lunes, 25 de mayo de 2009

Letras

Llevaba años sin entrar.

Como cada domingo que vamos al pueblo de mi padre, íbamos hacia allí. Éramos muchos e íbamos en distintos coches. Nada más llegar, salté de mi asiento y busqué un olivo detrás del cual aliviar mi cistitis. Cuando volví al aparcamiento, no había nadie. Habían entrado todos.

Llevaba desde el 99 sin entrar, pero un poco por evitar la pregunta de siempre, un poco porque no lo pensé, entré.

Mientras iba hacia el fondo tenía la sensación de que no era para tanto. Llevaba exactamente diez años quedándome fuera y pensé que me había hecho mayor y que ya no me sentía rara en aquel sitio. Cuando llegué al fondo, mi familia casi al completo, vestidos todos para la fiesta que luego vendría, estaba alrededor del panteón familiar, como si nada, con escasa solemnidad y sin parafernalia alguna. Era de agradecer. Me acerqué y entonces sentí la misma parálisis y las mismas ganas de salir corriendo que tiempo atrás.

No era el hecho de estar rodeada de muertos, ni la horrible cruz que mi padre mandó a construir, ni las flores, ni el olor a cemento que indicaba que alguien acababa de ser enterrado.

Era la lisura del mármol rosa debajo de los tres nombres ya escritos en dorado. Era la visión de los centímetros cuadrados sin nada sobre ellos en esa losa vertical y el conocimiento de que bajo la lápida aguardaban -aguardan- tres nichos vacíos. Nada puede parecerme más macabro que construir a sabiendas un hueco en la roca que espera paciente el único hecho cierto, el único acontecimiento seguro en la vida de un hombre. La ausencia de las letras que llegarían, la apuesta inevitable acerca del orden de los nombres futuros y de sus correspondientes fechas, me transportaron a una dimensión hacia la que no quería dirigirme. Entonces llegaron los fantasmas.

Me pareció oír el golpe del cincel y el rechinar de las cuerdas contra una caja de madera y salí de ahí, muerta de frío bajo un sol de justicia, pretendiendo volverme una lagartija de las que estaban tomando el sol a las puertas del cementerio, para cobijarme por las ranuras de la tierra roja, y volver mi sangre fría y mi piel insensible y ser capaz de desprenderme de un miembro, acaso del cerebro, para dejar de pensar, acaso del hipotálamo, para dejar de sentir.

13 comentarios:

txema dijo...

Nay, esto es magnífico, me has derrumbado, aquí no caben juegos de palabras por mi parte. Ya se sabe que la tristeza y la belleza son fronterizas, cuando no hermanas. Incluso es posible que la tristeza sea la partera de la belleza.
Te adoro.

El Guillotinador dijo...

Pienso como Txema, una delicia.
No añado más.

Anónimo dijo...

Sí. Me gusta.
Escalofríos.
Sudor frío.
Me gusta.

Rocío dijo...

Como te he comentado antes, me dejaste con los pelos de punta...y todavía los tengo.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

mi familia tiene un lago

sabes lo que es el flow writing?

Ernesto dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Jesus Rodhz dijo...

ola,. me encontre tu blog,.mientras buscaba en google mi propio flog qeria ver sii aparecia,. jejeXD
la vDD me gusta muchoo leer y me tomee la libertad de leer tu texto
en vDD me gustoo mucho, espero darmee un tiempo para seguir leyendo tus textoss