Odio el verano. Detesto no poder arreglarme e ir siempre con ropa del carajo para no pasar calor; si me pinto el ojo, acabo con el rímel corrido en 5 minutos. El verano es chabacano, de mal gusto. El verano huele a pies y a falta de desodorante. El metro -si no cierran tu estación- es un infierno: si alguien te roza, lo hace piel contra piel, en invierno al menos tenemos capas de ropa que nos protegen. Cuando te agarras a los asideros están calientes y sudados.
En verano estás obligado socialmente a una depilación perfecta y un cuerpo 10. Censuraría todas las putas revistas femeninas que nos hablan de operación bikini, kilos de más, autobronceado, depilación permanente e intentan atraernos con inmundas pamelas, pareos y demás basuras fabricadas en Indonesia. En otoño ya llegarán los especiales contra la anorexia: "Acéptate tal como eres", "No estás gorda, eres de complexión fuerte".
El verano es un asco. La gente se destroza los pies con calzado de plástico y olvida el criterio de combinar colores, por lo que ves faldas marrones a flores verdes con camisetas de licra color naranja, que dejan ver un sujetador blanco sucio o, peor, con tiras de silicona (vaya invento de paletos...). Los zapatos bonitos son todos de invierno, cerraditos, para ponerse con una media.
En verano la tripa va al aire. La tripa y las marcas tribales tipo tatus o pirsings: hay que enseñar chicha aunque peses 84 kilos. La vuelta de las vacaciones es un periodo especialmente detestable: las chicas se ponen el bikini que más marca deja para luego poder enseñar la diferencia y si van a un risort de Punta Cana se hacen trencitas horrendas que acaban en gomitas de colores y no se quitan la pulsera del todo incluido hasta el verano siguiente.
Si quieres ir al cine tienes que llevarte un jersey de cuello alto. La diferencia de temperatura es una tortura como otra cualquiera. Estar a 15 grados en un local es de pingüinos y de imbéciles. Si me apetece invitar a alguien a comer, paso tanto calor mientras cocino que la siguiente vez me lo planteo mejor y no juego a la anfitriona. Me pone mala no disfrutar de la comida porque el calor me quita el apetito, o no poder darme mis paseos larguísimos por la capital por no caer desmayada en la calle.
En Madrid hay que ir a la piscina -pagando, claro-: es como si en verano la gente sólo se reuniera alrededor de litros de agua estancada que huele a cloro donde si alguien mea, pues qué se le va a hacer y yo -mire a donde mire- sólo me imagino setas por todos lados. Soy incapaz de pisar una piscina, me dan un asco que me muero. Soy isleña, no me pidan que vaya a una piscina pública, que para darme remojones ya tengo la ducha de mi casa: el desagüe funciona bastante mal, así que viene a ser lo mismo pero con más intimidad.
En verano estás obligado socialmente a una depilación perfecta y un cuerpo 10. Censuraría todas las putas revistas femeninas que nos hablan de operación bikini, kilos de más, autobronceado, depilación permanente e intentan atraernos con inmundas pamelas, pareos y demás basuras fabricadas en Indonesia. En otoño ya llegarán los especiales contra la anorexia: "Acéptate tal como eres", "No estás gorda, eres de complexión fuerte".
El verano es un asco. La gente se destroza los pies con calzado de plástico y olvida el criterio de combinar colores, por lo que ves faldas marrones a flores verdes con camisetas de licra color naranja, que dejan ver un sujetador blanco sucio o, peor, con tiras de silicona (vaya invento de paletos...). Los zapatos bonitos son todos de invierno, cerraditos, para ponerse con una media.
En verano la tripa va al aire. La tripa y las marcas tribales tipo tatus o pirsings: hay que enseñar chicha aunque peses 84 kilos. La vuelta de las vacaciones es un periodo especialmente detestable: las chicas se ponen el bikini que más marca deja para luego poder enseñar la diferencia y si van a un risort de Punta Cana se hacen trencitas horrendas que acaban en gomitas de colores y no se quitan la pulsera del todo incluido hasta el verano siguiente.
Si quieres ir al cine tienes que llevarte un jersey de cuello alto. La diferencia de temperatura es una tortura como otra cualquiera. Estar a 15 grados en un local es de pingüinos y de imbéciles. Si me apetece invitar a alguien a comer, paso tanto calor mientras cocino que la siguiente vez me lo planteo mejor y no juego a la anfitriona. Me pone mala no disfrutar de la comida porque el calor me quita el apetito, o no poder darme mis paseos larguísimos por la capital por no caer desmayada en la calle.
En Madrid hay que ir a la piscina -pagando, claro-: es como si en verano la gente sólo se reuniera alrededor de litros de agua estancada que huele a cloro donde si alguien mea, pues qué se le va a hacer y yo -mire a donde mire- sólo me imagino setas por todos lados. Soy incapaz de pisar una piscina, me dan un asco que me muero. Soy isleña, no me pidan que vaya a una piscina pública, que para darme remojones ya tengo la ducha de mi casa: el desagüe funciona bastante mal, así que viene a ser lo mismo pero con más intimidad.

14 comentarios:
Y eso que tú, querida Naira, jamás has empotrado tu cara contra el culo de una vieja en bañador mientras nadabas, cosa que, horreur, sí me ha ocurrido a mí. ¿Alguien me puede decir para que sirven los conos en las calles de las piscinas sí todas las viejas de la capital se meten en las calles rápidas a pasear sus varices moradas?
Perdón, quise decir Nayra, mis orígenes a veces me traicionan.
El verano es todo eso que tú bien cuentas, y también algo más.
El verano es salir a la fresca, pasear por las calles de una ciudad semidesierta y saborear un "tête a tête" con la persona que sigue tu mismo camino.
El verano es un ocaso en la playa, con los pies mimados por las olas y una luna llena reflejada en el horizonte.
El verano es la modorra, es pereza y es lujuria, y es el tiempo de los libros que, en algún estío olvidado, prometimos releer.
El verano es justicia, crueldad y locura. El verano es una tormenta de sinsentidos que, en cuanto nos descuidemos, será barrida por el tiempo.
Sonríe, querida Nayra. Y extiende manos, dedos y pensamientos hasta rozar la nívea piel de ésa esplendorosa fantasía a la que llaman felicidad.
El verano son las risas del cucurucho con dos bolas de helado de chocolate derritiéndose entre los dedos. Es el rojo intenso al atardecer y la cerveza fresca en la calle a horas que en invierno son propiedad de la calefacción en las casas. Es un paseo en bici con la brisa de primera hora de la mañana. Es alegría en la calle. El verano es calor intenso y manchas de sudor, sí, pero en esencia, el verano son vacaciones. Abrazos.
Nay, este verano y todos los veranos tienen que saber dulces, como dos Marias fumando Maria con Chris Martin. Playa y piscina (pero no publica, agh, hasta me da asco a mi que soy de Madrid), libros, sol, risas, un retrovisor roto a patadas, pero muchas risas....
Buah, menos mal que estáis ahí para darme ánimos y recordarme las cosas buenas del verano. Es un mal momento y el calor me impide pensar con claridad y me asfixia. Cuando hace frío, todo lo malo me resulta más duro. Estoy de acuerdo en casi todo lo que decís, pero mi helado es de vainilla, menta o regaliz, no de chocolate y la lujuria en verano me da pereza...
Hache, necesito que vengas y recordemos todo eso (menos lo del coche).
Jordi, cuidado con las ballenas de ciudad!
Un beso fuerte a todos.
Es que si Madrid se vacía en Verano no es por que todo el mundo sea de otro lugar, sino porque durante el verano se está mucho mejor en ese lugar que en Madrid.
Y el Océano Atlántico está tan fresquito...
;)
yo peso 85! y tengo pelos en la tripa!
¿Seré un marginado social y no lo sabia?
Tú lo que tienes es ganas de ver a tu prometida prontito, entre las olas del mar... jeje. Ya llego, mi niño, ya llego.
Y en cuanto a Sebas... no sé a qué te refieres. No he hablado de marginados sociales, sólo de lo poco estético de llevar ropa ceñida y/o corta aunque quede mal...
Y yo que pensaba que con los años iría mejorando en el arte de disimular...
Sí... si eres un magnífico disimulador... lo que pasa es que son muchos años, Danito...
Odio el verano!!!! Por eso el 16 de septiembre me voy a Londres, para empezar el otoño antes que nadie!!!
Ay sí, podríamos pasar de primavera a otoño, ¿nO?
Ja, me encanta que estemos tan de acuerdo. Un placer volver a verte por aquí, Mer. Y bienvenida Black Betty.
He vuelto a tener internet hoy mismo. Mañana posteo que tengo mono y estoy como en primavera...
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