinceras, las que no necesitan ser habladas, ni racionalizadas, ni siquiera demostradas. Sólo gestos de los que se infiere todo lo demás. Sin palabras, sin reglas.
Cuando lo tácito y lo noble se encuentran esculpen sentimientos que salen de muy profundo para convertirse en mordiscos, besos, sonrisas arañazos, patadas o lloros. Tácito es el respeto. Tácito es el amor que nace poco a poco y un día ya es antigua realidad.
Lo tácito. Lo callado, lo silencioso, lo supuesto.
Lo tácito y lo noble, conjunción en equilibrio, plenitud. Deseo. Necesidad.
Gritaré en silencio, flotando ligera, en vistas de un pacto tácito y noble.

jueves, 19 de junio de 2008

Princesas o putas

He estado hablando con Irene acerca de hombres, mujeres y hombres y mujeres. Ha sido una conversación brevísima, pero ha dicho dos frases que han abierto la ventana de mi inspiración: Un lugar al que volver y Nací princesa porque putas ya hay muchas.

Yo no nací princesa pero siempre he tenido algo de princesita de cuento; tampoco nací puta, pero tengo una dentro, como toda –no escribiré el diplomático “casi”- mujer que se precie.
He jugado a ser fuerte y a llevar pantalones, a consolar con brazos largos y a abrazar con el cuerpo entero. He jugado a hacerte la cena cada noche, a complacerte, a “lo que tú quieras, como tú quieras”. Me he dedicado a consolarte y a reconfortarte en tus penas. He estado ahí, donde quiera que ahí sea.

Hemos ido “adonde tú quieras” y las indirectas sobre los viajes que nunca he hecho y deseo hacer se han quedado siempre en el mapa y en la agencia de viajes. He jugado a entenderlo y a esperar, cuando no lo comprendía aunque aguardara a ciegas, con vaga esperanza.
Me he cansado: te he dejado y he gritado. Tú no eres uno solo, eres varios, demasiados. Hoy no escribo desde la rabia sino desde el tiempo que todo lo cura, pero escribe una princesa. No nací princesa pero desde ayer lo voy a ser. No quiero ser reina, he dicho princesa. Me cansé de jugar a superwoman, me cansé de ser puta cuando me aburro del mundo.

No quiero ser la mujer de nadie, no quiero ser únicamente el lugar al que volver para el hombre de turno. No quiero mendigarte ni permitir que rellenes conmigo los huecos de tu tiempo. No quiero el aire que te sobra. No quiero ser tu siesta ni tu descanso, si no puedo ser también tu despertar y tu mañana. Quiero en mis manos tu risa y tus penas, ambas. Quiero recogerte cuando flojees para acariciarte el alma, pero no quiero ser sólo tu consuelo. Llórame para que te beba las lágrimas pero ríeme hasta dejarme sorda. No te olvides de compartir conmigo tus alegrías.

Quiero ser ángel y princesa, porque quiero cuidarte y dejar que me cuides, pero no voy a ser tu madre. Ni puta ni madre. Princesa, he dicho princesa. Princesa y ángel. Princesa, porque me he ganado ser princesa. Ángel, porque necesito cuidarte y sostener tu caída.

Ángel y princesa, intentaré repetírmelo continuamente, hasta que me quede claro, desde esta ingravidez en la que me encuentro, en este momento de ligera lucidez y de cálida tibieza. Estoy feliz: me sientan bien mi nuevo vestido de tul rosa y mi corona de flores blancas, mis zapatitos de cristal y mi alma en calma. Voy a ser princesa porque putas ya hay muchas. Y porque me da la gana.

lunes, 16 de junio de 2008

A cualquier lugar

En la última semana no paráis de repetirme que no escribo acerca de cosas positivas. Reconozco que me ha hecho ilusión vuestro énfasis y lo más bonito que se me ocurre ahora mismo es una canción que os puse ayer, con su letra cursi que suena a verano, de Facto de la fé y las flores azules:

¿Crees en las promesas? Son sólo palabras Yo creo en los actos El acercamiento Bésame si miento Dame tu saliva Vives mi deseo Siempre de escondidas Aquí la palabra En segundo plano Sientes el aroma Vida; escucha, mira Veo la salida Siempre afirmativa Caminaré ciego, porqué sé que miras Dime con tus dedos Que no habrá más peros Que siempre seremos Mientras nos toquemos Luz entre las ramas Seis de la mañana Llegan los colores Nacen las fragancias Dime esa palabra Que tus ojos cantan Como fluye el viento Como corre el agua Entre las montañas Bésame los labios Tócame la cara Que me tiembla el alma (...) No tengo a dónde ir, así que iré a cualquier lugar A cualquier lugar... porque no tengo a dónde ir...

Estas palabras hacen referencia al mundo sensorial en el que quiero instalar mi casa de verano, de este verano que hoy ha vuelto a deshacerse en agua y que no muestra ya violeta ni dorado. La música son las únicas palabras a las que hago caso últimamente. Las palabras ajenas sólo me sirven si se acompañan de gestos acompasados, miradas coherentes, caricias o mordiscos de rabia -la rabia de que se evapore el instante y se convierta en la misma lluvia que luego llueve sobre el corazón mojado-. Se me ha escapado un mordisco, ya no sé besar. Espero no haberte hecho daño.

domingo, 15 de junio de 2008

Paciencia

Siempre parezco más joven después de tardes como ésta. Siempre la piel más clara, los ojos más pequeños. Es como si la noche nunca fuera a calar. Las nubes suenan a calor y reflejan un sol que no se va. Es el verano. El domingo, primer domingo de verano, las piernas casi por depilar, inesperada llegada. Todo el día oyendo piar. Las plantas recién regadas ya necesitan más agua, yo necesito más agua, quiero sumergirme en el frío que tardará en volver.

Creo en la paciencia. No creo en las palabras: las que se dibujan en mi cabeza sólo me cuentan mentiras, pero no me importa. Cada momento es mentira, cada instante es falso, es todo consecuencia de la borrachera emocional, del impulso corporal. Mi estado mental es consecuencia del violeta del oeste. Veo las nubes preñadas de una lluvia que no tienen intención de descargar: la noche seca, a salvo. Todo lo demás lo dudo. Lo dudo con una interrogación creciente. Está todo quieto, empezando por el sol que se queda plantado en el cielo de Madrid. Creo que las horas se han quedado calladas, pero la duda no me importa. Qué más da.

Qué más dan la ida y la venida. Qué más dan brazos enredados. Paciencia, paciencia, que el verano todo lo cuenta y revela secretos. Llega el calor. El tiempo se dilata y la piel pesa mientras me siento ligera. La piel propia, la ajena. Antes, durante, después. Paciencia, paciencia.

jueves, 22 de mayo de 2008

Frivolidad

Hay ciertas cosas sobre las que no puedo escribir. Mis dedos se paralizan cuando las circunstancias me desbordan. No esperéis que comente hechos como el terremoto de Sichuán o el ciclón de Myanmar, que hoy vuelve a ser noticia porque se denuncia que en los mercados se vende –vende- los alimentos enviados por asociaciones y gobiernos como ayuda. No hace falta que escriba sobre esto y no me apetece sufrir escribiendo atrocidades hechas por el hombre (¿por quién si no?).

Aplaudo la iniciativa de hoy de Greenpeace de irrumpir en una empresa de armamento en Madrid, por mucho que la gente lo vea como algo inútil, lo que busca la ONG es la visibilidad, dar a conocer, manifestarse. ¿Cuántos sabíais de la existencia de Expal? Yo no, desde luego. Hacen falta acciones que nos conmuevan, nos enseñen y nos abran los ojos.

Muchas veces me preguntan qué es lo que me lleva a escribir. Algunos debéis de creer que me paro delante del ordenador y digo ¿sobre qué escribo hoy?. No, escribo cuando siento algo en la tripa, como si un lagarto atrapado no parara de agitarse. A veces oigo palabras en mi cabeza cuyo ritmo me dice que quieren ser escritas. A estas alturas sé que todo eso es síntoma de que tengo que ponerme a teclear y dejarlo salir. Normalmente las palabras toman forma, mientras que otras –las menos- se convierten en un cadáver de letras, en un borrador.

Por eso mismo escribo también sobre cosas frívolas a pesar de que algunos me digan que no me pega nada o que parece sacado de Sexo en Nueva York –jamás la he visto-, pero la frivolidad, al igual que el humor, es un mecanismo perfecto para dejar salir tensiones acumuladas por leer el diario o por ir en metro con un tipo al lado que huele mal y escucha una música horrenda que sale de su móvil sin auriculares. La frivolidad es necesaria siempre que sea una parte pequeña de nuestra vida y que no ocupe mucho de nuestro tiempo.

Mi maquillaje es frívolo, mi preocupación por mi piel amenazada por Anastasia y su ejército, mi interés por la ropa bonita –que no cara- y mis conversaciones acerca de la decoración étnica o de los hombres de pelo largo, también. Viva ese anestésico llamado frivolidad. Viva el humor y vivan los chistes de mal gusto si los presentes no pueden ofenderse.

martes, 20 de mayo de 2008

Mareo de Tierra

Llevo dos días sintiendo cómo se mueve el suelo que piso, cómo me mece la silla sobre la que trabajo. Podría ser lo que se conoce como mareo de tierra: la sensación de seguir en un barco cuando ya has desembarcado.

Sin embargo, tengo mis dudas: creo que se trata más bien de un mareo de Tierra, en mayúsculas. Es una pena que el lenguaje oral no permita pronunciar las mayúsculas de manera distinta a las minúsculas.

He desembarcado de un barco, redundantemente, y he desembarcado también de laisla, metafóricamente. Me bajé de esa balsa volcánica cuyo interior siempre he imaginado hirviente de lava y cuyo fondo, repleto de cuevas habitadas por grandes peces.

Desembarqué y caí por un agujero, como Alicia; un agujero que me hizo atravesar las nubes tejidas por la distancia entre dos puntos: laisla y laciudad.
Laisla es una balsa de roca oscura que permanece varada interminablemente en el Atlántico al que Tomás Morales gritó ¡Padre!:

"El alma temblorosa se anega en tu corriente. Con ímpetu ferviente, henchidos los pulmones de tus brisas saladas y a plenitud de boca, un luchador te grita ¡padre! desde una roca"

Laisla cobija recuerdos de arena que aparecen y desaparecen a merced de las mareas. Los acantilados abrazan a un grupo de personas que se reencuentran y celebran rememorar y seguir juntos de lejos, juntos de cerca, juntos después de las inclemencias de los años, del castigo del océano que aísla, de la tierra que separa, del viento que borra la memoria, de la memoria que desgrana y selecciona el pensamiento.

El mareo de Tierra -de la Tierra, de mi Tierra- es el desvarío que me producen hoy la arena negra, la sal que huele a azul intenso, el Atlántico celoso de una balsa de roca que encalló como un barco exhausto y se paró allí donde siempre luce el sol. El recuerdo me devora como si fueran esos peces gigantes que habitan bajo laisla en mi cabeza, los que pintaba Néstor de la Torre, rodeando a los cuerpos dormidos, muertos sólo en parte, cansados de escapar, rendidos de esperar a que el tiempo decida. El mar me canta y me seduce como las sirenas a Ulises (sail to me, let me enfold you; navega hacia mí, déjame envolverte).

Hoy quizás me doy cuenta de que la prisión es relativa, de que hay que sentir la fuerza de cada ola, el latido de la lava extinguida dentro de un volcán muerto. Cuando los elementos vibran te hacen volver la mirada -las algas te atan el tobillo-, te traicionan y te llevan hacia el recuerdo que te devuelve el pulso. El pulso de la vida, la pulsión de la huida.

lunes, 12 de mayo de 2008

Primavera

Porque suena Mar, el poder del mar
Porque el domingo sale el sol sin que haga calor ni frío
Porque el jardín vertical tiene mil colores
Porque me vestí de rosa
Por fumar narguile de manzana y tirarme descalza en una alfombra
Porque hago una maleta...
...y ya casi toco el mar con los dedos de los pies
Porque me tomo una clara de limón aunque no debo
Porque como samosas vegetales en una terraza
Porque veo cómo se apaga la luz de la catedral sentada en el césped de cuesta imposible
Porque a alguien el momento le recuerda a una escena de L’ultimo bacio
Porque la manzana es hoy más roja y desprende más luz blanca
Porque no importa sentirse extranjero si todos los que estamos nos sentimos igual
Porque la poesía está detrás de cada esquina de Madrid... Por fin
Por la paz interior
Porque un pájaro hizo caquita, me cayó encima y me reí
Porque la noche es el final de todo un día
Por los casi 27
Por los tomates raf y el guacamole
Porque mañana puede esperar
Por hacer de la rutina un regalo
Por ver, por primera y supongo que última vez, una estrella fugaz en la ciudad

...por todo eso, sé que es primavera.

domingo, 4 de mayo de 2008

De palabras y paisajes

Llevo días interrogándome acerca de la magia que duerme en las palabras. Que las palabras encierran misterios es algo que ya sabíamos. Que alojan errores, también. En este viaje se me ha metido en la cabeza la palabra pueblo y, aunque en español significa varias cosas, le daba vueltas a la acepción "conjunto de personas de un lugar, región o país". Es curioso cómo en italiano se dice pòpolo, sin que este sustantivo signifique ninguna otra cosa. Il pòpolo hace referencia sólo a la comunidad, no a una villa o ciudad como sucede en español. En inglés se dice people, que también significa gente.

No termino de tener claro el motivo de esta colección y posterior análisis y traducción de palabras que he llevado a cabo en días pasados. Supongo que ayudará saber que la otra palabra que tengo atrapada, ya no en la cabeza sino en el estómago, es casa. Casa entendida como hogar, home en inglés, no house.

No sé a qué pueblo pertenezco, mucho menos dónde está mi hogar. Llevo días buscando en paisajes verdes la respuesta que lleva tantos años aletargada, dormida perennemente. No la he encontrado. No es una sensación que me duela, pero me arde. Me pica como el primer sol de mayo. Es como si un pequeño fuego fatuo andara acechándome tras haberlo recogido de los bosques que han mecido mis alegrías en estos días y traído ahora de vuelta a la ciudad en la que vivo -hoy no puedo ni decir mi ciudad sin sentir que miento-.

Tengo un ciprés atragantado en la gola , un cielo -azul como sólo el cielo de la infancia- ocupando el lugar de mi cerebro, un manto de margaritas trepando por mis piernas, una colina reposando en mi vientre y un campo de tréboles enredado en mi pelo. Mi memoria está anclada en un valle. Mis manos sangran sin dolor después de escarbar la tierra en busca de raíces, palabra que late en mi corazón.

No es tristeza, sino la sensación de caminar sin rumbo, de flotar a la deriva, de nadar maradentro buscando el camino que ha de guiar mis pasos. Es sentir que ahora brillo con una radiante luz blanca, como una manzana bermellón recién arrancada del árbol, pero con la duda de si brillo condenada a que la ciudad me apague, como se apaga la fruta en el frutero.

sábado, 26 de abril de 2008

Retrato

Me he levantado y las dudas esculpían mi cuerpo en pronunciados escorzos mientras que mis ojos estaban huecos como los que vimos esta tarde en los cuadros de Modigliani. Esos ojos, como rotos, no ven ni permiten ser mirados. Esas modelos de Montparnasse vestían trajes a juego con sus iris, azules acerados. Son los ojos huecos de las máscaras africanas. Me dan miedo. Tuve yo acaso esa mirada al levantarme. Sentí yo acaso el acero frío y azul en mi cabeza.

La impaciencia rompe una sala de exposiciones azul oscuro, de qué color si no. Me miro al espejo y veo ahora los ojos que pinta Kisling, grandes e iluminados.
Se acabaron los ojos de ciega, la niebla que los empaña, el gris permanente y hueco. Adiós a la piel transparente, la mirada invidente, el paisaje invisible, el Madrid huidizo, los sueños opacos y los deseos impenetrables.

Esta tarde mis ojos se abrieron a la primavera que irrumpe y tengo ahora una mirada ancha aunque cansada. Cansancio es buena señal. Hoy tengo la piel blanca y el pelo oscuro que pinta Foujita. Y mi alma es del color con que pinta Chagall. Hoy canto; hoy soy amarilla y roja.

jueves, 10 de abril de 2008

Pintauñas

Cuando era pequeña los sábados tenían un olor especial. Ese olor salía de la cocina, pero no era un olor a tarta de manzana ni a potaje de verduras ni a croquetas de pescado. Era un olor más intenso, un olor que hoy adoro y al que me he vuelto adicta porque se ha convertido para mí en el olor de mis recuerdos: el olor a pintura de uñas.

La cosa iba así: terminábamos de comer y mi padre se iba a dormir sus siestas eternas mientras mi madre recogía la cocina. Al ratito sonaba el teléfono y yo, desde mi cuarto, oía a mi madre decir: "Sí, estoy acabando, vente", sólo eso. A los cinco minutos, la puerta de la cocina se abría -previo ladrido de los perros- y ellas se saludaban sin beso, con esas palabras de todos los días: un quéhiciste (de comer), un coñofuertecalor, un miratedejoahíeso, un vayarosastehansalido... Entonces yo veía a mi madre pasar por delante de la puerta de mi habitación, caminando con paso rápido hacia el fondo del pasillo, abrir las puertas hacia el baño y volver hacia la cocina con las pinturas -en Canarias las llamamos así- y los enseres de la manicura.

Se sentaban en la cocina, ponían un mantel y unas revistas para no manchar, tomaban café, fumaban y empezaba el ritual: mi madre le hacía la manicura a nuestra vecina, con todo el mimo del mundo; recuerdo las tijeras, la lima, las toallitas, el limón (todavía me pregunto para qué se restregaban las manos con limón)... Elegían colores según el humor, según la ocasión; me llamaba la atención por qué a veces escogían un tono y a veces otro.

Siempre he odiado el sonido y la sensación de la lima contra las uñas, así que me incorporaba después, en cuanto oía el ruido que hacía mi madre al agitar el bote del esmalte contra su alianza. Aparecía por la cocina y hacía mil preguntas; no perdía detalle de lo que ellas hacían. Mi madre se las pintaba a su amiga y luego a ella misma. Yo siempre le preguntaba a mi vecina, ¿pero tú no las sabes pintar? y ella me contestaba -riendo, porque ella para mí sólo tenía risas, sonrisas y bocadillos de nocilla- que no veía muy bien y que mi madre las pintaba mejor.

Entonces yo pensaba que, de mayor, también le pintaría las uñas a mi vecina. Fantaseaba con crear la misma rutina de fin de semana, con esos ratos en la mesa de la cocina, hablando y pasando el tiempo; estableciendo un vínculo alrededor de un bote de esmalte. Pintando la amistad sobre una uña, oliendo su olor. Su olor a acetona rosa.

Han pasado los años y siempre que veo un bote de quitaesmaltes, lo abro y lo huelo. Cuando cae en mis manos un bote de pintura, lo agito contra mi anillo recordando el ruido que hacía mi madre. Ahora sé que no necesito una amiga a la que pintarle las uñas, sino que soy tan torpe que necesito una amiga que me las pinte a mí. Nunca llevo las uñas pintadas porque no sé pintármelas. Si las llevo es porque he estado con mi madre, que me compró el año pasado un botecito rojo -muy pequeño para no desperdiciarlo- para cuando viene a verme.

Hoy sé que la amistad que yo mamé se pintaba sobre una uña y crecía entre las margaritas y los rosales que cultivábamos en nuestros jardines. Hoy sé que las cocinas tienen que ser grandes porque es el sitio perfecto para tener una conversación de amigas. Hoy recuerdo recuerdos después de haberme intentado pintar las uñas. Sola. Y en vano.

(La foto me la hizo Hache en su casa; su gemela me pintó las uñas)

lunes, 7 de abril de 2008

La lluvia

Hoy salí del trabajo volando y llegué a casa nadando.

Hoy quería volar: antes de dejar la oficina había sentido la necesidad de abrir las alas. Hace algunas semanas tuve varias conversaciones con alguien acerca de caer al vacío. Él no entendía por qué yo estaba deseando caer desde lo alto y sentir ese agujero en la tripa, no podía imaginarse una sensación más desagradable; llevaba días soñando con que se caía y le daba miedo volver a dormir. A mí, en cambio, me gusta soñar que caigo y quedarme sin respiración; de hecho, últimamente, busco algo, alguien, que me meta esa sensación en el cuerpo, que me sacuda, que me agite.

El viernes fui a hacer una prueba de esfuerzo y, tras estar 9 minutos caminando y corriendo en una cinta en pendiente, le dije a la enfermera que parara aquel trasto infiernal: había alcanzado mi límite. Cuando me ayudó a bajar de aquella nave de Satán me dijo, "vas a notar una sensación desagradable, como de vacío". Fue horrible notar que estaba hueca por dentro, que el vacío se me metía dentro de la tripa y se me tragaba, pero luego me sentí como en el parque de atracciones, masoquista y pequeña, disfrutando del mareo como quien disfruta de una droga.

Y hoy quería caer para que cuando estuviera a pocos centímetros del suelo alzar el vuelo... Salí de la oficina con esa sensación. Bajé del metro pasadas las 7 y me cayó encima toda la lluvia del mundo a la vez que el granizo me daba golpecitos en la cara. Mientras, Moby no paraba de cantar Oh, and it's raining again en mi cabeza.

Quise volar de nuevo, pero no pude: la lluvia me hizo nadar por la ciudad riendo a carcajadas incluso cuando me cagué en el tipo que pasó a toda hostia a mi lado en un todoterreno azul, terminando de calarme por completo. Llegué al portal y me quité los zapatos; me entró la risa cuando el portero me preguntó qué me pasaba... El hombre aún estaba dispuesto a explicarme hasta dónde había llegado el agua, pero le puse cara amable de ¿te parece el momento? y se calló.

Me resultó divertida la lluvia de abril, los nubarrones como espejos de luz, la sensación de primavera mojada. Las nubes tenían derecho a aparecer después de tanta generosidad este fin de semana. No me dio rabia no poder volar; lo estaba deseando, lo estoy deseando, pero sé que estoy en ello. Noto cómo pronto podré caer y caer y caer... para luego abrir las alas y remontar el vuelo.

Esta vez, puedo esperar.

viernes, 28 de marzo de 2008

Tic tac

(Continuación del post anterior, Esta mañana)

Anoche tuve una visión. Fue una imagen de escasos diez segundos:

Tendidos en la cama, sábanas amarillas, edredón blanco y naranja.
Él estaba tumbado boca arriba y yo disfrutaba con mi oreja derecha pegada a su pecho mientras él jugaba con mi pelo.
Cuanto más lo oía, más fuerte me reía...

Tic tac, tic tac

No podía parar de reírme: ya no me sorprendía que el Tiempo no tuviera corazón.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Esta mañana

Cuando me desperté esta mañana no sentí nada especial. Me quedé unos segundos con los ojos cerrados, sintiendo el peso de mi cuerpo sobre mi lado izquierdo, reconociendo el tacto de mi edredón, la luz que entraba por el ventanal, imaginé la almohada en otra punta de la cama como cada mañana...

A los pocos segundos abrí los ojos y vi mi ropa tirada por el suelo, esparcida como haciendo un caminito desde la puerta hacia la cama, las bragas a los pies, hechas una bola. No entendí nada. Miré bajo el edredón. Desnuda. Estaba desnuda.

En ese momento, sentí una mano en mi cadera. Dios, de quién es esa mano. Me giré lentamente. Frente a mí, un chico de cara dulce y agradable tenía los ojos cerrados y una sonrisa de bebé recién amamantado. Dormía a medias. Desnudo. Estaba desnudo.

No le conocía. Genial. Me había acostado con un desconocido. Supongo que a toda mujer le llega la hora en algún momento. Esa debía de ser la mía. No recordaba haber conocido a nadie; la noche anterior había salido a tomar algo con una amiga, nada del otro mundo...

Entonces me vino a la cabeza ese artículo que leí semanas atrás acerca de la práctica de colar drogas sintéticas que en vaso ajeno para poder abusar fácilmente de una víctima poco atenta. Me habían pillado.

Fue en ese instante cuando el chico guapo con pinta de extranjero abrió los ojos y sonrió a conciencia. No es que yo sepa qué pinta tiene un violador, pero aquél no me parecía que fuera el rostro de uno de ellos.

Me miraba mientras parpadeaba lentamente como complacido, satisfecho. Yo no sabía qué hacer. A punto estuve de preguntarle si había disfrutado, si habíamos tomado precauciones, si quería un café o quién coño era, por ejemplo... pero no me atreví. Quizás tuviera un brote de amnesia temporal y en cinco minutos lo recordaría todo, puede que aquél incluso fuese mi novio desde hacía cinco meses; por si acaso, callé.

Cuanto más le observaba, más familiar me resultaba algo en su cara. Sus ojos, sí, era su mirada. Me parecía recordarle como si fuese un amigo de la infancia o como si se pareciese a algún presentador de telediario de hace años.

Él no dijo nada, sólo empezó a acariciarme -sfiorarmi- un brazo. Yo noté un nudo dentro, muy adentro, que me enmarañaba el tronco y empecé a llorar bajito. Me abrazó, primero suavemente, luego cada vez más fuerte y, cuanto más intenso era su abrazo, más lloraba yo.

Me quedé dormida así, entre hipidos, sintiendo su calor y el sol en mi cara.

Un par de horas más tarde me desperté. Abrí los ojos enseguida. Estaba acostada sobre el lado izquierdo. Vi mi ropa arrancada haciendo su caminito hasta mi cama, las bragas hechas un ovillo a los pies. Desnuda. Estaba desnuda.

Me di la vuelta despacio. Sola. Estaba sola.

Sobre la sábana amarilla, una nota: "No te despistes, ahora ya sabes que existo; no necesitas otra visita, entonces quizás ya sea tarde".

No lo había soñado. Me habían violado. No esa noche, sino durante toda mi vida, había sido una violación continua, una posesión perpetua, sin permiso, sin autorización. Él me había arrebatado el control porque siempre había estado ahí. Desde el principio.

Entonces lo entendí todo: esa mirada que me resultaba familiar es la que siento cuando me cepillo el pelo, la que me observa detrás del espejo, la que me mira cuando riego las plantas, la que me vigila cuando espero al autobús, la que me espía cuando tomo un té con una amiga; la que no suelta, la que no cesa.

Me acosté sobre mi espalda. Él ya no estaba pero sentí todo su peso sobre mi cuerpo, el peso de estos años. Sus embestidas. Las embestidas del Tiempo. Que no perdonan. Que te violan.

Y me hice mayor. Esta mañana.

viernes, 14 de marzo de 2008

Me gusta

Los cruasáns rellenos de crema
El rojo. El negro. El blanco
Las papelerías, especialmente las italianas
Los gatos. Mis gatos. Los felinos. Los animales
La frase “No pasarán”
Johnny Depp
Los cuadros azules
Estar calentita cuando hace frío
Heidi
Quienes se comprometen, se involucran y reivindican
La horchata
El fauvismo
Mojarme (en todos los sentidos)
Italia
Dormir mucho. Dormir con edredón
José Saramago
Expresarme
Olerlo todo –desde una goma de borrar, hasta un libro de física cuántica pasando por tu omóplato izquierdo-
Hello Kitty
El blandiblú
Otras cosas verdes como la naturaleza
Que me sorprendan
El chocolate con leche (Cadbury o Kinder a ser posible)
Creer en las causas perdidas
Los cuadernos
Las columnas de Juan José Millás
El mar; cuanto más oscuro, mejor
El otoño
Mi nombre
El atún crudo
La casa de mis padres, en la que me crié
Los complementos de vestir
La plastilina
Dormir enroscada alrededor de
I gelati italiani
Sensación de vivir
Los hombres muy altos
Observar a los zurdos
El agua de la ducha muy caliente
El sushi
Las cartas, con su sobre, su sello, sus tachones...
Los Pilot
Los puestos del mercado de fruta y verdura
Pisar los charcos
I tortelloni di mia nonna
Los peluches y muñecos
Las plantas
Soñar que corro mucho y me zambullo en el mar. Sin cansarme, claro
Las velas
El periódico; sí, soy masoquista, ¿algún problema?
La voz de Eddie Vedder
Los playmobil
La salsa de soja
Cuando mi amiga Bea escenifica lo que me cuenta
Saltar en parapente, ¡y volar!
Los masajes
El Lush
El civismo
La coca-cola
Budapest
El ruido de las ruedas de unos patines sobre el asfalto
Pensar que algún día seré madre. Y mi madre, abuela
La memoria
Las dunas
La luna lunera

Mafalda

martes, 11 de marzo de 2008

Mazinger ZP

Según la wikipedia, Mazinger es un término japonés que significa "dios/demonio", lo que implica que una máquina puede usarse para el bien o para el mal en manos humanas y que todo avance técnico no es bueno ni malo en sí mismo, sino que, simplemente, depende de quién lo maneje.

Ahí lo tenéis... Zapatero es el auténtico Mazinger ZP

Pues sí, a estas alturas no quedará español que no se haya enterado de que ha ganado el PSOE. Quizás los que anden encerrados en un reality show (ellos sí que levantan el país, coño) hayan llegado al martes sin saberlo, pero tampoco creo que les importe demasiado.

El Mundo me dejó alucinada con su mal perder... Su portada de ayer titulaba "España encarga a Zapatero la tarea de sacarla de su crisis". Supongo que si por ellos hubiera sido, ni siquiera habrían dado la noticia. ¿Tanto les costaba decir que el PSOE había ganado?. Me hizo casi tanta gracia como la viñeta de Forges, que anunciaba que "siempre les quedaría Eurovisión".

Creo que los resultados electorales han puesto de manifiesto la necesidad de crear una nueva ley electoral que derogue la ley D'Hondt y cree una circunscripción única. Izquierda Unida, pobre Llamazares, hubiera conseguido 12 escaños de haber existido un sistema distinto.
En cuanto a la victoria del PSOE, no sé si ha existido tal victoria o deberíamos hablar de la derrota del PP. Creo que la oposición nefasta y obsoleta de Rajoy ha beneficiado al PSOE más que la propia política de Zapatero.

En cualquier caso, Mazinger ZP tiene que dar al rojo más color y darle una patada a la caspa y a lo trasnochado... Os lo creáis o no, mi herpes Manolo hizo su aparición el sábado por la noche... los nervios pre-electorales, supongo (de hecho me estoy planteando cambiarle el nombre de Manolo por el de Mariano). Ahora duermo tranquila: menos mal que el PP ha quedado fuera, ya me veía a Rouco gobernando el país.

Beati noi, Valerio, beati noi.

jueves, 6 de marzo de 2008

That cure

Tonight I will find the cure for all my nightmares...
Tonight I will feel just like in heaven...
Tonight I will find that cure... your music.
That music
That's music!

jueves, 20 de diciembre de 2007

These days

Debido a los cero grados que nos han despertado casi toda esta semana, he deducido que estamos en Navidad.

Bueno, el estado del metro, la decoración de los escaparates de las tiendas y la saturación en las calles son factores que también me han dado alguna pista.

Como la mayoría sabéis, me voy unos diítas a mi isla con todo lo que eso implica... Mar, playa, familia, viejos amigos, álbumes de fotos, cedés de Extreme, una casa con jardín, volcanes (la caldera de Bandama, una noche...) y recuerdos encerrados en muchos rincones. Lo bueno de ir poco por mi tierra, es que cuando voy lo hago con ilusión acumulada.

Hoy no os voy a contar historias, tampoco voy a caer en el típico tópico: mucha gente comenta la hipocresía de estas fiestas, pero yo creo que tampoco es tan grave. Mi opinión es que el ser humano necesita excusas para recordar y hacer balance, para hacer una llamada de teléfono a alguien con quien hace tiempo que no habla y lo cierto es que a mí siempre me hace ilusión que me sorprendan y me piensen. La Navidad es una excusa nada despreciable para hacer reuniones con amigos, con la familia y, siempre que todo se haga según lo deseado, me parece bonito y absolutamente lícito así que... todos mis respetos al calendario, especialmente en este mes rojo y verde (aunque este día sea gris y esté mojado).

En realidad este post era -y ya me he desviado, once again- para mandaros besos de colores y haceros llegar mis deseos: que aprovechéis para descansar, que encontréis bien a los vuestros cuando les volváis a abrazar estos días, que paséis buenos momentos, que 2008 sea mejor que 2007 y un poquito peor que 2009 y que el nuevo año no se lleve a nadie de los vuestros.

A los que voy a ver prontito, ya me encargaré de besaros y de dejarme estrujar (Dani V, he practicado la apnea cada día), a los que os quedáis en Madrid os veré pronto, y a los que estáis lejos, os seguiré echando de menos (Marco, amorino...)

Mucho amor y que seáis felices.