martes, 27 de mayo de 2008

Como agua de Marte

Piedrecitas sobre un suelo rojo. Eso es lo que muestran todas las portadas de los diarios de hoy. No es Lanzarote; si lo fuera, no sería noticia. Es Marte. Un planeta lejano ma non troppo que el hombre se ha empeñado en conquistar.

La carrera espacial empezó en 1957 como una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En principio acabó casi 20 años después, pero, carrera o no, la conquista del espacio no cesa.

Resulta que los científicos buscan en el Planeta Rojo principios de vida microbiana, algo interesantísimo que cambiará el curso de nuestras vidas. Al parecer, el robot Phoenix está a punto de encontrar hielo subterráneo en el polo norte del planeta. Uau.

Me extraña que los principales diarios no den el dato que más me intriga: ¿cuánto? ¿cuánto le ha costado al mundo la foto de portada de la mayoría de los diarios del mundo? 457 millones de dólares. Uau.

¿No habéis leído que hoy se han caído diez Boeing 747 en los que únicamente viajaban niños? ¿No? ¿Y ayer? ¿No? Yo tampoco, pero es como si hubiese ocurrido: según la FAO, 3.800 niños mueren cada día solamente por causas asociadas a la escasez de agua. Las catástrofes que ocurren de manera puntual nos sobrecogen a todos y abren los telediarios durante varias semanas, pero nos olvidamos de las cifras de cada día, de los problemas permanentes, de la crisis alimentaria fomentada por los biocombustibles (los cereales destinados a la alimentación escasean). De los cientos de aviones invisibles que el hombre abate cada hora.

Como todo es relativo, hay planetas que están más cerca de Marte pero nos quedan más lejos: Nigeria, Liberia, Honduras, Madagascar, Haití, Franja de Gaza... El porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza en estos territorios oscila entre el 65 y el 80%.

En 2007 Estados Unidos destinó a la Nasa 17.000 millones. Este país tiene un índice de pobreza que roza el 13%.

Ya sé lo que están pensando: demagogia. Cierto, pero sólo quiero arrojar datos. Llevo dos horas recabando información para escribir esto, para darme de hostias contra la realidad porque NOENTIENDO. Es cierto que la incursión del hombre en el espacio ha hecho posible avances necesarios como las telecomunicaciones (aquí estoy yo con mi blog, mi internet, mi tele), el incremento de la seguridad y demás, pero hablo, una vez más, de prioridades.

¿Qué coño hacemos mandando naves a recoger restos de vetetúasaberqué tal y como esta la situación mundial? ¿Qué clase de insensatez es ésta?

Luego está el tema de la colonización del espacio con la que sueña más de algún iluminado. Benidorm está pasado de moda: necesitamos un destino turístico más atractivo y en Maldivas hay demasiados mosquitos.

Igual me estoy pasando y la misión de Phoenix es coger el agua marciana que allí nadie gasta para traérsela a nuestro planeta en cubas gigantes y así solucionar uno de los muchos problemas que tenemos en esta nuestra Tierra. Sí, probablemente sea eso. Y yo quejándome...

jueves, 22 de mayo de 2008

Frivolidad

Hay ciertas cosas sobre las que no puedo escribir. Mis dedos se paralizan cuando las circunstancias me desbordan. No esperéis que comente hechos como el terremoto de Sichuán o el ciclón de Myanmar, que hoy vuelve a ser noticia porque se denuncia que en los mercados se vende –vende- los alimentos enviados por asociaciones y gobiernos como ayuda. No hace falta que escriba sobre esto y no me apetece sufrir escribiendo atrocidades hechas por el hombre (¿por quién si no?).

Aplaudo la iniciativa de hoy de Greenpeace de irrumpir en una empresa de armamento en Madrid, por mucho que la gente lo vea como algo inútil, lo que busca la ONG es la visibilidad, dar a conocer, manifestarse. ¿Cuántos sabíais de la existencia de Expal? Yo no, desde luego. Hacen falta acciones que nos conmuevan, nos enseñen y nos abran los ojos.

Muchas veces me preguntan qué es lo que me lleva a escribir. Algunos debéis de creer que me paro delante del ordenador y digo ¿sobre qué escribo hoy?. No, escribo cuando siento algo en la tripa, como si un lagarto atrapado no parara de agitarse. A veces oigo palabras en mi cabeza cuyo ritmo me dice que quieren ser escritas. A estas alturas sé que todo eso es síntoma de que tengo que ponerme a teclear y dejarlo salir. Normalmente las palabras toman forma, mientras que otras –las menos- se convierten en un cadáver de letras, en un borrador.

Por eso mismo escribo también sobre cosas frívolas a pesar de que algunos me digan que no me pega nada o que parece sacado de Sexo en Nueva York –jamás la he visto-, pero la frivolidad, al igual que el humor, es un mecanismo perfecto para dejar salir tensiones acumuladas por leer el diario o por ir en metro con un tipo al lado que huele mal y escucha una música horrenda que sale de su móvil sin auriculares. La frivolidad es necesaria siempre que sea una parte pequeña de nuestra vida y que no ocupe mucho de nuestro tiempo.

Mi maquillaje es frívolo, mi preocupación por mi piel amenazada por Anastasia y su ejército, mi interés por la ropa bonita –que no cara- y mis conversaciones acerca de la decoración étnica o de los hombres de pelo largo, también. Viva ese anestésico llamado frivolidad. Viva el humor y vivan los chistes de mal gusto si los presentes no pueden ofenderse.

martes, 20 de mayo de 2008

Mareo de Tierra

Llevo dos días sintiendo cómo se mueve el suelo que piso, cómo me mece la silla sobre la que trabajo. Podría ser lo que se conoce como mareo de tierra: la sensación de seguir en un barco cuando ya has desembarcado.

Sin embargo, tengo mis dudas: creo que se trata más bien de un mareo de Tierra, en mayúsculas. Es una pena que el lenguaje oral no permita pronunciar las mayúsculas de manera distinta a las minúsculas.

He desembarcado de un barco, redundantemente, y he desembarcado también de laisla, metafóricamente. Me bajé de esa balsa volcánica cuyo interior siempre he imaginado hirviente de lava y cuyo fondo, repleto de cuevas habitadas por grandes peces.

Desembarqué y caí por un agujero, como Alicia; un agujero que me hizo atravesar las nubes tejidas por la distancia entre dos puntos: laisla y laciudad.
Laisla es una balsa de roca oscura que permanece varada interminablemente en el Atlántico al que Tomás Morales gritó ¡Padre!:

"El alma temblorosa se anega en tu corriente. Con ímpetu ferviente, henchidos los pulmones de tus brisas saladas y a plenitud de boca, un luchador te grita ¡padre! desde una roca"

Laisla cobija recuerdos de arena que aparecen y desaparecen a merced de las mareas. Los acantilados abrazan a un grupo de personas que se reencuentran y celebran rememorar y seguir juntos de lejos, juntos de cerca, juntos después de las inclemencias de los años, del castigo del océano que aísla, de la tierra que separa, del viento que borra la memoria, de la memoria que desgrana y selecciona el pensamiento.

El mareo de Tierra -de la Tierra, de mi Tierra- es el desvarío que me producen hoy la arena negra, la sal que huele a azul intenso, el Atlántico celoso de una balsa de roca que encalló como un barco exhausto y se paró allí donde siempre luce el sol. El recuerdo me devora como si fueran esos peces gigantes que habitan bajo laisla en mi cabeza, los que pintaba Néstor de la Torre, rodeando a los cuerpos dormidos, muertos sólo en parte, cansados de escapar, rendidos de esperar a que el tiempo decida. El mar me canta y me seduce como las sirenas a Ulises (sail to me, let me enfold you; navega hacia mí, déjame envolverte).

Hoy quizás me doy cuenta de que la prisión es relativa, de que hay que sentir la fuerza de cada ola, el latido de la lava extinguida dentro de un volcán muerto. Cuando los elementos vibran te hacen volver la mirada -las algas te atan el tobillo-, te traicionan y te llevan hacia el recuerdo que te devuelve el pulso. El pulso de la vida, la pulsión de la huida.

lunes, 12 de mayo de 2008

Primavera

Porque suena Mar, el poder del mar
Porque el domingo sale el sol sin que haga calor ni frío
Porque el jardín vertical tiene mil colores
Porque me vestí de rosa
Por fumar narguile de manzana y tirarme descalza en una alfombra
Porque hago una maleta...
...y ya casi toco el mar con los dedos de los pies
Porque me tomo una clara de limón aunque no debo
Porque como samosas vegetales en una terraza
Porque veo cómo se apaga la luz de la catedral sentada en el césped de cuesta imposible
Porque a alguien el momento le recuerda a una escena de L’ultimo bacio
Porque la manzana es hoy más roja y desprende más luz blanca
Porque no importa sentirse extranjero si todos los que estamos nos sentimos igual
Porque la poesía está detrás de cada esquina de Madrid... Por fin
Por la paz interior
Porque un pájaro hizo caquita, me cayó encima y me reí
Porque la noche es el final de todo un día
Por los casi 27
Por los tomates raf y el guacamole
Porque mañana puede esperar
Por hacer de la rutina un regalo
Por ver, por primera y supongo que última vez, una estrella fugaz en la ciudad

...por todo eso, sé que es primavera.

domingo, 11 de mayo de 2008

Sadismo de mayo

Es mayo y estamos en Madrid. Las Ventas abarrotada: puro, mantilla y ojos ávidos de sangre y sadismo.

Tradición, cultura, arte. Detrás de estos tres escudos España defiende y mantiene las corridas de toros. Es cierto que es una tradición, pero ¿hasta cuándo? Hay muchas tradiciones que han sido revisadas a lo largo de la historia para ser posteriormente abolidas. Se supone que el ser humano evoluciona y corrige, que la visión que tenemos ahora no es la misma que teníamos antes, que vamos para adelante y no para atrás. Sin ir más lejos las reformas de la Constitución y de los códigos penal y civil son un ejemplo de que el mundo cambia y hay que hacer reformas.

Tradición. Las peleas de perros eran una tradición y están prohibidas, pero, claro, los perros son distintos. El perro es el mejor amigo del hombre. La mayoría de insanos que acuden a la plaza tienen un perro con un nombre ridículo por el que se dejan lamer la cara y al que ponen lazos en las orejas. Yo me pregunto qué sentido tiene cuidar y alimentar a un animal -por el que habrán pagado unos 700 euros- y luego ir a disfrutar de la
muerte en vivo de otro. Ah, sí, claro, la tradición.

Cultura/Arte. ¿Qué precio hay que pagar por la cultura? ¿Qué es la cultura? ¿No hay que ponerle límites?
Guillermo H. Vargas es un hondureño que ató a un perro en una galería y lo dejó morir de hambre (detrás de él, la frase "Eres lo que lees" escrita con comida para perros). Él presentó su obra de arte, y los que le otorgaron el premio de la Bienal de Honduras, lo recibieron y galardonaron como tal. Los medios se hicieron eco denunciándolo y todo el mundo reenvió un mail pidiendo firmas en contra. Claro, es un perro, qué pena. Poner a un toro en una plaza y acribillarlo durante una hora, exponer a un caballo a que el toro le empitone, ¿no es la misma barbaridad? Límites, por dios, límites a la sinrazón.

"Es el hombre contra el toro". Y una mierda. Es un toro apaleado previamente, probablemente drogado, contra un hombre armado y escoltado por una cuadrilla. Es la muerte de antemano; no es la
Fiesta del Toro, es la Fiesta de la Muerte.

En realidad, me sobran los motivos y los argumentos, pero ni siquiera me esfuerzo demasiado en darlos. Si me tengo que quedar con alguna reflexión me quedo con ésta: ¿Qué clase de personas son quienes acuden a ver la tortura, qué clase de seres somos si nos divertimos y admiramos ese sometimiento, esa cobardía? ¿Qué sentimiento primitivo y asesino nos arroja al abismo del sadismo? La sevicia nos condena.

No respeto, señores, no respeto. Respeto otras costumbres de las que no participo (fútbol, romerías, fiestas populares), pero no puedo respetar la barbarie, no puedo comprender. No puedo y no quiero.
Tolerancia cero.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Buenrollismo

Es un hecho que hay gente que se pasa la vida haciendo estupideces, pero lo peor llega cuando le dices a alguien que lo que acaba de hacer no está bien y esa persona se defiende en nombre del buen rollo. El buenrollismo es la religión del siglo XXI. El buen rollo nos protege de nuestras acciones porque las llevamos a cabo en su nombre. El buen rollo lo justifica todo.

Por ejemplo, estás en un pab tomándote algo con unos amigos, llega un desconocido y te agarra de la cintura mientras se comporta como Torrente; cuando le preguntas que qué demonios hace te mira como el imbécil que es y te dice "Tronca, de buen rollo...". Ah, claro, si es de buen rollo entonces sí puedes restregarte contra mi anatomía como un perro en celo.

Otro clásico es la piba que viene y te grita al oído. Te deja medio sorda y cuando la miras con cara de asco te dice que era de buen rollo y que eres una amargada. O sea, si yo no fuera una amargada adoraría que me vinieras a destrozar el tímpano, ¿no?. Cuando no les sigues la corriente te llaman amargada, borde, sosa o cortarrollos. Tú estás jodidamente obligado por las leyes del buen rollo a seguirle la bola al tarado que ha decidido meterte en su juego.

El respeto a los demás no es una norma social, es una variable inversamente proporcional al grado de buenrollismo que lleves encima -y de los miligramos de alcohol en sangre-. A mayor buen rollo, menor respeto. Si tú estás de súper buen rollo, puedes, claro está, berrear todas las canciones de Bisbal en plena calle a las 5 de la mañana. Si encima es sábado, no sólo puedes, sino que debes hacerlo. Si es agosto, llévate timbales, castañuelas y guitarra.

En mi barrio, el buen rollo se mide en litros. Litros de alcohol. Y litros de pis. Uno bebe y, por consecuencia fisiológica, mea. Y, por consecuencia buenrollista, mea en la calle. Estoy harta de sortear charcos de pis -y de vómito-. Las veces que me ha dado por recriminar a los meones en acción, he tenido distintas respuestas: "¿y dónde coño quieres que lo haga?" (el meón tiene 5 bares abiertos a sus espaldas), el clásico "veteatomarporelculo" y, lo más excitante, un hijodeunperro que me apuntó con la cola -intuyo que pequeña-.

El dios buen rollo justifica todas estas acciones, porque la gente se reúne de buen rollo, fuma y te suelta el humo en la cara de buen rollo, bebe de buen rollo, mea de buen rollo, se salta los semáforos de buen rollo, pone la música a todo volumen de buen rollo y tú no eres nadie para recordarle dónde acaban sus derechos y empiezan los de los demás.

Hoy un compañero de curro ha recibido un meil -a su cuenta del trabajo- de un colega que debía de estar de muy buen rollo: al abrirlo, un dantesco vídeo de muy mal gusto ha empezado a saltar por toda la pantalla con un mensaje que decía "estás jodido, intenta apagarlo". Era imposible cancelar aquel vídeo o salir de ahí. Tuvo que reiniciar el ordenador, perdiendo todos los cambios del documento en el que curraba y abochornado por aquella escenita que estuvo cinco minutos brincando en su monitor delante de sus compañeros. ¿En qué piensa la gente cuando hace esas mamarrachadas?

Y es que los buenrollistas no piensan en las consecuencias de lo que hacen, sino solamente en las risas que se echan al momento. Me parece triste, e incluso preocupante, ese escudo del buen rollo que justifica lo injustificable, que convierte lo intolerable en cotidiano. Que hace que a todos los jóvenes se nos meta en el mismo saco. A veces pienso que quienes perjudican a los demás podrían irse un poquito a la mierda, pero de buen rollo, claro.

domingo, 4 de mayo de 2008

De palabras y paisajes

Llevo días interrogándome acerca de la magia que duerme en las palabras. Que las palabras encierran misterios es algo que ya sabíamos. Que alojan errores, también. En este viaje se me ha metido en la cabeza la palabra pueblo y, aunque en español significa varias cosas, le daba vueltas a la acepción "conjunto de personas de un lugar, región o país". Es curioso cómo en italiano se dice pòpolo, sin que este sustantivo signifique ninguna otra cosa. Il pòpolo hace referencia sólo a la comunidad, no a una villa o ciudad como sucede en español. En inglés se dice people, que también significa gente.

No termino de tener claro el motivo de esta colección y posterior análisis y traducción de palabras que he llevado a cabo en días pasados. Supongo que ayudará saber que la otra palabra que tengo atrapada, ya no en la cabeza sino en el estómago, es casa. Casa entendida como hogar, home en inglés, no house.

No sé a qué pueblo pertenezco, mucho menos dónde está mi hogar. Llevo días buscando en paisajes verdes la respuesta que lleva tantos años aletargada, dormida perennemente. No la he encontrado. No es una sensación que me duela, pero me arde. Me pica como el primer sol de mayo. Es como si un pequeño fuego fatuo andara acechándome tras haberlo recogido de los bosques que han mecido mis alegrías en estos días y traído ahora de vuelta a la ciudad en la que vivo -hoy no puedo ni decir mi ciudad sin sentir que miento-.

Tengo un ciprés atragantado en la gola , un cielo -azul como sólo el cielo de la infancia- ocupando el lugar de mi cerebro, un manto de margaritas trepando por mis piernas, una colina reposando en mi vientre y un campo de tréboles enredado en mi pelo. Mi memoria está anclada en un valle. Mis manos sangran sin dolor después de escarbar la tierra en busca de raíces, palabra que late en mi corazón.

No es tristeza, sino la sensación de caminar sin rumbo, de flotar a la deriva, de nadar maradentro buscando el camino que ha de guiar mis pasos. Es sentir que ahora brillo con una radiante luz blanca, como una manzana bermellón recién arrancada del árbol, pero con la duda de si brillo condenada a que la ciudad me apague, como se apaga la fruta en el frutero.