Conozco a Laura desde que yo tenía un año y ella ocho. La estrecha relación de nuestros padres y la proximidad de nuestras casas -entonces y casualmente ahora- nos han convertido en primas putativas.
Su novio, Jordi, que estos días descansa en su tierra, escribe a altas horas en su blog y cuando llego a casa tarde, mientras meto la llave en mi portal, giro la cabeza a la derecha y le suelo ver escribiendo en el ordenador a través de su indiscreto balcón.
Ayer Laura me propuso un plan: "a las 15:30 debajo de mi casa en vaqueros y zapatillas". ¿Vaqueros en verano? Vale. Recordé cuando su padre me decía de niña la ropa que tenía que preparar y la hora a la que me recogería mientras el plan se mantenía en secreto... Al minuto de tocarle al timbre bajó con sus perros, nos metió a los tres en su coche y nos soltó en la Casa de Campo para que corriéramos y descansáramos a la sombra de los árboles. "En otoño Jordi y yo veníamos aquí cada día". Me señaló el árbol que tenía que abrazar para que se llevara todo lo malo y volvimos a su casa.
Me preparó un té bajo en teína -un té en verano- y me senté en el indiscreto balcón, delante del ordenador. Leí el último post de Jordi sentada en su silla -demasiado alta, alguien tenía que haberla descolocado- y la foto que lo ilustraba mostraba el girasol que pude ver a mi izquierda. Ante nosotras, algunos hombres desmontaban el escenario del que él hablaba en ese mismo post y Laura y yo dábamos gracias de que las fiestas acabaran y, por fin, fuésemos a ser capaces de dormir de nuevo.
De vuelta a casa y contenta por el paseo y la compañía, me sentí un poco como aquel espía de la maravillosa peli que da título a este post, viviendo la vida de otros. Y llegué a la conclusión que en la vida de los otros encuentras ejemplos para tu vida, deseos. En este caso pude ver qué es lo que une a dos personas, aunque sólo una de ellas estuviera presente.
Muchas veces me ocurre algo parecido: veo en las historias ajenas cualidades que admiro, por las que siento verdadera envidia sana. Me pasa con la capacidad de H de lograr lo que se propone, la frescura de Bea, la tenacidad de Cris, el sentido del humor de Dani V, las ganas que le pone a todo Dani D, la fortaleza de Aday, la risa de Nano, la creatividad de Edel, la templanza de Carlitos Alegre. La vida de esos otros, aquéllos a los que quiero, me da la vida y me da las ganas. Esta noche prefiero que la vivan ellos por mí, pero prometo que mañana volveré y, desde sus vidas, le daré más razón de ser a la mía y dejaré de preguntarme a qué he venido.
