Seis y media: suena el despertador.
Siete: cojo un taxi.
Ocho y media: embarco.
Nueve: sale mi vuelo.
Diez y poco: llego a Barcelona. Taxi.
Once menos cinco: plaza Catalunya.
Once: reunión con mi cliente.
Una: taxi.
Dos: fideuà en el aeropuerto.
Tres: embarco.
Tres y media: vuelo hacia Madrid.
Cinco menos algo: llego a Madrid. Taxi.
Cinco y media: oficina.
Seis y media: salgo. Metro.
Siete: casa. Limpio por encima. Preparo la habitación de invitados.
Ocho y cuarto: ducha. Relax.
Conclusión: Barcelona no se merece este viaje relámpago. Es como echar un polvo rápido y mal con alguien que te gusta y a quien darías más. Te pones los pantalones. Te abrochas el cinturón. Te vas. Y, por su puesto, eres un tío. La mujer se queda en la cama, desnuda y triste.
Me he quedado desconsolada. Quería pasear la ciudad, moverme por Portaferrisa y recordar... Pero no, las azafatas me dan la bienvenida al siglo XXI; me dicen que a las ciudades también se las usa, que las manejamos en términos utilitaristas, aunque ellas conserven entre sus ladrillos un trocito de tu vida. El mundo laboral acorta distancias hasta un límite descabellado. No me gustan estos viajes. He sentido cómo asaltaba la ciudad, cómo la atracaba para irme en un coche robado.
Por lo menos me ha servido para ver los campos desde el aire, cuadriculados como mi cabeza últimamente.
Siete: cojo un taxi.
Ocho y media: embarco.
Nueve: sale mi vuelo.
Diez y poco: llego a Barcelona. Taxi.
Once menos cinco: plaza Catalunya.
Once: reunión con mi cliente.
Una: taxi.
Dos: fideuà en el aeropuerto.
Tres: embarco.
Tres y media: vuelo hacia Madrid.
Cinco menos algo: llego a Madrid. Taxi.
Cinco y media: oficina.
Seis y media: salgo. Metro.
Siete: casa. Limpio por encima. Preparo la habitación de invitados.
Ocho y cuarto: ducha. Relax.
Conclusión: Barcelona no se merece este viaje relámpago. Es como echar un polvo rápido y mal con alguien que te gusta y a quien darías más. Te pones los pantalones. Te abrochas el cinturón. Te vas. Y, por su puesto, eres un tío. La mujer se queda en la cama, desnuda y triste.
Me he quedado desconsolada. Quería pasear la ciudad, moverme por Portaferrisa y recordar... Pero no, las azafatas me dan la bienvenida al siglo XXI; me dicen que a las ciudades también se las usa, que las manejamos en términos utilitaristas, aunque ellas conserven entre sus ladrillos un trocito de tu vida. El mundo laboral acorta distancias hasta un límite descabellado. No me gustan estos viajes. He sentido cómo asaltaba la ciudad, cómo la atracaba para irme en un coche robado.
Por lo menos me ha servido para ver los campos desde el aire, cuadriculados como mi cabeza últimamente.

12 comentarios:
Linda, por fin me decido a dejar unas lineas para ti. Mi teclado no tiene acentos, ni enie, asi que no admito comentarios al respecto =)
Cuantas ciudades habre visitado yo en los ultimos 18 meses sin haber visto mas que el aeropuerto, una carretera a traves de la ventanilla de un coche, un despacho, un banio -generalmente sucio-, y con suerte una cafeteria, y de vuelta en el aeropuerto. Cuantas islas Filipinas e Indonesias he pisado, y sin embargo no puedo decir que he estado alli porque una entrevista, una presentacion, una venta y/o una foto, no representan nada. Podria haber tenido la misma reunion en cualquier otra parte del mundo. Y cuanto me habria gustado poder disfrutar al menos un par de dias de todas estas ciudades, provincias, islas....
Nos debemos un viajecito, las dos solas, la una con la otra. Tu eliges lugar y yo pondre fecha.
Te quiero, mucho.
Tu hache
Mi Hache, claro, de quién si no, para los demás eres Hélène, la elfa... pero Hache eres sólo mía :) menos mal que te veo por aquí. Aunque sé que me lees, siempre te tengo en otra ventana, pero me basta con tal de saber que estás bien. Ya que estás en Dubai tendremos que buscar un sitio en Asia, no? me muero por dar el salto a esa parte del mundo.
Y nada de encuentros fugaces... necesito tiempos largos...
Tu Nay.
Niña, esto es un milagro, quizá sea verdad eso de que China está cambiando... Ya no hay censura en los blogs!! Me he dado cuenta así, de casualidad y casi me da algo! Es increíble. Antes tenía que utilizar un hide IP para poder comentar y actualizar pero ahora soy libreeee, libreeee! A ver hasta cuando.. mua mua
Tía qué bien!!!! Me alegro, menos mal que estos chinos van aprendiendo. Muchos besos. Por cierto, desde China y desde Dubai en una misma ventana... wow!
¿Para qué quieres montar en bici si tu lugar está entre las constelaciones de Miró?
El puzzle empieza a armarse. Aparecen formas aún difusas pero que van ganando nitidez. Empiezo a entender que sepas volar en parapente –me da igual que sea verdad o no; sé de lo que hablo– y no montar en bici, que lo único que sirve es para que te duelan los huevos ;)
Hay cosas llamativas en este puzzle: sales del campo abierto (inspiración inicial, si te entendí bien) y desembocas en los campos de color de Rothko. Esto hay que meditarlo bien: el concepto de campo de color (colour-field, hay literatura en internet sobre él) es la clave de Rothko. Algo te ha llevado hasta ahí, quizás sin saberlo, o a sabiendas, no sé.
El viernes por la mañana, entre una cita en Sol y otra en Gran Vía, mi cabeza (sin que yo se lo pidiera) se acordó de los campos abiertos y me paré a escribir (apoyado en la barandilla exterior de la Fnac) que las bicis no son para ti, que lo tuyo es volar, volar lejos, muy lejos…
El viernes por la tarde, antes de irme al aeropuerto, entré en el blog y no me lo podía creer: habías estado volando sobre campos de color. Lo estás haciendo, lo estás haciendo... Quizás ya no estás en campo abierto, sin abrigo para el frío que por ahí hace a veces, sino en campos de color.
(Últimamente te noto la urgencia del blog y eso me hace muy feliz. Como diría Nai: “Qué felicidad”)
Sí, salté alguna vez en parapente y no, no conocía el término campo de color. Supongo que me sigo moviendo por el aire y observo todo a vista de pájaro. Sigo en trance, pero he tenido poco tiempo este fin de semana, algo que celebro.
Ah, y gracias, gracias a ti.
A veces el que se queda desnudo en la cama es el hombre, y la que se va es la mujer. La diferencia es que algunos no nos quedamos tristes, porque no esperamos más de lo que se nos dió. Estamos contentos de haber compartido incluso un mal polvo, porque a veces ese cariño rápido y pasajero no es más que una prueba que nos hace mejorar. No nos sentimos utilizados, porque el sexo es diversión, y la importancia de las cosas no siempre se puede cuantificar.
Cinco y media: me despierto de noche y recojo la caseta. Preparo el desayuno mientras la luz envuelve el ambiente.
Seis: Recojo los restos del desayuno, friego y preparo el coche.
Seis y media: Salgo con destino Kayes.
Once: Paro en un pueblo precioso donde hablo un rato con sus habitantes. Son cariñosos y hospitalarios. El calor empieza a ser insoportable.
Doce y media: Los niños corren detrás del coche gritando: "¡Tubabu, cadeau!".
Una y media: Paro y me como un mango. Relleno la gasolina con un bidón.
Cuatro: Paro al lado del río Senegal y me doy un baño con jabón. Estoy lleno de tierra.
Seis: Enciendo el ordenador y con el GPS busco mi localización. Estoy en mitad de un camino donde avanzo a una media de 15 km/h. Veo que estoy lejísimos de Kayes, y empiezo a buscar un lugar para acampar.
Seis y media: Paro el coche, preparo la caseta y la cena, antes de que anochezca. Hace mucho calor.
Siete y media: Me meto en la caseta y me voy a dormir.
Once: La esterilla de aire se ha rajado. Duermo en el suelo, pero no está mal.
Dos y media: Me despierta el aire fresco. Aprovecho para beber agua no caliente, por primera vez desde la mañana.
Cinco y media: Me vuelvo a despertar.
- Se me olvidaba:
Tres: Me levanto y miro hacia el cielo. Hay millones de estrellas y se divisa la Vía Láctea con claridad. Busco las constelaciones conocidas, y me vuelvo a dormir.
Pablito, espero que el jabón fuera biodegradable :) Me ha encantado que compartieras conmigo el esquema de tu día... Me ha llamado la atención la palabra "caseta", tan canaria; aquí la llaman "tienda". Me he reído mucho.
Sobre tu opinión de la cama y el sexo y el polvo rápido, hemos hablado muchas veces de esto, pero sólo te voy a recordar aquella noche este diciembre cuando subíamos hacia Tafira en tu coche y coincidíamos en las ganas de que nos abrazaran y nos dieran cariño, pero durante más tiempo que una sola noche: queríamos una historia!!. ¿Te acuerdas? Estábamos en el mismo momento... La lejana África te hace ver las cosas distintas, mi amor :)
princesa, por supuesto que era biodegradable... por quien te tomas!, jeje. Con respecto a esa historia... una cosa es lo que deseamos, y otra lo que tenemos delante. Lo cortés no quita lo valiente, y aunque siempre queramos algo más (cosa bastante humana por cierto) no debemos dejar de disfrutar las cosas tal y como son. A veces hay personas que solo nos pueden dar cariño una sola noche, un solo instante, pero no por eso se intentan aprovechar. Dan lo que quieren dar, y tú decides si lo tomas o no. Nadie te puede robar tu dignidad, y como decía Benedetti, mañana no sé lo que haré, pero lo que sí sé es lo que no haré.
Estoy contigo... y no hablaba de dignidad sino de necesidad mía. De todo se puede disfrutar, incluso de una noche fugaz.
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