jueves, 10 de abril de 2008

Pintauñas

Cuando era pequeña los sábados tenían un olor especial. Ese olor salía de la cocina, pero no era un olor a tarta de manzana ni a potaje de verduras ni a croquetas de pescado. Era un olor más intenso, un olor que hoy adoro y al que me he vuelto adicta porque se ha convertido para mí en el olor de mis recuerdos: el olor a pintura de uñas.

La cosa iba así: terminábamos de comer y mi padre se iba a dormir sus siestas eternas mientras mi madre recogía la cocina. Al ratito sonaba el teléfono y yo, desde mi cuarto, oía a mi madre decir: "Sí, estoy acabando, vente", sólo eso. A los cinco minutos, la puerta de la cocina se abría -previo ladrido de los perros- y ellas se saludaban sin beso, con esas palabras de todos los días: un quéhiciste (de comer), un coñofuertecalor, un miratedejoahíeso, un vayarosastehansalido... Entonces yo veía a mi madre pasar por delante de la puerta de mi habitación, caminando con paso rápido hacia el fondo del pasillo, abrir las puertas hacia el baño y volver hacia la cocina con las pinturas -en Canarias las llamamos así- y los enseres de la manicura.

Se sentaban en la cocina, ponían un mantel y unas revistas para no manchar, tomaban café, fumaban y empezaba el ritual: mi madre le hacía la manicura a nuestra vecina, con todo el mimo del mundo; recuerdo las tijeras, la lima, las toallitas, el limón (todavía me pregunto para qué se restregaban las manos con limón)... Elegían colores según el humor, según la ocasión; me llamaba la atención por qué a veces escogían un tono y a veces otro.

Siempre he odiado el sonido y la sensación de la lima contra las uñas, así que me incorporaba después, en cuanto oía el ruido que hacía mi madre al agitar el bote del esmalte contra su alianza. Aparecía por la cocina y hacía mil preguntas; no perdía detalle de lo que ellas hacían. Mi madre se las pintaba a su amiga y luego a ella misma. Yo siempre le preguntaba a mi vecina, ¿pero tú no las sabes pintar? y ella me contestaba -riendo, porque ella para mí sólo tenía risas, sonrisas y bocadillos de nocilla- que no veía muy bien y que mi madre las pintaba mejor.

Entonces yo pensaba que, de mayor, también le pintaría las uñas a mi vecina. Fantaseaba con crear la misma rutina de fin de semana, con esos ratos en la mesa de la cocina, hablando y pasando el tiempo; estableciendo un vínculo alrededor de un bote de esmalte. Pintando la amistad sobre una uña, oliendo su olor. Su olor a acetona rosa.

Han pasado los años y siempre que veo un bote de quitaesmaltes, lo abro y lo huelo. Cuando cae en mis manos un bote de pintura, lo agito contra mi anillo recordando el ruido que hacía mi madre. Ahora sé que no necesito una amiga a la que pintarle las uñas, sino que soy tan torpe que necesito una amiga que me las pinte a mí. Nunca llevo las uñas pintadas porque no sé pintármelas. Si las llevo es porque he estado con mi madre, que me compró el año pasado un botecito rojo -muy pequeño para no desperdiciarlo- para cuando viene a verme.

Hoy sé que la amistad que yo mamé se pintaba sobre una uña y crecía entre las margaritas y los rosales que cultivábamos en nuestros jardines. Hoy sé que las cocinas tienen que ser grandes porque es el sitio perfecto para tener una conversación de amigas. Hoy recuerdo recuerdos después de haberme intentado pintar las uñas. Sola. Y en vano.

(La foto me la hizo Hache en su casa; su gemela me pintó las uñas)

16 comentarios:

Anónimo dijo...

...también son mis recuerdos...mis
dulces recuerdos...

Hace años que no me pinto las uñas, ella seguro que sí las lleva
pintadas. Seguro que un angel se las pinta todos los sabados, después de tomarse con ella un café
y fumarse un cigarro.

Mañana yo también me las pintaré.
Será sabado...y también recordaré nuestros recuerdos..

Tu no sabes pintarte las uñas, pero sabes a que huele la amistad.
Muchas "Robertas" serán felices de pintarte las uñas, hoy y siempre.
vedrai, vedrai..

Te quiero. Mamma

Unknown dijo...

gracias por recordarme ese sonido, el que también "hacía mi madre al agitar el bote del esmalte contra su alianza". también un sábado, sólo que por la mañana, y también sentada en algún lugar de la cocina.
si te sirve de consuelo, yo tampoco sé pintar las uñas, pero como dice 'tua mamma', tenemos la suerte de saber a qué huele cierto esmalte y, sobre todo, tenemos la suerte de poder compartir ese olor.

Anch'io ti voglio bene.

Nayra dijo...

De repente me he dado cuenta de que este mundo está falto de madres que partieron demasiado pronto, así que el cielo debe de estar lleno de ángeles que les pinten a todas las uñas. Con ellas se irá una generación de uñas pintadas, elegantes y sólo un poco largas; en cambio, muchas de nosotras –las mujeres de ahora- nos comemos las uñas o los padrastros, nos castigamos las manos a mordiscos. Hache siempre me pega cuando me pilla y yo siempre me cabreo durante tres segundos. Veis? La amistad gira en torno a las uñas, entorno a las manos. Las manos.
Os quiero.

Unknown dijo...

Io invece le mie le odio, sn secche, brutte... Mi piacciono solo xke' sn piccole, fragili...
A modo mio anch'io le tratto male, ma non mi mangio le dita come fai tu. Fanno bene quelli che ti picchiano!! Jijiji...
Bacioni

Nayra dijo...

No son feas! son pequeñas como tú, que eres proporcionado :) Las mías son largas y huesudas. Además, a quién le cojo yo el meñique cuando paseamos por la calle?

Unknown dijo...

a mí, y luego durante el resto del día me acuerdo de ti y de tu anillo del gato, que se me clava en medio del dedo, jejej...

Nayra dijo...

Cuántos años hará que no me lo pongo... Eso sí, me lo puse durante tanto tiempo que se me quedó cambado, jeje.

Mer dijo...

Qué suerte que me acordé del nombre de tu blog ¡¡me encanta!! No sabía que escribías tan bien!!!!!

Besos
Mer.

Nayra dijo...

Ay, Mer, qué sorpresa!! Ahora mismo me paso por el tuyo. Siento que la cena del sábado fuera tan desastre... de verdad que normalmente está todo mucho más rico. En cualquier caso, fue muy lindo estar todos juntos de nuevo; faltó Pablito. Muchos besos.

Builtcollective dijo...

Pues si.

Yo tambien lo recuerdo todo.
Quizas no asisti a tantos rituales como tu, eran frecuentes en tu casa, rara vez en la mia.

Nunca quise pintarme las uñas, aunque no me faltaron ocasiones. Pero siempre he admirado y siempre lo hare, a las mujeres de uñas pintadas, pelo ordenado y el vestir tan planeado en tantas tardes de sabado, en tantas cocinas.

elegantes, correctas y organizadas, capaces de sacarnos adelante y de sostener los techos de esas casas que albergan esas cocinas y tanto mas.

Me encanta pensar en que el cielo esta lleno de angeles, uniformados y eficientes, dispuestos a colmar de halagos y atenciones a todas esas damas, de las que siempre pensare que se han marchado pronto, como tu dices. Para ellas siempre sera pronto.

Casi los puedo ver ya, a los angeles, con caras amables, movimientos acompasados que parecen estar acompañados de una suave melodia.

Creo haber visto alguno de esos angeles por aqui abajo...en Madrid, en Barcelona y en Las Palmas...o quizas esten en los aviones...

Cuiroso leer esto en un dia como hoy, en el que han pasado cosas increibles que te contare pronto, en que parece que la vida o el destino nos avisa de algo o incluso se apiada de nosotros para recordarnos lo fragiles que somos...en fin.

Mientras pienso en ello, recuerdo muchas otras otras uñas, que de alguna forma me han impactado alguna vez y permanecen en mi memoria fotografica, por lo que otra vez debo darte la razon, que cierto es que todo debe girar en torno a esta parte de nuestro cuerpo.

Anónimo dijo...

Ya es sabado, y más tarde me pintaré las uñas.Pero lo que es recordar, lo hé venido haciendo durante toda la noche y todo el día..y ahora más porque acabo de leer a EDEL y los recuedos se agolpean en mi mente y me duele
el corazón: son tantos que no caben en él...

Nayra, Edel, Javier, David, Bea, Rafa,los perros,Lili,nosotros los mayores y la calle sempre llena de
coches..Ahora está bastante más vacia, pero hay un precioso naranjo en mi jardín y muchos recuerdo que recordar.

Besos Nayra, besos Edel.
Mamma/Roberta

Un beso grande también para ADAY, que espero ver pronto y para MER, que hace mucho no veo (Mer me alegra saber que todo ha ido bien)

Ciao

Nayra dijo...

Muchas veces, cuando tu madre venía a mi casa me decía, "vete a jugar con los niños" y yo iba corriendo a tu casa y pasábamos la tarde jugando los tres.
Espero que el corazón os duela para bien y que los recuerdos sirvan para estar mejor. Por eso los he querido compartir. Anoche soñé con nuestra calle, transitada como sólo lo ha estado en aquellos años.

la elfa dijo...

Nay, yo no hago parte de estos recuerdos, y me parece casi una intromision el dejar un comentario... pero es que este post me ha emocionado, de verdad, por dentro y por fuera. Yo quiero que tengamos un ritual parecido, y digo parecido pq yo tampoco se pintar la unias!!! Pero me encanta la idea de compartir nuestra amistad con un ritual de cocina, ya sabes que yo soy muy de sentarme en la cocina y dejar que pasen las horas....
Cuando vuelva a Madrid, nos inventamos nuestra rutina para los sabados (o los miercoles, que mas da, si el caso es pasar un rato juntas).
Hoy te echo de menos, mucho.
Besitos,
tu Hache

Nayra dijo...

Tonta, si de lo que se trata es de que deje comentarios todo el que se sienta involucrado o al que se le despierte un sentimiento leyendo los posts; además, pensé en ti mientras lo escribía, por tu cocina grande, por las tardes en tu jardín (como cuando la foto), en La Cocina (el garito de Lavapiés)... En realidad nunca nos han hecho falta rituales y siempre nos hemos visto mucho, estableciendo costumbres sin querer. Estoy orgullosa de que hayas sabido estar cerca a pesar de estar recorriéndote el mundo. Eso dice mucho de ti.
Te echo de menos hoy and every single day (qué expresión tan chula). Besos. TU Nay.

Anónimo dijo...

Yo tampoco he compartido esas situaciones concretas. Sin embargo, al leerte se despiertan neuronas adormecidas que albergan recuerdos de la misma índole.

Quizás, rizando el rizo de la paradoja, lo que más me une a esos recuerdos queratínicos (por simplificar)es el hecho de que... me muerdo las uñas!

Si me concentro, todavía puedo llegar a sentir escalofríos al recordar el repugnante sabor del Morde-X, infame líquido repelente con el que mi madre me pintaba las uñas para que no me las mordiera.

Lo cierto es que nada cambió. Seguí mordiendomelas, pero con cara de asco, como quien chupa un limón.

Mis padres al menos lo intentaron...

Nayra dijo...

HEY, how long... welcome back!!
Podrías proponerte para este año no mordértelas más y dejar de fumar... así ganas puntos :p